¿Qué significará el tiempo sin relojes?

martes, 27 de septiembre de 2011

Slooooooooooowly. (1999)

Te voy a extrañar. Con cada célula de mi cuerpo. Y ni siquiera podré pasar por ese estúpido sitio al que nunca has ido pero que tanto me recuerda a ti (y no sé por qué).
Y me va a pesar tu recuerdo, de una manera exagerada. Será tal el peso que no podré con él, y es que tu recuerdo me acabará matando. Lentamente...


Terapias mal llevadas sin nadie
que mediara por dos histéricos, 
mis gritos envasados al vacío 
reventaron al fin.
 Y ahora congelo cada instante 
sabiendo de antemano
 que son los últimos.
[...]
Y a medias del viaje, 
callo a gritos 
que no quieras bajar.
Y pierdo la conciencia 
cuando escucho como dices:
"que sea cierto el jamás". 
¡Oh, muérete!


Qué rebuscado el echar de menos pudiendo ''echar de más''.

domingo, 11 de septiembre de 2011

-07-

Lo que debería pasar:
-Hola.
-Muérete.
Lo que quieres que pase:
-Hola.
-Hola, te esperaba. No vuelvas a irte.
Lo que realmente pasa:
Nada.

sábado, 10 de septiembre de 2011


Te estaba esperando, pero ni siquiera sabía que eras tú.
Ahora es suficiente.
Siempre lo será.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Recordatorio:

No caigas más. Nunca.
Es malo, malísimo, es lo peor.
Es un puto lobo con piel de cordero.
Lo sabes, pero lo evitas.
Lo sabes, pero no quieres saberlo.
El peor error de todos, ha sido ese.
Ahí lo dejo. No caigas más.

Tú. Simple y absurdamente, tú.

De vez en cuando, cuando estoy sola, apática, aburrida y, en fin, en esos momentos en los que deseas llorar hasta que se te agoten las lágrimas, y además sin motivo aparente, pienso en ti. Simplemente apareces en mi mente como si una lucecita se encendiera. Y entonces imagino y sé que no estoy sola, que nunca voy a estarlo. Porque te tengo a ti, tengo tu recuerdo, tengo tu voz clavada y no se va a desvanecer...
Paso de llorar a sonreír, y aunque aprecie todas las cosas que tengo de manera diferente, tú eres una de las más agradables. No puedo negar que sin ti nada sería lo mismo.

martes, 30 de agosto de 2011

/Vidas a medias/


Él no volvió.
Se lo había prometido y, ¿qué podría haber hecho ella? Se limitó a esperarle.
Y no volvió.
¿Habría cambiado algo a mejor si él se hubiera dignado a aparecer?
No.
Le habría dado la mala noticia: Había jugado con ella, le había hecho creer que la quería y no era así.
¿Tal vez habría sido mejor eso, tener el corazón roto a esperarle toda la vida?
No.
No, porque le quedaba la esperanza, la maldita esperanza. Lo que le hacía levantarse cada mañana y contar las baldosas del techo mientras se hacía el maldito café. Lo que la obligaba a ir a la oficina y fingir felicidad, y a, desesperadamente, mirar el e-mail, el buzón, todo. Lo que la obligaba a vivir una vida a medias. Pero al menos, era una vida.
¿Y qué habría hecho sin esa esperanza?
Desvanecerse. Morir. No ser nada.
Vivir a medias es mejor que morir habiendo vivido la mitad.
He dicho.

Y, aclaro: Si ella hubiera sido una de esas personas débiles, habría hecho lo correcto y habría cogido otro camino. Aquí, el fuerte simplemente sobrevive y el débil vive feliz. Simplemente...

sábado, 27 de agosto de 2011

sábado, 20 de agosto de 2011

Tres-cuatro.


¡Eras tú!

¡Todo el tiempo fuiste ! Y yo estaba ciega, atando cabos que no me llevaban a ninguna parte y reciclando palabras que estaban huecas...
Eras tú.
Azul.
O eso espero.


-1- Y sin querer, murió un mosquito.

El día era precioso.
Claro, el clima, porque, el día en su verdadero significado (el espacio de tiempo y las cosas que suceden desde las 0:00 hasta las 23:59), estaba siendo uno de los peores.
Mi madre daba berridos en el salón, mientras mi padre, como de costumbre, abría el armario tirando todo, para llenar una maleta, amenazando así con irse de esta desastrosa casa.
Sin fuerzas saqué yo mi mochila y la llené con unas chocolatinas y La Sombra del Viento. Total, nadie notaría mi ausencia.
Así que, cogí mi mochila y a Nao (mi gato y uno de mis mejores amigos) y salí por la ventana, cuidadosamente bajé por mi árbol (sí, mi árbol) hasta llegar al suelo, no sin un par de golpes.
Andé lo más rápido que pude, teniendo que pararme por dejar a Nao atrás, hasta llegar a mi pequeño escondite, lugar al que acudía básicamente cuando mis padres discutían. O simplemente, cuando necesitaba estar sola. Era como si en este pequeño parque sólo existiera yo y el dolor se desvaneciera.
Además, era precioso. Un columpio individual y un pequeño tobogán rojo eran lo único que había en él, aparte de los montones de hojas secas y los árboles. Y, lo mejor de todo: Nunca venía nadie.
Me deslizaba entre las hojas, sin dejar de mirar el suelo, cuando oí un crujido.
-¿Nao?
Vale, Nao no estaba.
-¡Nao! ¿Dónde diablos te has metido?
Busqué con la mirada por todas partes hasta dar con el columpio. Ahí había un chico sentado, acariciando a mi gato.
-¿Es tuyo? -su voz era grave pero no demasiado, con un leve acento que no pude calificar... Me acerqué, asintiendo, y pude ver que tenía los ojos negros y perilla. Su cabello era del mismo color negro que sus ojos, y lo llevaba ligeramente desaliñado... Era bastante guapo.
-Es mío. -cogí a Nao en brazos y le acaricié la cabeza-. Y ese sitio también.
Él sonrió de forma burlona.
-No veo tu nombre escrito en el columpio.
Mi turno: le dediqué una sonrisa sarcástica e hice un gesto indicándole que se pusiera en pie. Y ahí, en el columpio, estaba mi nombre escrito con tippex: Isabella.
-¿Lo ves ya?
-Tienes un nombre muy bonito. Me llamo Rob y, has ganado, el columpio es tuyo. -y él seguía con esa estúpida sonrisa en la cara.
-Siempre gano. Gracias, supongo, Rob.
Me balanceé ignorándole, esperando que se fuera, pero no lo hizo. Se quedó ahí, mirando al vacío... No se oía nada. Y ese silencio que algunos habrían calificado de incómodo, entre dos extraños, para mí fue lo más agradable de ese asqueroso día.
-¿Te gustan las chocolatinas? -le sonreí al terminar de hablar, él me imitó, aunque me preguntaba si él alguna vez no sonreía.
-Claro.
Y compartimos mis chocolatinas. Nao pareció encariñarse con Rob, y a mí me parecía una compañía agradable. Tal vez sería el parque, mi columpio, su perilla o que había puesto To The Sky, pero tal vez, sólo tal vez, este espacio de 24h no sería tan malo como había previsto.


domingo, 7 de agosto de 2011

When love somebody,

is not enough...


Y a veces, miro por la ventana, me paro y pienso "tú estás ahí, en alguna parte".

jueves, 28 de julio de 2011

Ya empezamos...


Anoche soñé contigo... Sí, tú. Te ibas, te desvanecías. De mí... Llovía y tú, dulcemente, te escurrías con ese agua... Y mientras más lo veía, más me reía, más te odiaba, más te olvidaba. Todo era gris pero yo lo sentía rojo, como cuando tuve que decidir entre ese azul cielo y tu rojo sangre. Como siempre elegí el azul queriendo el rojo, pero el rojo es molesto... el azul es pura calma. Me desperté cuando te habías ido del todo; ni siquiera pude saborearlo. Abrí los ojos lentamente y no vi nada, todo estaba oscuro. Entonces te recordé de nuevo, tú decías ser oscuridad. Joder, ¿por qué estás en todas partes?
Sueños... ojalá fueran reales. Ojalá existiera ese mundo; solamente mío. Donde los irreal es real y lo ilógico es lógico, donde a veces te olvido y a veces apareces. Sueños, donde es válido ser yo y todo el mundo me hace caso. Sueños, donde puedo cortar el hilo.

miércoles, 20 de julio de 2011

Ruedas...

''Dicen que lo mejor que te puede pasar en la vida, es amar y ser correspondido. Pero, ¿qué haces cuando no? ¿Qué haces cuando tienes a esa persona tan, tan dentro que no puedes sacarla de tu corazón y tampoco puedes hacer que te quiera?
Así vivían ellos; Ella quería a otro y él quería a otra. Pero igual, no sabían cómo, se necesitaban. Porque no estaban solos...
''No te olvidaré'' dijo él mientras la sostenía en la cuneta.
''¿Sabes? Sin no fuera por ti esto no habría pasado. No ahora. Tú me has salvado, siempre. Tú recogiste mis pedazos cuando estaba rota y los fuiste uniendo poco a poco. Tú me has devuelto la puta vida...''
''No hables...'' La besó, fugazmente, con los ojos llenos de lágrimas. No podía estar pasando, ella no...
''Escúchame, yo hablaré si me da la gana. Perdón por ser tan borde... Pero escucha. Cuídate... No te bloquees cuando hables, ¿vale?''
''Vale...'' intentó sonreír.
''Te quiero, a pesar de todo te quiero.''
Y así, ella cerró los ojos para no abrirlos más, dejando esas palabras resonando en su cabeza. Adiós...''

