¿Qué significará el tiempo sin relojes?

lunes, 17 de septiembre de 2012

¿O sí lo sé?

No lo sé, ése es el problema. No sé qué hacer ni cómo hacerlo. No sé si voy a tener las fuerzas suficientes, cómo vas a reaccionar y qué va a pasar después. No sé de qué color pintar mis noches si decido que no, no sé si gritar o morderme las uñas, no sé si tú lo sabes. No sé qué camino seguir. Mi camino se bifurca y tengo dos opciones: el camino negro y menos arriesgado y el camino verde y vivo que no sé a dónde va a llegar. No sé si voy a conseguirlo.
Pero lo peor de todo siempre ha sido que no sé quererte. Y no sé si eso va a cambiar ahora.

...


Algún día encontraremos lo que estamos buscando, esa senda que nos guíe durante el resto del viaje. Pero mientras tanto tenemos luz verde para salirnos del camino, tropezarnos y perdernos.
Soñar es gratis y me sobran ganas.

Bleh.

Recuerdo perfectamente aquellas noches. Te alojabas en mi cabeza mientras intentaba dormir, te hacías un pequeño hueco en mi mente y me llenabas de recuerdos no muy lejanos, alegría presente y planes de futuro. Me hacías pensar que eras un pequeño cúmulo de esas tres cosas: un pasado dulce, un presente efímero y un futuro alegre. Qué ironía, porque recuerdo que una vez me dijiste que yo era un cúmulo de las cosas malas que te habían pasado en la vida. Tú mi supuesta vida y yo lo malo de la tuya.
Ahora tengo la cabeza vacía en esos momentos. Muchas veces, en los momentos malos, deseé no pensar en nada y conseguir así evadirme del mundo, pero no es tan dulce como yo creía. No me gusta concentrarme solamente en que tengo los pies fríos. Me parece una estupidez y, además, no me gusta que hayan recuerdos allí donde antes hubo sentimientos. Tal vez por eso me guste eliminarlos.
Dime, ¿en qué voy a pensar ahora cuando me esté quedando dormida? No me quedan más finales felices que inventar.

(...tal vez sólo sirviéramos para eso,
¿no? Ojalá...)

sábado, 15 de septiembre de 2012

De estupideces.

"-¿Alguna vez piensas en el futuro, Jeff?
-El futuro... -mira al infinito durante un minuto. El silencio entre nosotros se vuelve agridulce- No. La verdad es que no.
-Ya.
-¿Y tú?
Sonrío.
-Claro, suelo pensarlo mucho. Me imagino viviendo en una casa con ventanas enormes y flores en el jardín. Con hijos y con alguien como tú.
Jeff me mira igual que miraba al infinito hace un momento. Me mira tan fijamente que siento que sus ojos se multiplican y me miran desde cien perspectivas distintas. Espero una sonrisa que no llega.
-Alguien como yo, tú lo has dicho. Alguien como yo."

(¿No esperabas otra cosa?
A veces las cosas son así. Repentinas.
Lo que debemos hacer es coger el momento, hacerlo bolitas de papel
y mandarlo directo al vacío
en vez de dejar que se una al tuyo.)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ellas suben y bajan y nos dejan más quietos de lo que parecemos.

Me pregunta qué es lo que más odio en el mundo y lo único que hago es sonreír; ni siquiera soy capaz de catalogar esa sonrisa. Tendría que estar entre la ironía y la antipatía, pero sin embargo creo que le he sonreído con dulzura.
Me pregunta qué es lo que más odio en el mundo y no soy capaz de pensar una respuesta adecuada. Tal vez no crea en el odio o tal vez no haya sido capaz de amar lo suficiente algo como para poder llegar a odiarlo. Tal vez, sólo tal vez, no me han hecho el suficiente daño. 
¿O me da miedo? ¿Me da miedo odiar, que me coma la rabia y me consuma poco a poco? No creo que nadie pueda llegar a querer dedicar pensamientos a esa persona que le ha hecho algo, llegar a sentir algo, por muy poco que sea, por esa persona.
-Creo -respondo, al fin- que lo que más odiaría en el mundo sería odiar.
Pero sería odiarle. Porque lo que siento por él es lo más cercano al odio que jamás he experimentado.
Recuerdo sus llamadas a las doce de la noche, sus suspiros malintencionados, su sonrisa -que por cierto, era capaz de llenar toda la habitación-, el sonido del latido de su corazón y sus ojos llenos de lágrimas. Sí, creo que he llegado a sentir auténtica rabia por él alguna vez.
Es duro aceptar cuando el amor pasa a ser ira. Pero es algo que siempre ocurre. Aunque creamos que no, es inevitable.
Cuando salgo de la cocina doy un portazo y le oigo resoplar.

