¿Qué significará el tiempo sin relojes?

jueves, 25 de febrero de 2016

carta a jc

De nuevo te escribo, de nuevo me arranco las tripas y las esparzo sobre este papel quemado. ¿Las ves, ves cómo se tuercen y lo llenan todo de sangre? Porque yo soy sangre. Hay días en que no lo noto. Otros, sin embargo, sangro. Por la boca. Por los ojos. Por la vagina. Estoy llena de cosas, y a veces las cosas se salen de mí porque ya no quieren estar conmigo o porque quieren que me vea, ¿comprendes?, que vea que no soy solo esta piel que me cubre cruelmente y me aleja de. Tengo ganas de cortarme el pelo al cero y raparme las cejas y arrancarme las pestañas. La piel a jirones, Julio, como quitar un pellejo de los labios y acabar llevándote a cambio un trozo enorme, inmenso. Una vez, cuando iba al colegio, mi vecino me contó que se había quitado un trozo de piel del dedo y había acabado arrastrándola toda y había tirado una copia (transparente) de su cuerpo a la basura. Me pareció una historia fascinante, me la creí y quise rebuscar en el contenedor para ver si era cierto. No me hizo falta: esas cosas, amigo mío, son ciertas de algún modo. Como es cierto el humo de los cigarrillos de Rayuela, como es cierto el cuerpo anudado de la Maga y la locura de Horacio, la locura, la insana y brillante locura de Oliveira después de enderezar todos*los*clavos.

Y la locura, Julio. ¿Yo estoy loca? Es decir, ¿yo tengo dentro lo que tenía Horacio, lo que le condujo a un hospital y la ventana y encontrar a la Maga en todas las esquinas? Algo que se lleva dentro. Todo lo que somos es consecuencia de lo que somos, a su vez, en el centro, en el fondo de todos los fondos. No es ningún pozo. Es el estómago. Dime: ¿me va a tocar pintar enanitos como Nicole, desenterrar los colores ancentrales de los enanitos y acabar con un diccionario ilustrado, o voy a desear que Marrast me arranque la piel sobre la mesa? ¿Voy a amar a Hélène, no es cierto que ya he amado a Hélène, que todos tenemos una Hélène y no tanto una Maga porque yo soy, en realidad, la Maga? Bisbis bisbis. ¿Celia? No soy tan tonta. ¿Horacio? ¿Puedo volverme loca? ¿No es cierto que ya me he caído, que tenía un límite y lo he pasado y me he visto mejor fuera, mejor en el fondo de la zanja? Porque en el fondo, querido, había un camino. Y por ese camino se llegaba al mundo. Mi madre me lo dijo una vez: y qué pasa si rompes tus propios límites. Y qué pasa, mi niña, si tú vas cambiando con la vida. Y qué pasa, mi niña, si la piedra es de piedra y tú eres de carne.

Algún día veré cómo se acaban las cosas. Desde el borde de algo. Y saltaré. Sin tablas entre ventanas (inestables, falsos puentes), sin colchones. Saltaré y me caeré en lo que haya, un vuelo arriesgado, un vuelco a las cosas. No sé lo que pasará, y además soy consciente de que no lo voy a encontrar en las páginas de ningún libro. Aunque los libros sean mi vida, aunque sean mi casa y mi estrella. Todos*los*clavos. ¿Cuál es la utilidad de enderezarlos, eh? ¿Qué pasa, eh? Quiero vivir, ¿sabes? Verlo todo, sentirlo todo, serlo todo. Encontrar la grandeza y la pequeñez de todas las cosas. Hay días en que no tengo fuerzas (cuando no se me ve la sangre, o cuando se me ve, no estoy del todo segura), pero a veces, a veces me ahogo por dentro porque tengo demasiadas cosas. Me podría ahogar, podría naufragar en un vaso de agua. Pero lo bueno, Julito, es que también podría nadarlo.

Decido. Decido. Decido.

¿Enderezo los clavos o los tuerzo? ¿Sangro o me recojo?