Y finalmente, tras recordar el final de su única compañera en el mundo, tras recordar el momento en el que empezó a estar totalmente solo, saltó... Saltó y sintió que volaba: él siempre quiso ser un pájaro.
''¿Por qué coño tuviste que irte?''

miércoles, 6 de julio de 2011

Últimas...


¿Que cómo me sentí? Verás, no es algo fácil de explicar...
No te voy a mentir: Lloré.
Pensé en todas las putas veces que me habías dicho algo así, y me di cuenta de que no lo echaba de menos. Pero ahora, qué quieres que te diga, sí. Porque soy una caprichosa... Y sólo echaba de menos el hecho de que me quisieras (que me encantaba) no sus consecuencias. Quiero decir, no es que no quisiera retroceder y volver a vivir eso, pero no es algo que me quitara el sueño, los problemas contigo dolían demasiado. Ahora, sí. Sigo siendo tan egoísta como siempre, cielo.
Y aún así me haces daño. Me duele tu sola existencia, me irrita, me molesta.
¿Por qué tuviste que aparecer? Todo sería más fácil si, simplemente, hubieras seguido tu vida y yo la mía... Si nunca se hubieran cruzado nuestros caminos.
¡Lárgate! Olvídame ya... No, perdón. Que te olvide yo ya.


martes, 28 de junio de 2011

Bucle... (FuckYou)

  1. Encuentro algo que me haga recordarte
  2. Te necesito.
  3. Me odio por ello.
  4. Me ahogo.
  5. Te vas de mi cabeza.
  6. Pero apareces en mi vida.
  7. Te quedas un par de días.
  8. Me siento genial.
  9. Y te vas.
  10. Me siento mal, pero te omito.
  11. Me olvido de ti aparentemente.
  12. Encuentro algo que me haga recordarte.

(...) Ymásmásmás.

martes, 21 de junio de 2011

-0-

El coche, a 46. Mis manos se aferraban al volante fuertemente (posición dos menos diez), sonaba Queen en la radio. Pasábamos al lado de un Starbucks y Amanda gritaba desde la parte de atrás que quería bajarse. Olía a tierra, hacían 39 nefastos grados y sentía como me sudaban hasta los dedos de los pies. Por la ventanilla, salía la mosca que había estado todo el camino estorbándonos, pero no se enteró nadie. En el asiento del copiloto, Jim dormía (no sé cómo podía hacerlo con los berridos de Amanda).
En ese momento, en ese segundo que permanecería para siempre en mi cabeza, tomé mi decisión: Me voy. Me largo, huyo.

domingo, 12 de junio de 2011


-Estoy viva, qué cosa. Existo, ¿y? Esta existencia vacía no me lleva a ningún sitio, y yo no quiero simplemente estar viva... quiero sentirme viva, tener una razón para levantarme cada mañana. Me come la rabia al pensar que la solución a esto está en otra persona, alguien que debo esperar. Pero es inevitable, ¿no? Siempre esperamos que llegue alguien y... ¡plof! todo estará solucionado. Somos unos ilusos. Yo lo soy, aunque no te lo parezca. Sigo esperando a alguien capaz de llenar ese vacío...

viernes, 10 de junio de 2011

¿Sabes?

Su corazón es un cristal opaco.
Frágil, muy frágil...
y, sin embargo, es imposible ver a través de él.

lunes, 6 de junio de 2011

Asleep or die.


Entonces, ocurre;
Te arrepientes. Y te odias. Y le odias. Y deseas devolver el tiempo. DOS-PUTOS-AÑOS. ¿Seguir adelante? Ya lo hago... de verdad que lo hago. Ni siquiera recordaba ya la pulsera de cuero y el vestido blanco, ¿sabes? Pero todo se arremolinó... y recordé. No pude evitarlo y créeme, ojalá hubiera podido.
I know There’s nothing I could say To change that heart

Me pregunto qué habría pasado si hubiera entendido tu mensaje entonces. Si hubiera pensado un poco en ti, en mí... Si hubiera elegido la otra parte. Tal vez, sólo tal vez, estaríamos completos...

Bittersweet.

Aún te recuerdo. Te veo delante de mí, con los ojos muy abiertos. Recuerdo como gritabas callando, como cargabas tus ojos y me disparabas al mirarme... Me matabas lentamente, convirtiéndote en la más dulce de las torturas.
Aún reecuerdo tus promesas... agridulces como tú. Y recuerdo el dolor... amargo, asfixiante. Cortante. También aquel día. Llovía, el autobús estaba llegando y besaste mi mejilla. Te levantaste y, a modo de despedida me sonreíste -aunque tus ojos se veían jodidamente tristes- y soltaste un ''hasta otra''. Apenas un susurro. Pero esa fue la última vez que te vi. Paradójicamente, las últimas palabras que oí salir de tus labios fueron que volveríamos a vernos... ¿Puedes dejar de hacerme esto?

lunes, 30 de mayo de 2011

//*

Como una mirada (accidental, pero no importa) que convirtió el vello de mis brazos en alambre de espino.

viernes, 27 de mayo de 2011

LotL IV

Reí sarcásticamente.
-¿De qué te ríes?
Te miré. Me miraste. Nadie sonreía. Nadie sonreía aquí desde hace tiempo.
-Mírate...
Me quité uno de mis dos anillos y te lo metí en el bolsillo del abrigo. Te besé la mejilla a la vez, y comencé a andar. Notaba tus ojos sobre mi espalda, y casi pude oír los insultos que me dedicabas mentalmente. Porque te conocía demasiado, y sabía que eras la persona más pacífica del mundo... para los demás. Excepto para mí. Entonces oí un murmullo, un sonido grave que me hizo imaginar (no sé por qué) palomitas dentro del microondas. Y Amélie. Y el sillón de mi casa. Y tu camiseta roja. Hablaste más alto, incluso gritaste, al comprender que no te escuchaba:
-¡No veo nada malo en mí!
Me giré, apartándome el flequillo de los ojos.
-¿Sabes esa sensación de creer que estás despierta y de repente, despertarte?
-Sí.
Volví a girarme, y continué andando, sintiendo que la calle se hacía eterna, pero a la vez agradeciendo que fuera así.
-Adiós.
Ahí... te dejé atrás (temporalmente, supongo). ¿No lo ves? Quítate la venda... Yo no soy lo que crees, no me conoces. Nunca podrás hacerlo.
Y en ese punto, al darme cuenta de que estaba temblando, deseé que recordaras que adiós nunca significó nada para mí, y me salvaras de nuevo de mí misma...

martes, 17 de mayo de 2011

Vacío II.







Y ojalá pueda dejarte,
maldita droga no registrada,
y ojalá fuera efímera
y no duradera esta mierda,
y ojalá ya te estuvieras yendo,
LEJOS, donde no pueda buscarte
y termines roto, revolviéndote, cayendo.



viernes, 22 de abril de 2011

Si nos arropa el mismo cielo
con el mismo color azul,
si el mismo sol nos da calor,
¿por qué no puedo, vida mía,
respirar el mismo aire que tú?

You and me.




Ojalá. Algún día me gustaría poder contar todo esto a mis hijos y reírme de las estupideces que hacemos los adolescentes. Que ellos se rían y me pregunten ''¿y por qué hizo es papá?''. Supongo que es una tontería... pero ojalá seas tú. Muchas veces lo he pensado.

jueves, 21 de abril de 2011

Nota para el futuro:


-Aprovecha las oportunidades, fíjate en todo y sé consciente...
No digas adiós.

lunes, 11 de abril de 2011

Que no, que no soy una chica fuerte... Que no me gustan para nada los cambios, me asustan. Me asustan las limitaciones, los errores, los desconocidos, las críticas, la soledad (depende), los malos recuerdos, las calles estrechas, los ascensores, las palomas, las habitaciones sin ventanas... Si eso es ser fuerte...
A veces me pesa el mundo, no sé, es una sensación extraña. Siento que todo es efímero, que debo aprovechar estos años, pero claro, no lo estoy haciendo, y dejo escapar tantos sentimientos y tantas personas...
Después estás tú: Que pareces tan seguro de todo. Y sin embargo, aunque pareces agusto con el mundo, pareces necesitarme tanto... no sé como puedes hacerlo. Yo soy frágil, estoy rota, algo falla dentro de mí desde hace tiempo.
No puedo prometerte nada. Pero quiero que te quedes conmigo...
Porque tú me calmas.

domingo, 10 de abril de 2011

Take me with you...

lunes, 28 de marzo de 2011

Bianca.

