¿Qué significará el tiempo sin relojes?
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sábado, 26 de octubre de 2013

26

 ...y el sol en tu cara, y tu cara en mi vida, y mi vida en tus manos, y tus manos en mi pelo, y mi pelo en mi cabeza, y mi cabeza en cualquier parte...

Esta calle fría no me entiende. Qué va. La vieja que vende pulseras no me entiende, la niña tirada en el suelo no me entiende, el perro que mira la mosca no me entiende (y qué decir del bicho), el camarero de rojo no me entiende, el muñeco del semáforo no me entiende, las caras de los candidatos a futuros chorizos en los carteles de la campaña electoral ni siquiera saben qué es entender. Qué ajena soy hoy al mundo, y qué ajeno me parece éste con su eterno runrún y sus vueltas que nadie siente pero que están ahí. Como todo, como todas las verdades metafísicas que nos machacan la cabeza pero que no podemos ver, ni tocar, quizás ni siquiera sentir. Y joden un poco. Machacan. Pero no se captan, no se entienden. Y es que estamos solos, solísimos, porque nadie es capaz de bucear en un cerebro que cubren huesos y sacar, con la mano alzada, la verdadera esencia del ser. Y no hablo del ser en general, de la Idea platónica del Ser, hablo de cada ser, de cada pequeña, milimétrica reproducción de un ser original que no sé de dónde coño ha salido pero que no entiende a nadie. Porque ni en el iris, ni en las manchas blancas de las uñas, ni en los reflejos del cabello al sol, ni en la comisura de los labios, ni en los dedos de los pies veo ni un ínfimo atisbo de lo que la piel siente y no siente. No veo manchas cuando el alma sangra, no veo heridas cuando se rasgan las ideas, no veo estigmas cuando falta coherencia. Y entonces, ¿cómo podemos atrevernos a sentir sin que el cuerpo no los pida? ¿Cómo pensamos, cómo somos tan jodidamente valientes para empujarnos a mirar más allá de lo que el cuerpo nos impone? Cuando el cuerpo está ahí, cuando es la cárcel, cuando no podemos librarnos de él y si nos castiga también nos mata el ser. ¿Cómo podemos ser más que biología, si no somos capaces de entendernos porque en lo visible no se expone lo que de verdad importa? Ni la calle nos entiende ni entendemos lo que la compone, y somos culpables de considerar en el mismo orden una farola y un viandante. Y la farola no piensa, a la farola no se le queman las entrañas cuando tiene que huir para conservar la dignidad. La farola ni siquiera tiene dignidad, aunque no lo parezca cuando lloramos porque alguien le ha tatuado una frase de enciclopedia.
No nos entendemos porque somos cuerpos y cuesta mirar más allá de lo que somos.
Pero también somos alma, supongo, y quizás estamos un poquito ciegos y por eso no somos capaces de ver el espíritu, el alma, lo verdaderamente importante, lo que nos posibilite entendernos y termine con los millones de partículas de egoísmo que corren sobre la Tierra y nos muerden las uñas para que no nos quede ni siquiera ese consuelo.

Pero, ¡joder!, esta calle no me entiende...