martes, 11 de septiembre de 2012

Adiósadiósadiósx

Querido Robert:
Hace tantísimo tiempo que no te escribo... diría que meses. No te voy a pedir disculpas por eso, si es lo que estás esperando.
Han sido los meses más fáciles de mi vida. Puedo respirar, puedo moverme con tranquilidad, puedo ser yo sin un tú que me defina. Creí que no podría vivir sin tu supuesta electricidad y tu sonrisa triste, pero lo conseguí y ahora puedo decírtelo con total seguridad: soy feliz sin ti. Muchísimo más feliz de lo que fui cuando te tenía a mi lado. Joder, no te necesito. Cuando me di cuenta de ello sentí que podía estirar la mano y tocar el cielo, me dieron ganas de gritar que estaba bien. Yo misma me había estado haciendo la vida imposible, obligándome a mí misma a preguntarme qué sería de mi vida si tú no te hubieras ido de ella (y ahora lo que me pregunto es qué habría sido de mi vida si tú no hubieras llegado). Me obligaba a sentirme mal, por raro que parezca, porque sentía que era lo que debía pasarme, porque al fin y al cabo durante un tiempo fuiste algo muy importante para mí. Casi como mi oxígeno. Pero casi.
Y ahora, ahora ya puedo sentir cosas sin ti para que las acentúes. Cuando camino oigo mis pasos, cuando toco la corteza de un árbol la siento, cuando me caigo siento dolor. Y cuando pienso en ti, Rob... cuando pienso en ti no siento absolutamente nada. Ni siquiera vacío. Nada. Una nada enorme y palpable que me llena y me hace reírme a carcajadas.
Entonces, solamente me falta una cosa por decirte: Gracias. Gracias por el daño causado, que me hizo muchísimo más fuerte. Gracias por las experiencias, que me hicieron aprender que nunca debo confiar en alguien que no me ha demostrado nada.
Tu existencia... ya no me parece injusta.
Y recuerda, Robert, que mi vida la controlo yo, no tu recuerdo.
Adiós,
Isabella



(¿Un mosquito puede resucitar?
Ya sabes de lo que hablo.
Y sabes que te hablo a ti.)

sábado, 8 de septiembre de 2012

...


Cuando desperté las lágrimas corrían ya una carrera. Llevaba meses sin llorar, pero lo hacían: salían de mis ojos y se deslizaban por mi piel muy deprisa. En mi cabeza se sucedían imágenes con una rapidez aterradora: tú, yo, el agua que mojaba nuestros pies aquella tarde; tú, yo, el mundo bajo nosotros; tú, yo, nuestros pies colgando de una azotea con cientos de hormigas humanas haciendo de suelo; tu, yo, corríamos por la acera sin saber qué perseguíamos. Tú, yo, tú y yo, nosotros.


Las cosas bonitas son las que más duelen.


viernes, 7 de septiembre de 2012

...

Ocultaba dos rosas secas en aquel libro. Exactamente dos, con los pétalos intactos.

miércoles, 29 de agosto de 2012

...

¿Sabes lo irónico? Que planeamos que fuera para siempre y ahora lo único que nos separa es el tiempo.

But...

martes, 28 de agosto de 2012

Vida vs. tú y yo.

El mundo se movía y nosotros nos quedábamos parados, muy quietos, respirando el momento y deseando que nunca se marchara. La vida avanzaba y nosotros no. Después hacíamos un pequeño esfuerzo y corríamos para alcanzarla. Pero nunca íbamos a su ritmo. Y tampoco nos esperaba. Podríamos haber perdido el camino si hubiéramos demasiado tiempo pendientes de nuestra respiración y de los colores del crepúsculo. Porque ella avanzaba, sutil y rápida, mientras nosotros simplemente creábamos recuerdos.