Esa era Bianca: ojos negros, melena oscura, tez blanquecina -paradójicamente daba razón a su nombre-.
Salía siempre de noche y se sentaba al borde del muelle, con los pies colgando. Cerraba los ojos y ahí se quedaba; si se le caía un zapato no se movía. Una vez conté -asomado a mi ventana, desde donde la veía cada noche- cuántos zapatos había perdido en ese muelle y, cuando dejé de hacerlo iba por los ocho. Pero cada día llevaba unos zapatos nuevos, un vestido nuevo.
No temía que me viera en ese pasivo espionaje nocturno. Ella no estaba ahí, en el muelle, frente a mi ventana, estaba viajando. Viajaba por todos los rincones del mundo, visitaba París, Italia, Egipto, en un abrir y cerrar de ojos. Cumplía sueños ahí sentada, dentro de su burbuja. Al menos, la imaginación era suficiente para esperar la verdadera oportunidad. Supongo...

miércoles, 23 de marzo de 2011


Desaparece de mi vida...

Como si nunca hubieras aparecido, como si nunca me hubieras hecho vibrar, como si nunca... como si nunca te hubiera querido, como si nunca se me hubiera caído el teléfono y no me hubiera inmutado porque justo antes de colgar me habías dicho que me querías y yo pensaba qué debía hacer después de eso. Como si nunca se hubieran cruzado nuestros caminos aquel día, cuando te conté mi intento fallido de cazar un mosquito... Ah, como si nunca me hubieras mandado esos mensajes y yo los releyera entre clase y clase sin que nadie se diera cuenta.

Sí, tienes que irte, pero esta vez no vuelvas... No es sano mi amor/odio hacia ti.


sábado, 12 de marzo de 2011

Cu, cu, cu.



-Eres diferente -dices, y obviamente te creo.
Coges tus zapatos y sales al salón cojeando, fundiéndote con el escenario. Ahora puedo decir que estoy frente a una desconchada pared azul, una cómoda beige con figurillas de metal, el marco de la puerta y un pobre chico cojo con el pelo negro.
Claro, me has otorgado el honor de ser diferente y puedo hacer cosas que no comprendería nadie.
Corro hasta el salón y salto sobre ti, haciendo que la muleta caiga al suelo con nosotros dos.
Te miro y veo ojos negros y una nariz sorprendentemente tuya. Sonrío. Tú no.
-¿Tienes miedo a las alturas? -digo en un susurro sin que la sonrisa se desvanezca. Te quedas mirándome, debajo, con los ojos ligeramente entornados y las aletas de la nariz abiertas. Me veo reflejada en tus ojos (no sé si en el iris o en la pupila, ya que en tus ojos no se distingue la una de la otra y ya puedo esperármelo todo).
-No...
-Tenemos plan para esta tarde. Espero que no me hayas mentido. -me pongo en pie, dándote tregua. Me apoyo en el marco de la ventana de mi pequeña cocina americana y observo como una pequeña mariquita anda por él - En serio, espero que no lo hayas hecho nunca -ofrezco mi dedo a la mariquita, pero no sube, lo cambio de sitio varias veces y el bichillo no cede. Increíble: una mariquita me estaba recordando a mí misma.- porque me enfadaría y...
Me giro, abandonando a la mariquita, y te veo tendido en el suelo, con la mirada perdida y las mejillas rojas, una leve sonrisa se pintaba en tu rostro (pero muy, muy leve) y tamborileas con los dedos.
-¿Podrías -dices, con la sonrisa creciendo y reflejándose en tus ojos- ayudarme a levantarme?
-Claro...
Había olvidado que eras cojo.
Agarro tu mano y, agachada, te paso el brazo por mis hombros. Terminas sentado y se para el mundo al tiempo que se oye la campanilla del reloj antiguo de la pared.
Y a las tres en punto, así sentado, me robas un beso y yo entiendo que con eso quieres decir que no me vaya nunca. ¿Para ayudarte a levantarte del suelo? No. Para tirarte, estrujarte, mirarte, abrazarte, gritarte, sonreírte, quererte, hablarte, alegrarte, odiarte, cuidarte, para que me cuides, me estrujes, me mires, me abraces, me grites, me sonrías, me quieras, me hables, me odies, me alegres, sin mediar palabra, en el suelo de la cocina...


miércoles, 9 de marzo de 2011

Tan, tan difícil. Cierras cada capítulo de mi vida.






Me senté sin ganas en el suelo, apoyando la espalda en un muro que parecía caerse a trozos. Después de andar tres horas bajo este horrible cielo sin estrellas decidí descansar un rato y fumarme un pitillo (la segunda idea la deseché y me sentí orgulloso de mi fuerza de voluntad). Frente a mí se movía todo el mundo, había en las calles ese movimiento que hay en navidad. Pasaba gente llena de bolsas, señoras en tropa y madres cargando a sus hijos medio dormidos. Sonaban villancicos, tan estresantes como siempre, y yo me preguntaba por qué habían puesto esos altavoces en las farolas si nadie les hacía caso, cuando mi mirada se posó sobre una figura que llamó mi atención. Estaba de espaldas, y el pelo castaño le caía por las espalda, formando perfectas ondas. No era alta ni bajita, al menos en comparación con la gente que estaba a su alrededor, y llevaba una camiseta azul. Una vez conocí a alguien con ese pelo castaño. Sonreí al recordarlo, aunque realmente me dolía el alma. Me puse en pie y decidí andar hacia ella. Cuando -no sin esfuerzo, ya que la gente empujaba- estuve a su lado, miré de reojo y... sentí que se paraba el mundo, o me paraba yo, dejó de importarme el escenario y comenzó a importarme uno de los actores secundarios, o tal vez principales de la obra de mi vida. Me paré en seco, sin darme cuenta, y la miré durante un par de segundos. Tenía el corazón a mil. Entonces me miró, tan indiferente, con esos ojos azules suyos que parecían encerrar todo el dolor del mundo. Me sentí perdido; no en su mirada, no en ella. En el mundo. De repente sentí que todo el dolor que había en esos ojos era para mí, porque nunca sería capaz de quitárselo de ahí. Sentí lágrimas, y me di cuenta de que había comenzado a andar y había salido de la plaza.
Volví a sentarme, esta vez en un banco y lloré como se supone que no debe llorar un hombre en público. Es tan difícil olvidar.

viernes, 4 de marzo de 2011

Como siempre.

Como siempre. Llegas, y sin llamar entras a mi corazón, yo me vuelvo frágil por tenerte ahí dentro y sonrío como una tonta. Como siempre. Pienso que todo va a ir bien esta vez, y claro, que no saldré mal. Como siempre. Pero, como siempre, vuelves a hacer lo mismo. Monotonía en estado puro; tú y yo lo somos, estamos anclados en este bucle infinito, y si te soy sincera, me estoy cansando de dar vueltas. Como siempre.

Si logras explicarme qué tiene de productivo todo esto, qué tiene de bueno, si logras darme una sola razón, cambiaré mi desición y seguiremos con este juego. No vale que me digas que me quieres y yo me lo crea... Como siempre.



sábado, 26 de febrero de 2011

¿Qué pasaría si esta vez fuera la definitiva? ¿Qué sería de nosotros?

jueves, 24 de febrero de 2011



Tú y yo,
estamos unidos por algo más fuerte.
A ti y a mí,
lo que nos une es el destino.

jueves, 17 de febrero de 2011

Cuerpo.

Entonces la maquinaria paró en seco. El maquinista se levantó de su vieja silla blanca, alterado, y andó por todo el salón hasta que llegó a la máquina principal. La examinó, cada engranaje, ninguno parecía estar estropeado o fallar. Trataba de no aleterar nada y se fijaba en la letra que llevaba escrita cada ruedita de metal. Comenzó a salir agua de la máquina redonda, que estaba situada debajo de la principal. El hombre andó por todo el recinto, y éste comenzó a moverse, como si convulsionara e hizo que Adolfo -que así se llamaba el anciano maquinista- se cayera al suelo. Se arrastró hasta llegar de nuevo a la gran máquina de arriba, de la que salía humo, y sacó una llave de su bolsillo: Era roja y, aunque era vieja, parecía que nunca se había usado y acababa de hacerse. La metió en la pequeña cerradura que no debe abrirse, o al menos eso le habían dicho todos sus antecesores. Abrió el cajón y dentro encontró un montoncillo de engranajes que se le antojaron como bichos, estaban negros y giraban lentamente, produciendo un sonido que le puso los pelos de punta. Y pintado en rojo, sobre cada uno de ellos, estaba la letra A. A. Sólo había una parte importante de la máquina con la que nunca había interactuado y que comenzaba por A. Era la parte más complicada, más cerrada, más frágil. Amor, lo llaman. Pronunció esa palabra despacio, susurrando. ''A-mor''. Y cuando lo hizo comenzó a ver humo y más humo, cada vez más negro, y cada vez se movía más la máquina y salía más agua. Para cuando se dio cuenta, una de las máquinas se había partido por la mitad. Adolfo cogió sus pertenencias y salió del edificio. ''Tendré que buscar otro trabajo... Cuando falla el corazón, sea cuál sea de las dos máquinas con ese nombre, morimos. Cuando falla una muere el cuerpo, cuando falla la otra muere el alma y nos convertimos en un cuerpo que vaga por el mundo buscando que el alma vuelva a casa. Pero la sustituye algo más fuerte y que no deja paso: El vacío.''

martes, 15 de febrero de 2011



Sonríe.
Pero hazlo de veras, por dentro.
Y no caigas más en la noche estrellada, porque si sigues mirando se esfumarán las montañas y todo se volverá ciudad...


domingo, 13 de febrero de 2011

A veces, el camino más largo es la distancia entre dos personas.