domingo, 5 de mayo de 2013

gestos que delatan


Tal vez algún día me pillen las palabras en el fondo de la mente y, al haber pasado tiempo, se hayan dado cuenta que las palabras bien dichas pueden causar adicción. Quizá al registrar las palabras como droga se hayan dado cuenta que la más dura del catálogo es la medicina no legal que nace en algún lugar de un cerebro demasiado productivo, recorre el cuerpo en una corriente eléctrica, sube por la garganta y sale de forma cálida, con acento y expresiones propias, con elegancia y expresividad, como un torrente de letras y sílabas que encandila y emociona. Quizá al descubrir que personas inquietas y que no atienden a nada, como yo, como él, como ella, como algunos, se quedan escuchando frases aleatorias como si fuesen niños escuchando Caperucita Roja, se alarmarían. Y entonces, en alguna sala de alguna comisaría de algún lugar que todavía no quiero saber dónde está, yo estaré declarando porque me han pillado un cargamento kilométrico de palabras dobladas con cuidado en una esquina de mi mente cuadrada. Y saldrá en algún periódico local de algún lugar de algún país cuyo nombre no me importa que han pillado a una mujer cuya vida no quiero desvelarme con un alijo de la droga más dura conocida hasta el momento: las palabras escuchadas que brotaron de unos labios que fueron la puerta de salida de las ideas que ya no le cabían. No van a pillarme sólo palabras. Encontrarán en mi cabeza una colección de libros digna de la biblioteca más grande del mundo, un archivo completo, algo de lo que no podrán librarse con facilidad. Y tal vez ese rumor de que los policías consumen lo que requisan sea verdad y en este futuro que no quiero saber de qué va siga ocurriendo, y tal vez esnifen, fumen y se pinchen las letras y aterricen dentro de ellos para no moverse de ahí. Se colocarán con los años que regala y expone sólo en sus palabras, en las pupilas y en el mechón de su pelo; años que se esconden donde nadie los ve pero a los que nadie obligó a ocultarse. Lo hacen por decisión propia, porque las grandes personas no tienen edad ni nacionalidad ni posición social. Las grandes personas son. Simplemente eso. Y no me importará que se chuten mi archivo personal y me lo arranquen  de dentro de las venas con las uñas. Todos los que hemos sido agarrados por una lluvia de palabras bien dichas por la que en un futuro se habrá convertido en nuestro camello sabemos que en este caso robar es compartir. Y las palabras están dentro de nosotros porque no pueden sacarse, porque están pegadas a conciencia por el pegamento de las miles de reproducciones que han tenido en nuestro recuerdo y las miles de cosas aprendidas con las miles de palabras que brotaron de una boca que nadie pensó que escondiese tanta información debajo de la lengua. Las letras mágicas de pólvora y sal consiguieron, nadie sabe cómo, fusionarse con nuestros huesos y músculos y volverse en un suspiro parte de nosotros. Se convirtieron en parte de la configuración del aparato electrónico en el que nos volvemos cada año que pasa; se volvieron nosotros y nosotros nos volvimos ellas, porque así es la vida y así somos. Podemos no recordar el momento, el lugar o las circunstancias en las que los sonidos que le rasparon la garganta invadieron el interior de nuestros oídos y empezaron a bailar con nuestra vida; podemos ignorarlo todo pero recordar siempre el mensaje, lo que quería decir, lo que dijo, lo que no calló. Nosotros, los eternos interlocutores que tal vez en algún momento hayan dejado de oírla pero que siempre la estarán escuchando, sabemos que jamás podrán quitarnos esta adicción a las palabras bien dichas. Y es que a veces una palabra deja huellas imborrables, imposibles de tapar, irreprimibles; a veces las palabras son dolencia y medicina; a veces podemos convertir sin querer una conversación en un libro nunca escrito publicado por la editorial del recuerdo y leído por una sola persona.






(párrafo 2)

viernes, 1 de febrero de 2013

Hueco, vacío, infinito.




Sé que pierdo el tiempo pensando en nada,
omitiendo el mundo y olvidando olvidar,
olvidando que existe algo más allá,
que la vida sigue aunque pare de andar.

Pero si pierdo el tiempo ya lo encontraré,
y si la vida se me escapa, la dejo marchar,
que ya no colecciono momentos buenos
porque los desgasto antes de terminar.

Y algún día lograré entenderme
sin intentar explicarme.
Algún día lograré ser algo
que no se apague,
lograré algo dulce y amargo,
y que la llama se propague.


 

 

sábado, 19 de enero de 2013

El poder de las palabras.




