¿Qué significará el tiempo sin relojes?
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martes, 17 de mayo de 2011

Vacío II.







Y ojalá pueda dejarte,
maldita droga no registrada,
y ojalá fuera efímera
y no duradera esta mierda,
y ojalá ya te estuvieras yendo,
LEJOS, donde no pueda buscarte
y termines roto, revolviéndote, cayendo.



jueves, 17 de febrero de 2011

Cuerpo.

Entonces la maquinaria paró en seco. El maquinista se levantó de su vieja silla blanca, alterado, y andó por todo el salón hasta que llegó a la máquina principal. La examinó, cada engranaje, ninguno parecía estar estropeado o fallar. Trataba de no aleterar nada y se fijaba en la letra que llevaba escrita cada ruedita de metal. Comenzó a salir agua de la máquina redonda, que estaba situada debajo de la principal. El hombre andó por todo el recinto, y éste comenzó a moverse, como si convulsionara e hizo que Adolfo -que así se llamaba el anciano maquinista- se cayera al suelo. Se arrastró hasta llegar de nuevo a la gran máquina de arriba, de la que salía humo, y sacó una llave de su bolsillo: Era roja y, aunque era vieja, parecía que nunca se había usado y acababa de hacerse. La metió en la pequeña cerradura que no debe abrirse, o al menos eso le habían dicho todos sus antecesores. Abrió el cajón y dentro encontró un montoncillo de engranajes que se le antojaron como bichos, estaban negros y giraban lentamente, produciendo un sonido que le puso los pelos de punta. Y pintado en rojo, sobre cada uno de ellos, estaba la letra A. A. Sólo había una parte importante de la máquina con la que nunca había interactuado y que comenzaba por A. Era la parte más complicada, más cerrada, más frágil. Amor, lo llaman. Pronunció esa palabra despacio, susurrando. ''A-mor''. Y cuando lo hizo comenzó a ver humo y más humo, cada vez más negro, y cada vez se movía más la máquina y salía más agua. Para cuando se dio cuenta, una de las máquinas se había partido por la mitad. Adolfo cogió sus pertenencias y salió del edificio. ''Tendré que buscar otro trabajo... Cuando falla el corazón, sea cuál sea de las dos máquinas con ese nombre, morimos. Cuando falla una muere el cuerpo, cuando falla la otra muere el alma y nos convertimos en un cuerpo que vaga por el mundo buscando que el alma vuelva a casa. Pero la sustituye algo más fuerte y que no deja paso: El vacío.''

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mentiras, son tan dulces...

No me gustan los ojos marrones, odio los pingüinos, me gustan los domingos por la noche y las siete y media de la mañana, no te echo de menos...

Faltan catorce.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una historia de penumbra, de despedidas, de noches de insomnio...

Eras penumbra. Gris, discreto. Eras humo, papel.
Localicemos la locura. La sangre de tus venas. Decías que no servías para nada, te gustaba salir de noche, solo, a observar cómo la ciudad se bañaba con la luz de las farolas. Soledad era tu segundo nombre. Mirabas a la muerte a los ojos y te reías, érais iguales. Pequeño trozo de tortura, te llamaban.
''Te amo'', decías, con tu acento de dolor. No te respondía. Me limitaba a poner excusas y colgar el teléfono. ¿Cómo podías, siquiera, pensar en dedicarme esas palabras? Pensarlo es como si me dedicaras mil suspiros...
''Te quiero'', alcancé a decir una vez. Distinto grado, supuse. Cerré los ojos y me arrepentí de todo. Supongo que lo peor de caer siempre es el momento en el que tocas el suelo. El momento en el que el brillo de tus ojos me conduce a la más profunda irrealidad.
Y pensé que tal vez estaba bien que me dedicaras esas palabras. Pensé que sería capaz de olvidar todo lo que había pasado y quererte, así, sin más. De soportar la penumbra.
Entonces, creyendo que ya había caído, que ya había pasado lo peor, caí de veras, con dos palabras que no soy capaz de admitir que dije.
Y ahora, ¿no seremos más que recuerdos?

viernes, 13 de agosto de 2010

Lies...

Ahora mismo, estoy dentro de una oscuridad que parece irreal. Sólo alcanzo a ver la pantalla del portatil y mis propias manos tecleando. Y sólo oigo eso, mis manos tecleando. Y mis pensamientos. Suenan demasiado fuerte esta noche. Ojalá pudiera apagarlos y dormir, pero no concilio el sueño. Es la una y media, exactamente. No es demasiado tarde para estar despierta pero, siempre es demasiado tarde para la melancolía. Siempre es demasiado tarde para la peor melancolía: cuando echas de menos algo que nunca has tenido. Ni siquiera puedes perderte en tus recuerdos, porque no tienes.
Comienzo este diario por dos simples razones: Esa melancolía y porque necesito leerlo más tarde y pensar que no era tanto. Pensar que podría haber pensado cualquier otra cosa y dormirme. Que podría haber evitado comenzarlo y desvelarme aún más. Y, esa razón, puede resumirse en una palabra: Mentirme. Mentirme para que más adelante no recuerde lo débil que soy ahora mismo.
Porque eso es lo que soy: débil. No soy capaz de pasar página y olvidar. No soy capaz de prosperar y crecer. De madurar.
Hoy, he respondido a una pregunta que me llevo haciendo durante varios meses. ''¿Por qué tanto?''. Ya sabía la respuesta, pero nunca estuve dispuesta a admitir que la sabía. Es por la manera que tiene de convertir algo cotidiano en fascinante. Por las palabras alegres que parecen cargadas de tristeza. Por la electricidad. Porque necesitaba una chispa, y la chispa evolucionó a llama demasiado deprisa.
Pero aún quedan muchas preguntas por responder, y muchas respuestas encerradas en esa prisión en la que se ha convertido mi cabeza.
Juliette.