...Eres increíble.
Te lo prometo, es cierto. Aunque, releyendo, creo que lo propio sería decir que eras increíble. Porque tengo que hacerme a la idea de que para mí ya no deberías existir... Podré recordarte, sí, pero no habrán recuerdos nuevos.
La última vez me dijiste que ibas a buscarme. Y quiero que lo hagas, porque hoy, precisamente hoy, te recuerdo y no debería hacerlo, porque me haces daño, porque sigues siendo el mismo hijo de puta.
Hoy, tengo el cuerpo en Canarias y el corazón en la península. Y sé que es imposible todo esto, porque aunque te busque nunca, NUNCA vas a correr hacia mí como prometiste, no nos casaremos como prometimos, ni me darás ese colgante (en mano).
Temblemos, porque el destino nos odia. Feliz San Valentín con un día de antelación.

Cosas para hacer hoy:
- Hacer los deberes.
- Fregar los platos.
- Echarte de menos.


sábado, 12 de febrero de 2011

23/3/10. Querido Diario:


Hoy ha sido un día complicado.
No pensaba salir de casa hasta que Allan me llamó y me animó a ir a dar una vuelta. Fuimos a donde siempre, pero no fue como siempre. Compramos granizada de café y, hasta ahí, bien. Entonces le miré y vi cosas que -según quiero recordar- nunca había visto en él. Me di cuenta de que, aunque lo niegue, la verdad siempre sale a la luz, y las mentiras y omisiones quedan aplastadas contra ésta. Se sentó al borde del callejón y yo no supe que hacer, porque tenía los ojos llenos de lágrimas.
Finalmente, me senté en el suelo, apoyada en el muro, a algo así de dos metros detrás de él. Se levantó y se sentó a mi lado, y no sé qué pasó pero cuando nuestros labios se rozaron volví a llorar. Lloré durante un rato, como una niña pequeña.
¿Por qué lloraba? Me lo llevo preguntando desde que la primera lágrima comenzó a salir de mis ojos. Y tengo teorías:
a) Miedo. A perderle, al rechazo, a los cambios, a mí misma, a quererle de otro modo.
b) Porque (puede sonar engreído, pero este es mi diario y no lo leerá nadie más) he visto como me mira. Y no sé si yo seré capaz de corresponder algo tan grande.
No puedo entender. Hay cosas que las personas como yo somos incapaces de asimilar, de pensar, incluso. El amor es una de ellas. Por la costumbre a sufrir o a no saber querer. Porque, nuestros corazones son una prisión con paredes rojas.
Alicia Lemoine.

martes, 8 de febrero de 2011

Hola :) No me gusta hacer este tipo de entradas, pero una vez al año no hace daño ^^U Me ha nominado mi querida amiga Eva (http://www.asesinandocorazones.blogspot.com/). Gracias por acordarte de mí :D
Bueno... tengo que poner siete cosas sobre mí. Ahí van ^^
1. Me llamo Aida, soy de Tenerife y tengo quince años.
2. Soy una persona muy supersticiosa. Tengo que hacer todo en el mismo orden cada día o pienso tonterías como: ''Oh, Dios, ¡hoy va a ser un mal día porque no me he atado primero los cordones del zapato izquierdo!''
3. Soy adicta a la Coca-cola y a la vainilla.
4. Quiero ser periodista.
5. Mi nombre ''artístico'' (Ross) viene de uno de mis apellidos, Rossi. Tan original yo (xDD).
6. Mi grupo favorito es Love of Lesbian, aunque mi canción favorita es All Apologies de Nirvana.
7. Quiero vivir en París, aunque sé que no me atrevería a irme de aquí.

Bien, supuestamente tendría que nominar a quince blogs, pero no me apetece (xDDD) así que nomino exclusivamente a un blog:
http://www.sweet-kisses.blogspot.com/

:) Saludos.


Aida. Akira. Ross. Aik. Como queráis llamarme.

domingo, 6 de febrero de 2011

¿Vas a volver SIEMPRE?

sábado, 5 de febrero de 2011

Días sin sentido


Porque el mundo es grande y parece no querer que sea mi sitio. Ahora cada día es idéntico al anterior, un bucle infinito, la monotonía siempre esperándome, y yo rota, cayendo. Siempre es lo mismo. Ojalá pudiera encontrarte ahora. No quiero esperar años, entiéndeme y aparece para entenderme por completo. Para ser un puzzle, para saber quién eres, para olvidar, para quererte. -Para ser un puzzle, para que sepas quién soy, para que olvides, para quererme.-


Hoy tengo uno de esos días tontos, ¿sabes? Uno de esos días en los que sólo te apetece sentarte al lado de la ventana y ver pasar el tiempo, evitando el tic tac del reloj que te recuerda que éste pasa rápido. Reflexionas sobre lo que has dejado escapar -tanto, tantísimo- y sobre lo que no. Sobre qué deberías hacer y cómo, aunque sea inútil.

Sabes que la vida está compuesta de pequeñas cosas, de pequeñas personas que a veces te fallan y a las que a veces fallas, que a veces te necesitan o necesitas tú. Sabes que esa tela de araña compuesta de personas es lo más importante y que debes conservarla intacta, suave, sólida aunque frágil. En vez de esperar, te das cuenta de que debes moverte tú y buscar... Pero hoy no, hoy es uno de esos días tontos.

Juliette.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Y en mi cabeza está tu cuna.



Eres luces apagadas,
y costuras desvaradas,
eres noches de tormenta
y dolores sin molestia,
eres un corazón roto
y miradas de alboroto,
eres amor sin dolor
pero creo que has calado hondo.
¡Eres parte de mí!

domingo, 30 de enero de 2011

Una de esas desiciones estúpidas que se toman por motivos asficciantes:

''Deja de fumar. He encontrado el cenicero lleno de colillas y ya sabes lo que opino de ello.
PD: Me marcho a Barcelona. Cuando leas esta nota, ya estaré en el aeropuerto. No sabía como decírtelo, no pienses que estoy huyendo.''
Solté el post-it, aunque se me pegó al dedo en vez de caer, y tuve que despegarlo. Pensé que estaba de broma. O pensé que quería pensarlo.
Andé por toda la casa, estresada, esperando verle tirado en la cama o viendo la tele. Nada. Entré en su habitación y abrí el armario; estaba vacío. Abrí los cajones, tirándolos al suelo. Vacíos.
Me senté en la cama, anonadada, intentando explicármelo, intentando buscar algo en mi cabeza que tuviera forma de respuesta.
Y fijándome en la mesilla de noche, pude ver otro papel amarillo. Estaba pegado a la lámpara y había una sola línea escrita en él. ''Mira encima del armario.''.
Encima del armario había otra nota. El papel era más grande y la letra más torcida, más insegura. Ahí, ahí estaban mis respuestas.
''Vale, sí estoy huyendo.
Decidí irme a Barcelona hace dos meses, no quería decírtelo porque no estaba seguro de que quería irme. Tampoco quería que tuviéramos que despedirnos, porque odio verte llorar.
Y, llámame cobarde, pero escribiendo soy más valiente, y soy capaz de decírtelo todo. Te preguntarás, ¿qué quiere decirme este imbécil? ¿de qué huye? ¿por qué hace todo esto?
Me han encantado estos años de amistad. Han sido tanto como toda una vida para mí, no sé si para ti lo han sido. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, nuestras verdades y nuestras mentiras, nuestras confesiones y nuestras omisiones. Como cuando yo hacía como que no me importaba nada de lo que me decías, que no me sentía mal cuando me hablabas de tu mal de amores y yo te decía que siempre hay luz al final del túnel.
Hoy no es un día cualquiera, hoy es catorce de febrero, San Valentín, y por eso, aunque me marche, tengo que decírtelo. Aunque pueda que no nos volvamos a ver por mi cobardía y mis estupideces, por mis ganas de complicarlo todo. O de no sufrir teniéndote a mi lado sin poder tenerte al completo.
Eres una persona fascinante, ¿no te lo he dicho nunca? Siempre me ha gustado mirarte mientras cocinas o, simplemente, mientras no haces nada. Te reirás de mí por esto. Quiero que sepas que te amo y siempre lo he hecho, de lejos, de cerca, del revés y con lágrimas de por medio. De eso huyo: de todo lo que siento, para que las heridas no puedan calar más hondo y destrozarme más. Me marcho para intentar olvidar y sanar, para seguir mi vida...
Te voy a echar tanto, tantísimo de menos. Pero esta es mi desición, porque sé que no sientes lo mismo por mí, ¡y soy un idiota!
Perdóname.''
Las lágrimas me bajaban por las mejillas. ¿Pero qué mierda estaba haciendo ese idiota?
Otra vez... sola.

sábado, 29 de enero de 2011

Vale, está bien. Está es la última vez que pienso en ti de este modo, que escribo sobre ti. La última de muchas.
Lo siento, pero ya se hace duro, demasiado duro.
Y ya está. No eres nadie.

miércoles, 26 de enero de 2011

Dícese de un día ochenta y cuatro.