(que después cortarían como el filo de una navaja y además
nos dejarían profundas cicatrices
de esas que no se sienten, pero te recuerdan los golpes)




sábado, 25 de agosto de 2012

86



Apareció ella dejando la blanca estela que delataba su paso por mi pequeño rincón, llenando mi campo visual de copos de nieve que en vez de caer la seguían. Tenía los zapatos blancos impolutos. Su cabello también parecía desteñido, un flash eterno a modo de cascada que caía por su espalda y se fundía con todo lo demás. Se paró unos segundos y tosió. No era capaz de ponerse recta del todo, su espalda siempre dibujaba una pequeña curva que solamente podías ver si la mirabas con atención. Olía a chocolate caliente con canela. Me hizo recordar las noches en mi azotea quemándome los dedos con la taza y, como por accidente, el rojo de sus mejillas me trajo recuerdos mejores.
Podría haberse llamado de cualquier manera. Pero a mí me gustaba llamarla Invierno.

viernes, 24 de agosto de 2012

Raros con manías.



Un instante antes de gritar, me pregunta:
-¿Crees en mí?
Sonrío.
-Eres lo único en lo que creo.
Y mis palabras quedan amortiguadas por la fuerza de su voz. Escucho el eco de su grito como si pudiera contarme las historias que sus pupilas me ocultan (sin éxito).
No me importa que se quede para siempre en mi memoria y no en la suya, me da igual que no me haya escuchado. Sé que sólo lo sé yo.
Entonces, grito yo y creo oír un murmullo roto por debajo.

miércoles, 22 de agosto de 2012




No sirve de nada.
Siempre, tarde o temprano, ocurre. Lo ves y no lo evitas.


Ése es tu problema... Te paras a observar y a desmenuzar la situación, le das mil vueltas y la miras desde todas las perspectivas posibles. Te metes en la piel de los otros y analizas lo que se siente en la tuya, buscas mil soluciones viables o mil formas de hacer desaparecer el problema por arte de magia -la magia no existe-. Te frustras, te guardas las explicaciones en el bolsillo y lo dejas pasar. No actúas. Simplemente planeas -y ojalá lo hicieras en el otro sentido, para planear por encima de los molinos y aterrizar con suavidad en el césped- y le das vueltas. Pero, maldita sea, tus problemas no son peonzas. 
Con la misma pregunta siempre en la cabeza -¿por qué?- recorres los lugares que significan algo para ti como un fantasma. Andas despacio, a veces no tanto y te metes las manos en los bolsillos evitando que algo se te escape. Ni siquiera eres lo suficientemente valiente para llorar, gritar, patalear o arañar. Eso requiere valentía. Es aceptar.
No te escondas más... porque algo que es parte de ti estará contigo en cualquier sitio.

(Y yo debería dejar de escribirme cartas a mí misma y darle una patada a la verdad para ver si así se vuelve una de esas mentiras edulcoradas que, falsamente, te endulzan con entusiasmo)

martes, 21 de agosto de 2012

VII

1. Tienes. Cuando te sientes plena y única y sientes que eres capaz de hacer cualquier cosa solamente porque X puede empujarte a ello. Cuando la sonrisa se te estira tanto que te duele, eres feliz y quieres que todo el mundo lo sepa.
2. Temes. Cuando sientes que se te escapa por entre los dedos y sabes que no puedes hacer nada al respecto. Lo sabes, pero eso no evita que lo intentes: te dejas la piel en ello o al menos intentas aparentarlo. Te cubres con una máscara para intentar volver al paso 1. Los momentos buenos son más reconfortantes pero más escasos y los malos te cortan como una cuchilla.
3. Pierdes. Cuando eres incapaz de seguir. Abandonas o simplemente te obligan a abandonar (no es sólo tu juego). Sientes que no pasa nada, que puedes seguir, pero después...
4. Extrañas. No hay nada peor que extrañar. Recreas mentalmente los dos primeros pasos una y otra vez, te deleitas con los recuerdos de cuando tuviste y con el dolor de temer, que al lado de éste parece dulce y lejano. Y te vuelves fría.

viernes, 10 de agosto de 2012

Sloooowly...

Y dispara. Te pega un balazo de buzones vacíos y neveras sin fotos.





Hoy te daré las buenas noches para el resto de tu vida, sé que no puedo darte los buenos días porque nunca los tienes.










jueves, 9 de agosto de 2012

57.

"-A veces es más triste la idea de sentirte mal que la propia tristeza, ¿no?"