Aquellas palabras se convirtieron en espíritu y, aunque nacieron de la nada, vivieron siempre en la inconsciencia de personajes ajenos a la causa de su vida. Aquellas palabras no quisieron ser tema de conversación, solamente parte de la misma. Pero yo no tengo miedo ni paciencia y la noche es demasiado corta para detenerse a pensar. Y ocurrió: las palabras se volvieron líquidas y fluyeron por sus propias cañerías.
La frase más breve el mundo llevó consigo la peor decepción de todas.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Del efecto de congelación de mi corazón.


Estaba ahí, frente a mí. Me miraba con esos grandes ojos pardos y yo no sabía si salir corriendo o meterme dentro de ellos y nadar hasta ahogarme. Decidí sostenerle la mirada y comenzamos una especie de lucha absurda, o tal vez es que no queríamos parar. Sin palabras, estábamos hablando: yo le decía que no quería esto y él me contestaba que no quería más noches frías; yo le ofrecía una sesión de puertas abiertas en mi cabeza y él se negaba a entrar porque, como siempre decía, le gustaban los acertijos.
Y entonces un chasquido. Otro. Otro más. Y más. Al principio no lo entendí, pero era yo. Se me encogió algo dentro del pecho y cerré los ojos, tratando de no gritar. Empecé a sentir algo duro y pesado justo ahí, donde supuestamente nacen los sentimientos, y una corriente de frío áspero que me encogía el pecho y me subía por la garganta. 
Cuando abrí los ojos, ya no era capaz de leer en los suyos.




(Yo sí quiero noches frías)

miércoles, 22 de agosto de 2012




No sirve de nada.
Siempre, tarde o temprano, ocurre. Lo ves y no lo evitas.


Ése es tu problema... Te paras a observar y a desmenuzar la situación, le das mil vueltas y la miras desde todas las perspectivas posibles. Te metes en la piel de los otros y analizas lo que se siente en la tuya, buscas mil soluciones viables o mil formas de hacer desaparecer el problema por arte de magia -la magia no existe-. Te frustras, te guardas las explicaciones en el bolsillo y lo dejas pasar. No actúas. Simplemente planeas -y ojalá lo hicieras en el otro sentido, para planear por encima de los molinos y aterrizar con suavidad en el césped- y le das vueltas. Pero, maldita sea, tus problemas no son peonzas. 
Con la misma pregunta siempre en la cabeza -¿por qué?- recorres los lugares que significan algo para ti como un fantasma. Andas despacio, a veces no tanto y te metes las manos en los bolsillos evitando que algo se te escape. Ni siquiera eres lo suficientemente valiente para llorar, gritar, patalear o arañar. Eso requiere valentía. Es aceptar.
No te escondas más... porque algo que es parte de ti estará contigo en cualquier sitio.

(Y yo debería dejar de escribirme cartas a mí misma y darle una patada a la verdad para ver si así se vuelve una de esas mentiras edulcoradas que, falsamente, te endulzan con entusiasmo)

miércoles, 8 de agosto de 2012

No sense



El final sin fin... Una historia que se alarga y va más allá del horizonte, que rompe los esquemas. Rápida al principio y eterna al final, convirtiendo el desenlace en algo que nunca llega, disipando el terrible vacío para que no pese tanto. Diríamos que no sirve para nada, pero algunos pueden encontrar hermoso ser eternamente los amantes trágicos que odian amarse y amarían odiarse.
El final sin fin... Tan extraño y a la vez parte de todo lo que vivimos.

martes, 10 de abril de 2012

Cuando se desajusta el minutero.