¿Sabes que cuando me miro los pies me acuerdo de ti? No sé por qué será, tal vez porque hemos hablado de zapatillas tanto como de otras cosas.
Y sólo puedo decir que es injusto, ¡tan injusto! Somos... éramos... almas gemelas. Pero nos separa un oceano. A veces me preguntas por qué nos colocaron así, y yo pienso que son estrategias del destino. Sin toda esta distancia, ¿crees que nos habríamos conocido y nos habríamos querido como nadie?
Pero las cosas cambian, las peronas también, y las relaciones se oxidan, ¿sabes? Así, lentamente, nos fuimos alejando, el hilo plateado se fue tensando, y ahora no sé si está roto del todo.
No soy de te quiero fácil pero... te quiero, duende púrpura.

martes, 25 de enero de 2011

Uno de esos días... de invierno.

Salía de casa sin prisa, sólo quería pasear, disfrutar del domingo, aunque sola. Porque quería estar sola, tenía la sensación de que si pasaba tiempo con ella misma conseguiría entenderse un poco. Además, Sofía opinaba que las cosas más bonitas se veían a solas.
Andaba despacio, prestando atención a todo: Al aire que corría, a la temperatura, al color de los árboles y de la acera, a los niños que jugaban en el parque y a los sonidos, sobretodo a los sonidos.
''Así no duele tanto recordar, pero sólo si me fijo bien en las personas que están tristes.''
Un mendigo tenía su campamento al lado del árbol grande del parque. Sofía le dio dos euros para que comiera algo; el mendigo le dio las gracias y se fue corriendo -cojeando-.
Una chica lloraba en uno de los bancos, con el móvil en la mano. Sofía no pudo hacer nada por ella, y aunque suene egoísta, se sintió mejor al descubrir que alguien compartía con ella la soledad, el hastío.
Siguió andando, de vez en cuando sacando las manos de los bolsillos para mirar si se habían puesto moradas por el frío.
Y... de pronto comenzó a llover. En seguida supo que esa lluvia no traería cosas buenas; no sería solamente una tormenta de rayos y truenos... sería una tormenta interior. Dentro de ella.
Entró en la primera cafetería que encontró, sin mirar ni siquiera cuál era, y se sentó en la mesa que estaba al lado del baño.
Pidió un café con leche y un vaso de agua. Y cuando se alejaba la camarera -que tenía un caminar bastante feo- salió un chico del baño. Sofía le miró y sólo vio su espalda. Llevaba una camiseta gris, de manga corta (¡con el frío que hacía!) y unos vaqueros. El pelo era castaño oscuro, casi del color del chocolate caliente que la camarera servía ahora a la mesa de al lado. Él se giró y Sofía se percató de que tenía los ojos marrones, la piel morena, el flequillo mal cortado y la mirada de un hombre mayor...
-¿Damien?
-Sofía. -ella preguntó; él no, él no era de las personas que usaba el tono de pregunta para estupideces. Damien no preguntaba, Damien creía, Damien observaba.- Sofía, estás empapada. Te vas a resfriar.
-Eso -dijo con acento duro, inflexible- no te importa.
-Oh, venga, no seas tan dura conmigo -se sentó-. Sof, ¿cómo estás?
Le miró. La miró. Estuvieron así durante casi un minuto, el mundo moviéndose y ellos en pause. En ese momento sintió el ambiente cálido, sintió que caía en un agujero y...
-¡No! Damien, no quiero hablar contigo...
-Sofía, sé que me has echado de menos.
''Joder. Joder. Joder.''
''Claro que te he echado de menos, Damien, claro que lo he hecho. Cuando pienso en ti me duele el pecho, ¿sabes? Me falta algo, me falta desde hace tiempo, y ya se lo que es. Eres tú. Aunque me cueste admitirlo. Ya no me importa que me odies. Yo no te odio. No te guardo ningún rencor, aunque quisieras alejarme de todo, de todos... Te quiero, Damien. Vuelve y no te vayas nunca, porfavor...''
-No. No te he echado de menos. Lo siento.
-¿Sabes? No te creo. También lo siento.
-Eres un idiota. Déjame tranquila. -en ese momento se dio cuenta de que ya había llegado el pedido.
-Venga ya, Sofía. ¿Sabes qué? Sabía que íbamos a encontrarnos hoy. Lo presentía.
-Ojalá me hubiera pasado lo mismo. Me habría quedado en casa.
-Vámonos.
-¿Eh?
-Vámonos del bar. Ha parado de llover. Demos una vuelta.
Se nubló todo. A ella le volvía a doler el pecho, porque teniéndolo ahí, delante, le echaba más de menos que antes... Porque le tenía delante y sabía que nunca podría tenerle realmente. Porque la vida es así, porque el destino está escrito, porque no era para ella ni ella para él.
Pagó y salieron. Era cierto que había dejado de llover fuerte, pero lloviznaba.
-Oye, Damien -se paró en seco. Desde que comenzó la breve conversación, pensaba en decírselo, pero Sofía no había tenido las fuerzas suficientes.-. Quiero que sepas una cosa. Creo que... Bueno, tú sabes que yo creo en el destino, y esas cosas.
-Lo sé. Eso te hace ser Sofía. Si no fueras tan paranoica, no serías ni dos letras de tu nombre.
-Bueno. Creo que este encuentro no ha sido totalmente casual. Porque...
-Porque crees que todo ha sido cosa del destino. Hoy me echabas más de menos que de costumbre, hoy pintabas mi nombre en las nubes y, cuando me viste, sentiste un parón, una nueva línea en tu vida, un nuevo comienzo. Sentiste que ésta era la oportunidad definitiva, que debías retenerme, aunque no quisieras por eso de tu corazón roto. Sentiste que, aunque las veces anteriores, a pesar de que nos amáramos, nos dejamos ir y nos anulamos, esta vez sería diferente porque tú lo eres, porque yo parecía serlo.
-¿Cómo...?
-Yo sentí lo mismo.

jueves, 20 de enero de 2011

Ver como todo se desmorona y no poder hacer nada, por no tener la capacidad ni el permiso para hacerlo.

miércoles, 19 de enero de 2011

-Piénsalo. Todo en la vida es un puzzle, con seis mil millones de piezas en grupos de dos. Cada pieza... cada persona... tiene que encontrar la pieza que le complementa. Así, las conexiones que faltan en el universo se establecen, y los grupos de dos piezas conseguirán el premio: La felicidad.
Sacó la pulsera de cuero de su bolsillo.



Siempre va a ser tuya. Espero poder dártela algún día, aunque eso es tan improbable como que nos veamos.

Lo siento.

martes, 18 de enero de 2011

Estoy anclada a ti;
el ancla es mi alma,
las rocas tu electricidad.

domingo, 16 de enero de 2011

Estoy aquí, siempre he estado...

Otro día más.
María se levantó de la cama y, descalza, recorrió la habitación pareciendo buscar algo sin querer encontrar nada. Se sentó, por fin, delante de la ventana y apartó las cortinas. Echó la cabeza hacia atrás y pude ver esa marca de nacimiento en su cuello. El pelo rojizo le caía por la espalda como una cascada de óxido.
Bajó la cabeza y la apoyó en una de sus manos, triste, cansada. Tenía la mirada fija en algún punto de la calle, buscaba algo, pensé. Desde la cama distinguí como sus ojos se abrían con rapidez y su cuerpo parecía tensarse. Entonces, sin hacer ruido me levanté y me situé detrás de ella. Lo comprendí todo.
Él salía del edificio que quedaba en frente, ataviado con ropa con la que ni yo ni ella le reconocería; con aires de abogado.
Había pasado tanto tiempo... años, quizá, aunque el tiempo en esta habitación parecía pasar más deprisa. Durante todo ese tiempo, parecía que sólo existíamos María, yo y los pedazos de su corazón. Pero en realidad, siempre hubo un intruso: Paul, el hombre que momentos antes me había parecido una hormiguita trajeada, desde este sexto piso.
María no era totalmente ella. Era una sombra de lo que había sido. Porque ella era luz, era un pedazo de estrella, pero sólo cuando tenía a quien iluminar de veras. No quedan personas como María, no quedan personas capaces de irradiar ese tipo de alegría fundido con tristeza, capaces de guardar el cielo en una mirada. Ni siquiera la misma María era ya así. Porque era así por Paul, lo sé. Cuando él la abandonó, María cayó en un estado de apatía, y yo, sin éxito, intenté sacarla de ese hueco. Pero nunca he podido. Siempre me mantuve a su lado, pensando que algún día María volvería a ser la chica de la que me enamoré, la chica por la que respiré durante más de cinco años. Finalmente, nunca tuve a esa chica. Ella, cada mañana, pasaba el tiempo mirando por la ventana, y yo sin comprender, sonreía como un idiota. Hasta hoy. Pero no me importó, aunque pueda sonar estúpido.
Cuando él desapareció, subiéndose en un coche, María destensó su cuerpo y se percató de mi presencia detrás de ella, o en la habitación. Me miró con esa mirada vacía que parecía gritar su nombre y pareció pedirme que no me fuera nunca.
Supongo que para ella yo siempre seré lo que le queda de mi hermano Paul, y ella para mí siempre será lo que me queda de ella misma.

jueves, 13 de enero de 2011

J u l i e t t e

Sobre una fina línea entre el cielo y tus zapatos, estoy yo. Cuando la línea imaginaria se quiebre y tú te marches de donde nunca has estado, ¿dónde quedará mi sitio?