Las tripas, Julio, están aquí, sobre este papel ausente. El estómago es la vida. Los ovarios son la vida. El útero es la vida y yo soy la vida. La vida es la Maga que se contempla en el espejo y se recoge los pechos con las manos. Su cuerpo desnudo, querido Horacio, querido Julio, eso es la vida, y mi vecino arrancándose toda la piel del cuerpo. Vivo en los libros y los libros existen, y la Maga existe, y existe Hélène, mi Hélène querida que ha sido otra Hélène y que existirá siempre (porque su sombra es más densa que las demás, y más fría). Qué cruel esta piel que me cubre y no me deja enseñar lo que tengo. Qué ganas de morderla. ¿Para eso sirve la desnudez? ¿Para estar más cerca, más cerca, siempre con una barrera finísima pero más*cerca*que*nunca?

Necesito leer. Necesito encerrarme en las palabras. Necesito existir. Necesito sangrar. Necesito escribirte.
 

martes, 23 de febrero de 2016

breve informe sobre mí

Martes 14:58 Aida es descubierta poniendo la misma cara que tú cuando mirabas al vacío. Aida se descubre poniendo la misma cara que tú y la expresión dura dos segundos. Encoge los puños (después) porque había pegado los labios (antes) y había estirado las comisuras (siempre). 15:01 Se da cuenta, Aida, de que repentinamente te entiende y se ha visto detrás de tu rostro cuando mirabas como si y sentías como que. "Me encanta tu cara de 'podría destrozarte con una palabra", cree que una vez te lo dijo, que te lo dijo y no le hiciste caso pero volviste a apretar la boca. 15:02 Aida estaba equivocada. Lo sabe ahora. Piensa en ti, en ti y en dónde estarás ahora y cómo tendrás los ojos y qué estarás mirando. Pero 15:03 tu expresión de mirar al vacío no era volar por encima de nadie, no era pasarte las cosas, no era nada bueno porque tú mirabas al vacío con la cara curvada como Aida 14:58 es descubierta. Descubierta después de no entender dos palabras (hoy no oye bien de un oído, apunte) y de morirse de vergüenza. Mira la pantalla con los ojos fijos y trata de esbozar una especie de. Y no es mirar por encima del micro y entrevistado en la esquina y habla, habla, yo podría hacer que te callaras para siempre. Aida es descubierta 15:06 derramándose una gota de café en la teta izquierda (es patosa, apunte) porque tú, porque ella, porque Aida cada vez se parece más a ti y se ha dado cuenta tarde mientras miraba con tu carita de vergüenza y ella pensaba que. Conclusiones anexas (de elaboración propia) que adjuntamos como muestra de respeto: si Aida ha tirado la gota de café, si Aida se ha quedado paralizada y se ha quemado la lengua (lo sabemos por la forma de arquear la mano izquierda), es porque se parece a ti solo por fuera. A ti desde ella solo, solo, solo por fuera. Piensa (lo sabemos por la forma de levantar las cejas): mi espejo solo muestra mi cara y no lo de dentro, den, tro. Cierto eco entre la frente y la coronilla. 15:09 Quizá no comprende que se siente exactamente como tú cuando ponías esas caras y que ella, Aida, solo puede conocerte ahora, desde sí misma. Que tú eres un pozo cerrado, inabarcable, aunque parezcas (lo sabemos por la voz) una caja abierta. Aida es descubierta poniendo la misma cara que tú cuando mirabas al vacío y Aida descubre que esa mirada no era de ti. Tú no existías y ella ahora. Ella ahora sí existe, es lo único que existe, es lo único fiable aunque se derrame café encima y esté un poco sorda y tenga pintadas solo las uñas de una mano. Aida (lo sabemos por el eje de la boca) se buscó en ti y ahora eres tú la que se encuentra en ella. 15:46 Todavía lo piensa, adiós, se marcha a casa, te arrastra por la calle (casi no pesas, apunte), anda patinando porque te tiene en los tobillos. Tú andas así, excepto porque sueles llevar tacones y mueves más las caderas y menos las manos. Hay un reflejo, sin embargo, en el borde del ojo. Aida es descubierta en el mismo escondite que tú. 