Claro que no hay nadie que se ajuste. Siento haber pensado que lo que yo quiero significa algo para el mundo, para ti o para los deseos de alguien más, haber pensado que de mi cabeza saldría un patrón y se cumpliría al 100%. ¿Pero, y qué pasa si dejas de seguirme, de gritarme de lejos, de hacerme reaccionar y de enfriarme de golpe?
¿Te acuerdas del azúcar que dejabas siempre en la taza? ¿Recuerdas esa manera tuya de intentar que mi burbuja no se rompiera? ¿Recuerdas cuando te contaba historias que inventaba en aquel momento y tú te colgabas de algún punto de los hilos y tratabas de levitar, haciendo trampas? ¿Comparar visiones y dolores similares? ¿Ahora te das cuenta de tu manera de no sincronizarte a las agujas de mi reloj? ¿de no ajustarte? 


Deja de romper las mejores cosas.

domingo, 18 de marzo de 2012

so happy you could die.

Es extraño que seas de esa manera. Especial. No hay más palabras para describirte, simplemente eres especial, increíblemente especial. A veces no importa tener que leer entre cada palabra que dices, es el precio que hay que pagar por vivirlo. Y yo me pregunto, ¿qué pasará cuando todo el mundo se de cuenta de lo especial que eres? ¿y qué pasará cuando tú te des cuenta de ello? Harás "puff" y entrarás en estado de puro amor.
Qué es lo que te hace especial, te preguntarás. Es todo en general y nada en especial. Simplemente se te ha otorgado el don de ser diferente y de hacer que alguien pueda perderse en ti, de hacer que alguien que lo ha hecho te recuerde siempre. Entonces, qué es lo que te hace especial, es una de esas preguntas sin respuesta que en realidad llegan a ser agradables.
Pero no quieras que yo sea una persona que no soy. No quieras que sonría cuando no puedo, que te demuestre todo lo bueno en los peores momentos ni que renuncie a mis sueños. ¿Podría yo vivir de esa manera, incluso con la persona más especial del mundo a mi lado para sostenerme? ¿Podrías tú ser capaz de sostenerme y no cansarte nunca de mí y de mi monotonía?
Y ahora, por primera vez te lo diré, aunque altere tu altísimo estado de ánimo: No.

viernes, 24 de febrero de 2012

¿sabes?

Cuando bostezo y lo contagio a alguien, sigue recordándome a ti...

viernes, 25 de noviembre de 2011

K.

  1. Tu sonrisa.
  2. Tu pelo.
  3. Tus ojos.
  4. Tu voz.
  5. Tus manos, tus dedos de gamer.
  6. Tus comparaciones estúpidas.
  7. Todas tus tonterías.
  8. Tus manías.
  9. El color de tus mejillas.
  10. Que te preocupes tantísimo.
  11. Que repliques todo (en serio)
  12. Que aguantes todas mis estupideces.

Sí, pero a ver si adivinas cuál es el título de la lista. No te lo esperarás.

domingo, 6 de noviembre de 2011

The end.

Recuerdo todas las cosas que me contaste, todas tus confesiones y secretos que me revelaste. Y me pregunto si seré capaz alguna vez de tener ese tipo de confianza con alguien que no seas tú. Me pregunto, además, si quiero ser capaz.

"-Lo era...
-Lo eras.''

Terminó. Y aún no puedo creerlo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Flores de papel.


Sobre la encimera -que seguía siendo gris-
colocaste diez flores de papel, exactamente.
Sobre la cama -que seguía oliendo a ti-
colocaste dos, sólo dos. Inquietante...
Sobre el escritorio -que seguía estando cojo-
colocaste una única, vieja y solitaria flor.
Pero lo más extraño de todo, si cabe,
fue el matojo de flores rojas
sobre el televisor.

¿Por qué de papel?
¿Por qué rojas?
¿Por qué yo? ¿Por qué él?

Suena el teléfono y ahogada lo cojo,
me preguntan qué es de ti...
¿Y qué contesto yo?
Que hoy me has dejado flores,
de las más bonitas.

Y aunque sé qué significan para ti
las bonitas y frágiles flores de papel
cierro los ojos e intento creer
que no voy a llorar, que seré fuerte.