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Era nochevieja, habían pasado las doce y bajábamos en coche. Yo apoyaba la cabeza en la ventana y pensaba en mis propósitos para el año nuevo, cuando oí algo que me resultó familiar y levanté la vista. Ahí estabas, de pie en la acera... Como si el destino me odiara y quisiera que te viera entonces, para no comenzar el año sin hacerlo. Yo, tan idiota, sonrío, como si no se pudiera hacer nada, como si tuviera que evitar las ganas de llorar.
En tus zapatos negros y el cielo.
Juliette.

sábado, 8 de enero de 2011


Y...

Puedo imaginarte sin ni siquiera intentarlo.
(Porque) Invocar tu imagen es la mejor manera de pasar el rato.
(Tal vez) Debería dejar de hacerlo; no digo que sea incómodo desdoblar los recuerdos y pintar tu cuerpo estático.
(No) Te pienso buscar hasta debajo de las piedras, puedo preguntar a un erkling si ha engullido tu cuerpo caucásico.
(Ahora me toca decir mentiras hasta cansarme, para alcanzar el interruptor de la luz con la nariz) Necesito volver a verte así, de perfil, mirando al cielo como si lo quisieras para ti. Fijarme en la curva de tu nariz y sonreír, ¡sonreír porque sé lo que estás pensando! No me estremecía, podía apartar la vista. Quiero que vuelvas a alzar la mano y verla a contraluz. Quiero más recuerdos en los que aparezcas, para poder torturarme con ellos cuando llueva, porque a ti te gusta la lluvia. Creo. No me como el coco, y te quise sólo un poco. ¡Lluvia! De verdad, ¡no parece hecha para ti! Lluvia... no se ve en tus ojos.

(No quiero decir) Adiós.

(Sensación) Eléctrica.



lunes, 27 de diciembre de 2010

No cabemos en la caja


Te entierras sin pensar
en el barro de mi alma,
y queriendo sin querer
mientras despunta el alba
con la sonrisa a cuestas
y las mejillas rojas,
te deslizas en el aire por mí,
y dices que me regalas
tus estrellas y tu calma.


Calma, que me llenó de paz.
Que dolía, asfixiante.
Sólo somos pájaros
sin alas, caídos.
Sólo sabemos ser fríos
con una intensidad
amarga, cortante.
Pero no me importó,
nunca lo hizo; y ése,
ése fue el error.


Entonces se abrió
el vórtice azulado
y caímos; tú caíste,
yo caí; siempre así...
Y el azul se volvió gris
porque no cabemos
ni cabremos en la caja.


viernes, 24 de diciembre de 2010

Lluvia.

Llovía. No sólo en las calles, que estaban llenas de paraguas y charcos, de deseos y huellas borradas por el agua... también llovía dentro de mí, dentro de mi cabeza. Apoyé la cabeza en la cristalera del balcón y acudieron las lágrimas. Más agua. Más lluvia.

¿Qué estaba -estoy- haciendo? Cerré los ojos con fuerza y sentí que debía gritar. ¿Dónde me había perdido y qué coño estaba haciendo allí?

Antes, era parte del momento. Antes, podía sonreír sin intentarlo. Antes, no lloraba, antes no llovía tan fuerte...




Ahora me quedo aquí, esperándole, siempre...

Juliette.

miércoles, 22 de diciembre de 2010


Te quiero.
Sólo eso.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Es tan fácil decir adiós, pero tan difícil hacerte a la idea...

Estimado Damien:
Ante todo, quiero puntualizar que si este asunto no te importa lo más mínimo, puedes dedicarte a hacer papiroflexia con esta carta en vez de leerla.
Nos merecemos más que esto, Damien. Somos sol y luna, día y noche, no podemos vivir en el mismo plano, nos anulamos... Siempre terminará pasando algo y volveremos a separarnos, volveremos a creer que nos odiamos y nos buscaremos... y nos encontraremos. Yo te diré ''creía que me habías olvidado'', y tú dirás ''yo sabía que tú no lo habías hecho''. Entonces, porque donde hubo fuego siempre quedan cenizas, volveremos a sentir un anuncio de lo que puede volver a pasar, de lo que podemos volver a sentir.
Y tendré (tendremos) miedo. Y no podremos querernos, porque nunca hemos podido... o sí hemos podido, pero mínimamente. ¿Entiendes? Debemos decirnos adiós definitivamente. No un adiós a medias, no un hasta pronto... debemos decirnos hasta nunca. O más bien hasta siempre... Por eso te escribo.
Por eso, debemos separarnos. Para idealizarnos y querernos pensándonos, para dejarnos huella pero no cicatriz, para no podernos hacer daño sino sonreír cuando nos recordemos. Porque no me voy a olvidar de ti, y te pido, aunque sé que no hace falta, que me recuerdes. Quiero formar parte de tu vida aunque no de tus días. Sé que parezco egoísta pero, Damien, siempre lo he sido. Esta situación en la que nos hemos visto estos últimos dos años, es horrible. No me gusta. Porque el otro día cuando me llamaste, cuando me dijiste que estabas en el portal y yo no quise bajar, sentí algo que creía olvidado desde hace tiempo. Y me duele, joder.
Tengo que darte las gracias por enseñarme a querer de esa manera, por enseñarme también que del amor al odio hay un paso y que también se puede retroceder...
Adiós, Damien. Suerte en todo.
Recuerda: Idealicémonos, querámonos como se quiere a alguien que ha muerto.
Y ahora vendría un te quiero, pero no quiero admitir nada.
Sofía.


(Sigue en www.asesinandocorazones.blogspot.com)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Heart project.

Es que no comenzó así. Quiero decir, por mi parte comenzó así, por la suya comenzó ese día catorce de mi abatimiento. O tal vez el primero. Empezamos a jugar a querer y ser querido y terminamos jugando a herir y cubrirse. ¡Qué mes aquél! Bailamos al compás del tiempo y bebimos mar... soñamos de la mano o eso pareció. Tal vez me mienta el subconsciente y nada fue así. Quién sabe. Parecía que el mundo se descolgaría de su hilo invisible y caeríamos. Me pareció que la tierra ya no me sostenía del mismo modo si no estaba para ayudarla. ¡Qué triste! Se llama dependencia, cariño, se llama quererte, se llama tropezar. Tropezando nos volvemos de hierro... o de papel cebolla.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mentiras, son tan dulces...

No me gustan los ojos marrones, odio los pingüinos, me gustan los domingos por la noche y las siete y media de la mañana, no te echo de menos...

Faltan catorce.

lunes, 13 de diciembre de 2010

... et Lemoine.