Conclusión del informe: nada relevante. Un poco sorda de un oído. 
 

domingo, 7 de febrero de 2016

muro


como no tenía casa, tuve que inventarme un muro. lo pensé grande, vigoroso, alto como las estrellas y los centros comerciales. lo mejor era que podía llevármelo conmigo. mi muro y yo íbamos juntos por la calle y nos refugiábamos en cualquier árbol, en cualquier banco de cualquier plaza (no necesariamente plazas con nombres de escritores). dormíamos juntos. vivíamos juntos. el muro era mi casa pero también mi amigo, mi compañero, mi otra mitad de la vida a mitades y mi confidente más leal: sabía que me daba miedo la calle, que me asustaban las manos de los hombres, que sentía un terror visceral a que me invadieran los huecos (bonita metáfora para decir que) alguna noche. me protegía. creo que me quería o que al menos no quería que me hicieran daño. que no quería que temblara en medio de las plazas y los barcos y las lunas. era el muro más dulce de todas las paredes de ladrillo. era el muro más bonito. lo llené de pintura y dibujos y besos para que los demás le tuvieran envidia. para que no lo tocaran, carajo, sin permiso.

no tenía casa.

viernes, 5 de febrero de 2016

cosas que


cuando me cuentas cosas que consideras defectos y lo haces como si fuera una revelación y yo te miro y no las puedo ver más bonitas y no puedo sentirte más grande y sé que todo en la vida debería ser una confesión con nombre al final
 

sábado, 30 de enero de 2016

conversación


Hace mucho tiempo que no me enfrento a mí misma. Escribir es responderme, muchas veces, pero hay días en que escribir es solo preguntar. Preguntar, preguntar como una loca, preguntas brotándome de los poros y de los ojos y de la boca. Y si hay silencio, si no hay ruido, también pregunto: me pregunto con la sangre y con las vísceras y con los dientes. Me muerdo para preguntarme. Me duelo para preguntarme. En la calle hay diez señoras, un grupo de señoras, que me miran como si estuviese loca: llevo unos pantalones rojos, caídos y tristes, y una camiseta pegada al miedo. ¿De qué tengo miedo, Aida? ¿Qué me asusta? Me asusto. Tengo toda la razón: me asusto. Cuando salto de los ojos hacia el suelo y me estrello. Me estrello, exploto, lleno de mí la calzada y los pies de los que pasan. ¿Paseas apaciblemente, transeúnte? Llévate un pedacito de este cuerpo roto, tocado, deshecho. Llévate un pedacito del fantasma que me escupe dentro, que me hace subir el vapor hasta los ojos. Que me entierra. Aida, no entiendes bien lo que pasa. Aida, has soñado algo horrible.

Sí, es cierto. He soñado que aceptaba las cosas malas. He soñado que había pasado algo distinto porque yo había sido distinta y había cedido, y me había doblado como una vara de hierro. Los clavos torcidos. No: me había quedado recta, lo había dejado estar, no me había hecho curva. Soy la curva. Soy el clavo que tiende a la izquierda, que ya no espera que nadie lo enderece. Lo derecho es el peligro. Lo recto es la muerte. Muerte de mis manos, de mis dedos, muerte de mis ojos llorosos y mis dientes de sonrisa que muerden, muerden el aire y lo hacen y me duelo, Aida, me dueles en el centro del estómago.

¿Qué te pasa? Nada, Aidita. Es la vida. No es nada, pero has soñado algo horrible. Has soñado que decías que sí. ¿No lo entiendes? Que decías que sí. Todos los sueños son una reconstrucción de imágenes que hemos visto. Que hemos construido a partir de fragmentos y trocitos de lo que hemos vivido. Es así, no hay otra vuelta. Has construido un sueño horrible a partir de qué. A partir de todo. Has cogido una imagen vivida (por desgracia, cariño mío) y la has hecho trizas. Y las voces. Agarraste las voces ocultas en tu cráneo, guardadas en el cajón de lo inútil, de lo que no se enseña, de lo que no se toca. Aguja e hilo para el sueño. Has soñado algo tan horrible.