Me doy cuenta en ese instante
que cada vez que vea una de éstas
me acordaré del amargo día
en el que con flores de papel
y la cabeza en tu almohada
sentí que lentamente moría
al abrir tu armario y no ver nada...

viernes, 14 de octubre de 2011

-08-

-¿Quién eres?
-Yo soy tú... y vengo para destrozar todo lo que alguna vez creaste. Yo soy tú y tú eres yo, y te voy a romper el corazón.

domingo, 11 de septiembre de 2011

-07-

Lo que debería pasar:
-Hola.
-Muérete.
Lo que quieres que pase:
-Hola.
-Hola, te esperaba. No vuelvas a irte.
Lo que realmente pasa:
Nada.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Tú. Simple y absurdamente, tú.

De vez en cuando, cuando estoy sola, apática, aburrida y, en fin, en esos momentos en los que deseas llorar hasta que se te agoten las lágrimas, y además sin motivo aparente, pienso en ti. Simplemente apareces en mi mente como si una lucecita se encendiera. Y entonces imagino y sé que no estoy sola, que nunca voy a estarlo. Porque te tengo a ti, tengo tu recuerdo, tengo tu voz clavada y no se va a desvanecer...
Paso de llorar a sonreír, y aunque aprecie todas las cosas que tengo de manera diferente, tú eres una de las más agradables. No puedo negar que sin ti nada sería lo mismo.

martes, 28 de junio de 2011

Bucle... (FuckYou)

  1. Encuentro algo que me haga recordarte
  2. Te necesito.
  3. Me odio por ello.
  4. Me ahogo.
  5. Te vas de mi cabeza.
  6. Pero apareces en mi vida.
  7. Te quedas un par de días.
  8. Me siento genial.
  9. Y te vas.
  10. Me siento mal, pero te omito.
  11. Me olvido de ti aparentemente.
  12. Encuentro algo que me haga recordarte.

(...) Ymásmásmás.

lunes, 11 de abril de 2011

Que no, que no soy una chica fuerte... Que no me gustan para nada los cambios, me asustan. Me asustan las limitaciones, los errores, los desconocidos, las críticas, la soledad (depende), los malos recuerdos, las calles estrechas, los ascensores, las palomas, las habitaciones sin ventanas... Si eso es ser fuerte...
A veces me pesa el mundo, no sé, es una sensación extraña. Siento que todo es efímero, que debo aprovechar estos años, pero claro, no lo estoy haciendo, y dejo escapar tantos sentimientos y tantas personas...
Después estás tú: Que pareces tan seguro de todo. Y sin embargo, aunque pareces agusto con el mundo, pareces necesitarme tanto... no sé como puedes hacerlo. Yo soy frágil, estoy rota, algo falla dentro de mí desde hace tiempo.
No puedo prometerte nada. Pero quiero que te quedes conmigo...
Porque tú me calmas.

jueves, 24 de febrero de 2011



Tú y yo,
estamos unidos por algo más fuerte.
A ti y a mí,
lo que nos une es el destino.

domingo, 13 de febrero de 2011

A veces, el camino más largo es la distancia entre dos personas.

...Eres increíble.
Te lo prometo, es cierto. Aunque, releyendo, creo que lo propio sería decir que eras increíble. Porque tengo que hacerme a la idea de que para mí ya no deberías existir... Podré recordarte, sí, pero no habrán recuerdos nuevos.
La última vez me dijiste que ibas a buscarme. Y quiero que lo hagas, porque hoy, precisamente hoy, te recuerdo y no debería hacerlo, porque me haces daño, porque sigues siendo el mismo hijo de puta.
Hoy, tengo el cuerpo en Canarias y el corazón en la península. Y sé que es imposible todo esto, porque aunque te busque nunca, NUNCA vas a correr hacia mí como prometiste, no nos casaremos como prometimos, ni me darás ese colgante (en mano).
Temblemos, porque el destino nos odia. Feliz San Valentín con un día de antelación.