-Buenas tardes, señora Lemoine. ¿Está su hija en casa?
La madre de Alicia me miró como si hubiera visto a un fantasma. Había envejecido veinte años en cuatro y parecía más sola que nunca. Alicia me comunicó en una de sus cartas que sus padres estaban en proceso de divorcio.
-Alicia no vive aquí. -se me quedó mirando dubitativa, como si masticara dudas- ¿Eres Allan?
-Sí. Llegué a París hoy y quería... bueno... saludar a Alicia. ¿Podría decirme dónde vive ahora, porfavor?
-Espera un momento.
Entró a la casa y emparejó la puerta. Observé el jardín: Ya no habían columpios ni barbacoa, y prácticamente tampoco habían flores. No parecía ni siquiera un eco del jardín en el que pasé horas tumbado, mirando el cielo. El césped estaba seco en algunas zonas y una montaña de escombros saludaba desde una esquina. Pensé que el jardín había envejecido de la misma forma que la dueña de la casa, veinte años en cuatro.
-Toma. Espero que tengas suerte con ella, chico. Últimamente está más difícil que nunca.
Tomé el papel y le di las gracias. Me disponía a voltearme cuando puso su mano sobre mi hombro.
-Sé que te ha echado de menos.
-Gracias de nuevo, señora Lemoine. Ha sido un placer volver a verla.
Andé por las calles que tanto conocía, con ganas de convertirme en un Spiderman viajero y ascender por las paredes de los gastados edificios. Aún recordaba con una intensidad de cuento como jugaba con las llaves al recorrer estas calles, como hablaba por teléfono o como, simplemente, andaba. Pasé por la vieja heladería y me detuve a, prácticamente, saludar al anciano helado gigante que hacía de portero. Di un rodeo para no pasar por casa y, maleta en mano, llegué al Boulevard Sébastopol. Saqué el pequeño papel que la madre de Alicia me había dado y me adentré en uno de los edificios. El portal olía a amoníaco y a muerte. Subí hasta el segundo piso y me deleité leyendo la placa de la puerta: ''2º F. Alicia Lemoine.'' Toqué la puerta con los nudillos y no se oyó nada. Solté la maleta, que hizo más ruido del que esperaba. Esperé hasta que se oyó el ruido de varios cerrojos. Tres. La puerta se abrió y la mayor de mis sonrisas acudió a mi rostro. Pero se desvaneció de repente. No era ella quien abría la puerta. Era un hombre de unos veinticinco años. Tenía el pelo oscuro, los ojos verdes, sarcásticos, barba de tres días. En ese momento se me antojó el rostro del mismísimo diablo.
-Disculpe... -carraspeé- ¿la señorita Alicia?
-Ha salido. ¿Eres amigo suyo?
Sonreí sarcásticamente, respondiendo a su mirada.
-Sí. Me llamo Allan. Allan Bonnet. ¿Y tú eres...? -Estiré mi nombre deseoso de que me reconociera. De que Alicia le hubiera hablado de mí y se le borrara la sonrisa.
-Yo me llamo Louis. Soy el compañero de piso de Alicia.
-¿Y por qué no está tu nombre en la placa?
-Oh, hemos encargado otra. Acabo de mudarme.
-¿Sabes a dónde ha ido, Louis? -Dejé pasar el hecho de que ese hombre de ojos verdes viviera con ella, y, siendo totalmente optimista, imaginé que sólo era eso, su compañero de piso.
-No lo sé... nunca dice a dónde va cuando está así.
-¿Qué quieres decir con así?
-Pues... estaba triste, ya sabes. Mencionó algo sobre que echaba de menos a alguien que quería mucho y que presentía algo. Pero fue después de estar viendo fotos de... -puso cara de haber recordado algo, puso ojos de miope y adiviné que debía usar gafas- ¿Tú te llamas Allan, has dicho? ¿Allan Bonnet?
Hice un gesto afirmativo con la cabeza y Louis abrió mucho los ojos.
-¿Acabas de... volver de Dublín?
-Sí...
-Oh, mon dieu. Ve a buscarla... No te entretengo más. No sé dónde está, pero tú debes saber a dónde va en estos momentos. Al fin y al cabo -sonrió- la conoces mucho mejor que yo. Suerte.
Cerró la puerta antes de que tuviera tiempo de darme la vuelta. Comenzó a sonar algo de Love Of Lesbian, un grupo español que solía escuchar antes de marcharme.
Debería sentirme aturdido y comenzar a buscar a Alicia en todos los rincones, pero yo ya sabía donde estaba. Había ido al callejón... estaba seguro. Y tan seguro. Ella me dijo que iba a volver sólo en dos casos: Si yo volvía o si se enamoraba. Creería que no lo había cumplido por ir por otras razones, pero lo que ella no sabía es que había cumplido la primera condición. Y que tenía una cita con el destino.
Bajé corriendo las escaleras y no cesé el ritmo hasta salir del bulevar. El callejón quedaba bastante cerca y adiviné que era mejor estirar el momento. Estaba realmente nervioso. Sentía mariposas en el estómago; todo un enjambre de ellas. Entré al viejo edificio abandonado y salté el hueco -en el que iría un ventanal, supongo- que daba a la entrada del callejón. Me destuve antes de doblar la esquina y me di cuenta de que me había olvidado la maleta en algún sitio. Tanto daba. Oí un suspiro y... lo reconocí al instante. El callejón era una especie de mirador olvidado. Era un espacio entre dos edificios, que quedaba alto, y al final había una caída bastante grande. Desde ahí podías ver la ciudad, observarla, imaginar qué estaba pasando. Y, sentada al final, con los pies colgando, estaba ella. Se había cortado el pelo y ahora lo llevaba un poco por debajo de los hombros. Seguía tan perfectamente negro como siempre, tan perfectamente suyo. Llevaba un jersey gris y unos vaqueros oscuros, por lo que podía verse.
Andé lentamente todo el callejón para que no me oyera... Me sentí con casi diecinueve años y los versos al hombro... me sentí perdido como solía estar, en los ojos más azules que he visto nunca. Miré la pared y sonreí. Seguía allí. ''I will follow you forever''.
Me senté, despacito, a su lado. Miré a mi izquierda y vi a una Alicia sorprendida. Pestañeaba mucho y tenía los ojos muy abiertos. Tenía el flequillo como siempre. Los ojos, como siempre. Los labios... como siempre. El rostro, en fin, como siempre. Miré hacia delante y moví los pies.
-No ha cambiado nada... -susurré.
De pronto, Alicia me abrazó, como si acabara de reaccionar. Correspondí el abrazo y noté lágrimas en mi hombro.
-¿Qué pasa, Alicia? ¿No te alegra que haya vuelto? -Mi voz sonó como un suspiro, como una noche de tormenta.
-No seas idiota... yo... oh Dios, Allan, espero que seas tú de verdad, que no me esté volviendo loca... ¿Por qué no me llamaste? Podría... podría haberme puesto otra cosa, y... te habría preparado algo de comer y te habría invitado a casa...
-Entonces... ¿me has echado de menos, de verdad?
-Con cada célula de mi cuerpo, Allan... -me abrazó más fuerte. No pude evitar llorar yo también. Lloramos durante un rato, como idiotas. Como dos idiotas llorando de felicidad por estar juntos de nuevo, por encontrar su hogar de nuevo en los brazos del otro.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Podéis elegir: O vivir perdiéndote ocasionalmente en el pasado o terminar por no recordar quién eres, terminar anclado en planificaciones.

-Recuerdo un día en especial. Ella llevaba una camiseta color mostaza y unos vaqueros gastados. Se había recogido el pelo con un lápiz... esas cosas de mujeres, ya sabes. La miré y me miró y pensé que mis ojos eran los más afortunados en ese preciso instante; esa era la visión más bonita que podría estar viendo. Dijo algo sobre Neruda que no escuché y sonreí por inercia. Idiota de mí. Émi me preguntó, entonces, si creía en el destino. En medio de una biblioteca, recogiendo los bolígrafos y guardando los apuntes, esa no es la pregunta más adecuada. Pero Émi era así: impredecible. Le dije que creía en algo parecido... -algo parecido, algo completamente ridíclo; una especie de energía que dicta las desiciones importantes, como cambiar de país o con quién te casarás-. Ella me contó que el destino la había separado de sus padres con ocho años debido a una enfermedad que terminó con la vida de su madre, y después al suicidio de su padre. Por eso ella no quería creer en el destino. ''Puede traerte cosas buenas, Émi. Repasa los momentos que te han parecido agradables, de tu vida. Cosa del destino.''. Al final, por cosas de éste, me vine a España sin haberle confesado a Émi lo que realmente me hacía sentir, ¿entiendes? Dejé muchas cosas en París, pero eso es otro asunto. Ése fue el peor error de mi vida, porque realmente yo sabía que ella no sentía nada por mí en ese sentido, pero no importa. Ella tenía que haberlo sabido.
-¿Sigues pensando en Émi?
-Buenas noches, Damián.


martes, 30 de noviembre de 2010

Por qué, porqué. Por qué no.

Why do I love you?


Nunca me había parado a preguntarme por qué pasan las cosas. Porque nunca me di cuenta de las cosas que han pasado, nunca me paré a pensar que realmente soy afortunada; nunca me he dado cuenta de que he amado y me han amado y eso es lo más importante. Supongo que todo pasa porque tiene que pasar. Cada desición, cada conversación... todo da paso a algo. Soy de esas personas que creen en el destino... una de esas personas que piensan ''¡eh! no hay mal que por bien no venga''.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Varias docenas de veces.

Una calle llena de gente. Rebosante. Solía ser silenciosa hasta que llegaron las tiendas. Ahora ni siquiera las abejas guardan silencio. Se cuentan a puñados de gigante las señoras que desfilan por aquí con sus exagerados contoneos. Nadie se siente, pero todos se miran. De arriba a abajo, como si intentaran demostrar algo. ¿No lo entienden? Todos son iguales. Quiero decir, siguen el mismo patrón.
Mientras me perdía en mi torpe análisis de la calle, alguien se sentó a mi lado. Pude percibir un vago olor a perfume de mujer. Me giré descaradamente (aunque en ese momento no creí que fuera de esa manera) y vi a una chica de cabello ligeramente claro y largo y ojos marrones. Miró hacia mí y sonrió, tal vez por educación. No le devolví la sonrisa. Me quedé ahí, tan descarado y torpe como siempre, analizándola.
Descubrí que ya la había visto varias docenas de veces. La había visto llorar, reír, la había visto caer y volar. La había visto varias docenas de veces, varias docenas de noches, en sueños. Era la chica del vestido azul, la chica con la que soñaba en mis noches de selectiva soledad. La amiga de las ratas sentaba en un par de tablones llamados banco, a mi lado. Siempre a mi lado.
En lo que dura un pestañeo abrí los ojos y me tapé la cara con las sábanas. Me di cuenta, un rato después, de que tenía la cara mojada. Me pregunto por qué lloraba. ¿Lloraría por el dolor de cabeza? ¿Por la vida que se me iba entre humo e infelicidad? ¿O porque tal vez, sólo tal vez, me estaba enamorando de alguien que sólo existía en mi cabeza?

domingo, 21 de noviembre de 2010

Bonnet.

Allan salió del aeropuerto con una sonrisa que parecía pintada en su cara. Ni siquiera se molestó en ponerse el abrigo, estaba demasiado ocupado como para tener frío. Por fin respiraba de nuevo el aire de su ciudad. Por fin vivía en el mismo marco en el que había nacido. Corrió arrastrando las dos maletas, que eran más de la mitad de altas que él. Subió al taxi y no dio la dirección de su casa. Estaba deseando llegar y abrazar a su madre por primera vez en cuatro años, pero había algo que deseaba aún más. Dar una sorpresa. Quería ver a alguien, quería comprobar que estos cuatro años de distancia y penumbra no había dejado rastro en su rostro. Que sus ojos seguían brillando con la misma intensidad.
Ni siquiera podía pestañear. Estaba en París, ¡en París! Su estancia en Dublín ahora no era más que un recuerdo. Las noches de nostalgia, las cartas y la sensación de vacío ahora no eran más que recuerdos no muy felices. Irlanda quedaba ya lejos.
Bajó del taxi y sintió que rozaba el cielo, ahí estaba la casa del color de éste. Subió los tres escalones hasta la puerta lentamente, como si quisiera estirar este momento. En realidad, se sentía nervioso. Tras cuatro años volvería a verle la cara... Se tocó la perilla y sonrió, ya frente la puerta. Bajó un poco y agarró el collar que, colgado de su cuello, destacaba sobre su camiseta oscura. Una chapa de botella.
Estiró la mano y tocó el timbre de Alicia. Por fin estaba en casa.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cristales de sal

Somos frágiles. No lo creía, ni lo creías, pero es cierto. Nuestro refugio, los suspiros del otro. Sus palabras; los días en los que ni tú ni yo nos poníamos de acuerdo y terminábamos mintiendo para que lo pareciera. Tan frágiles. Cristales de sal. ¿Qué puedo decir? nuestro ''nosotros'' era indesición. Siempre de puntillas sobre la cuerda floja, gritando para poder prestarnos atención. Nos llamábamos luz y oscuridad. Creí que no, pero en realidad sí que éramos opuestos. Tú querías ver luz estando ciego, yo quería rozar la noche con la punta de los dedos. Y cada uno quería que el otro le llevara a ello. ¿Nos decepcionamos? Diría que no. Tanto da. ¿Nos hicimos daño? Diría que tal vez. Así somos. Frágiles.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Marcos y Julia




''-¿Sí?
-Te echo de menos. -la voz suena clara, rápida. Como si llevara tiempo planeando esas palabras. Obviamente la reconozco, y se me curva el alma.
-...¿Qué quieres?
Silencio. Oigo un suspiro por el teléfono y sé que Marcos se resigna al otro lado.
-Necesitaba oírte. Incluso si hubiera oído insultos, o amenazas por tu parte, mi llamada habría sido exitosa. Necesitaba oírte, joder. Pero ahora necesito recorrer la curva de tu cuello, acariciarte el pelo... Necesito quererte de cerca; no me basta con quererte a medias. -Temblaba, con el auricular del teléfono en una mano y mis lentes para leer en la otra, amenazando con caer al suelo. Si hubieran caído no me habría inmutado. En ese momento no. - Pero qué estoy haciendo... No. No me permito perderme de nuevo en tus ojos. No voy a caer.
-Marcos...
-Cállate. Cállate, no digas nada. Eres como una droga, joder. Como una puta droga.
-Marcos, escúchame; tenemos que dejar de hacer esto...
-¿A qué te refieres?
-Nos hacemos daño, ¿no lo ves? Pasan meses, y me llamas... Me llamas con la voz rota y me torturas así. Y yo vuelvo hacia atrás y pienso que soy la misma, que somos los mismos, que te quiero...
Suspiro y el silencio vuelve a hacer su aparición. Agradecido silencio. Podría darle a ese botoncito rojo y colgar, podría dejar de coger sus llamadas. Pero yo también necesitaba oírle. Sólo para saber que su voz rota seguía teniendo la misma intensidad, el mismo tono de domingos con tormenta. Egoista es lo que soy. Por interesarme por un corazón que yo he roto. Quién me iba a decir que cuando rompes un corazón, cargas el peso de éste a tu espalda...''

jueves, 11 de noviembre de 2010

-Quiero decir... no era inexplicable. Era extraño, eso sí, pero no cruzaba esa línea. No era más que frío intentando ser calor. Palabras, mis trazos intentando recrear la magia de sus facciones. Nada se detenía, aunque el cine, las canciones y los libros te hagan creerlo... Sus palabras, sólo eran palabras, nada más. Y sus saludos, saludos. No eran ninguna especie de escalera hacia la luna. Era algo más sencillo y menos extravagante. En un día normal, ¿cuántas personas pueden llegar a saludarte? Pongamos 25. Cuando 24 de esas personas te sonríen, o te saludan, sonríes con los labios. Cuando la persona restante -oséase, el quid de la cuestión- lo hace, es algo parecido a sonreír con todo, con el alma, los labios, y demás. Sólo eso. Nada surrealista. ¿Entiendes, Julia? No es inexplicable. Es tan sencillo como querer, y tan complicado como que todo te conduzca a ello.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Una historia de penumbra, de despedidas, de noches de insomnio...

Eras penumbra. Gris, discreto. Eras humo, papel.
Localicemos la locura. La sangre de tus venas. Decías que no servías para nada, te gustaba salir de noche, solo, a observar cómo la ciudad se bañaba con la luz de las farolas. Soledad era tu segundo nombre. Mirabas a la muerte a los ojos y te reías, érais iguales. Pequeño trozo de tortura, te llamaban.
''Te amo'', decías, con tu acento de dolor. No te respondía. Me limitaba a poner excusas y colgar el teléfono. ¿Cómo podías, siquiera, pensar en dedicarme esas palabras? Pensarlo es como si me dedicaras mil suspiros...
''Te quiero'', alcancé a decir una vez. Distinto grado, supuse. Cerré los ojos y me arrepentí de todo. Supongo que lo peor de caer siempre es el momento en el que tocas el suelo. El momento en el que el brillo de tus ojos me conduce a la más profunda irrealidad.
Y pensé que tal vez estaba bien que me dedicaras esas palabras. Pensé que sería capaz de olvidar todo lo que había pasado y quererte, así, sin más. De soportar la penumbra.
Entonces, creyendo que ya había caído, que ya había pasado lo peor, caí de veras, con dos palabras que no soy capaz de admitir que dije.
Y ahora, ¿no seremos más que recuerdos?

lunes, 25 de octubre de 2010

-¿Recuerdas? Nos queríamos.
-Antes.
-Antes, ¿de qué?
-Del efecto de congelación de mi corazón.

sábado, 23 de octubre de 2010

Tormenta.

Es tarde; la noche te obliga
Fúndete con la tormenta
Llegas tarde, llegamos tarde
¿Deberíamos volar, ser como cometas?
Cicatrices, ser maquinal
Y te vas, sin mediar palabra
Te retuerces entre cisnes,
Por tu amor virginal
Creces, vives, mueres; sigues siendo tú.
Armas cargadas de suspiros;
gritos de almizcle
Y si quemas margaritas,
¿puedes quemar las nubes?

martes, 19 de octubre de 2010

Nagligivaget


Sentimientos. Formas de mirar, de hablar, de reír. De querer.
Indiferencia. 101 maneras de sacudirme. Infinitas maneras de hacerme sonreír.
Lunares. En el labio inferior, ligeramente a la derecha.
Ojos. Color café. Color insobnio.
Decepciones. Posibilidad. Amor. Sonrisas. Palabras. Costumbres.


sábado, 16 de octubre de 2010

Marlene, la ladrona de corazones.

Tenía el cabello oscuro y magia en los ojos. Decían que en sus labios podías encontrar el Edén.
Arañaban asfalto por ella. Bebían del alcohol de sus palabras, y soñaban con el bajo de su falda. Era un pequeño trozo de infierno. Ella era de esas mujeres que no recomiendan. De esas que te muerden el corazón. Decían que era salvaje, obscena.
Creo que prácticamente nadie conocía su nombre. Se hacía llamar Marlene, pero siempre reía y hacía constar que ese no era su verdadero nombre.
Mientras me arañaba el alma me contó que había amado una vez. Él era escritor. Uno de esos hombres de los que nunca llegabas a conocer más de lo que él quería mostrarte. Almas gemelas, afirmaba Marlene. Decía que aún llegaba a estremecerse al recordarle. Bajó la mirada y me confesó que el escritor se había ido con una prostituta. ''Qué te voy a decir. Ella no era menos de lo que yo soy ahora. Me acuesto con hombres, con mujeres, me subo la falda y recorro las calles sonriendo a extraños.''
Ese día conocí el secreto de Marlene. La entendí, supongo. Entendí que nunca conseguiría ser para ella como ese escritor. La chica a la que todos señalaban no era más que una muchacha con el corazón roto.
El once de octubre, llamaron a mi puerta. Le habían robado la vida igual que ella robaba corazones...