No era horrible. Sí era horrible. No era horrible. No había dolor. Pero era horrible. Coincidimos: era peor. Era peor un sí que un no, era peor porque no tenías derecho a decir que sí y sí tenías derecho a decir que no aunque a todos los efectos aquel no fuera tomado como un sí. Como un no inválido. Como un no injusto. ¿Por qué? ¿Para qué?

Para eso. Solías mirarte al espejo con rabia. Solías mirarte y decirte eres imbécil y decirte no lo cuentes nunca. Después empezaste a tener curiosidad. ¿Quién soy? Aida, ya sabes lo que eres. Aida, no puedes esconderte de mí. De ti. Aunque saques los pedazos con el humo y los veas bailar y fundirse y ser otros y ser tú. Hace mucho tiempo que no te enfrentas a ti misma. No te gusta lo que puedes decirte. Sí te gusta, a la vez, yo lo sé. Te gusta porque vas a dejarlo ir, no te gusta porque no te ves con derecho a perdonar. Esto no es mío. Esto es del mundo. Perdonar significa decir que no importa, y decir que no importa es una falta de respeto para todas las que lloran y se retuercen los pies y se mecen en un campo sin raíces. Lo sabes tan bien, lo entiendes tanto. No te creas: también te duele por ti. Porque solías mirarte con rabia. Porque sabes lo que sentiste cuando pasó y cuando soñaste algo horrible.

¿Cómo puede dolerte todavía? Pues me duele. ¿Cómo puedes sentirlo todavía? Pues lo siento. Encima. Como un bloque de hormigón. Presionando y respirando y haciéndome daño. ¿Cómo quieres que perdone, cómo quieres que perdone lo que sigue ahí? A ti ya te he perdonado, Aida, lo sabes bien y por eso puedes mirarme y darme besos y saber de mí. Si no fuera así, créeme, seríamos dos y viviríamos aisladas y nos caeríamos cada una por su lado en el borde de la acera. Confío en ti. Hace mucho que no nos enfrentamos, pero confío. ¿Cómo puedes confiar? ¿Cómo puedes pensar que? Lo que pasa es que has soñado algo tan horrible.

No se lo contaré a nadie. No importa. Son fragmentos vividos: se quedan en secreto. Eso te pregunto. Si quieres. Si prefieres. Porque es tan horrible. Y no van a entenderlo. No como yo, niña loca. No como yo. Yo sí que te sé. Yo sí que lo sé todo.
 

m u j e r e s


no necesito permiso
para doblar el horizonte
no necesito permiso
para estrechar la tierra
no necesito permiso
para volar con las orejas
no necesito permiso
para hacer siluetas de humo
con el borde de mi boca
aros
estrellas
mujeres
no necesito permiso
para amar un cuerpo espejo
no necesito permiso
para amar mi cuerpo
no necesito permiso
para tocar debajo de la tela y
pensar que quiero que
y
no necesito permiso
para levantar la voz hacia los árboles
cantar una canción de cuna
para mí
no necesito permiso
para quererme
y mecerme a mí misma con las manos
y darme consuelo
pobre niña pobre mujer
no necesito permiso
para mí
ni para ellas:
nos protegen las raíces
de los pinos milenarios
y nos dicen vengan
y nos dicen prueben
y nos dicen
mejor si no hay permiso


 

espuma


cómo elevas la espuma de los ojos
hasta el cielo raso y reposas con los dedos
en mi cuerpo vértebra
en mi cuerpo rabadilla
tienes
en el centro
un color de ciegos
me convierto en polvo de polvo
voltaje de tus dientes
niña-fiera
lo que miras se diluye
cómo atraes el agua hacia mi cuerpo
haces ondas haces lluvias de tristeza
¿me entiendes?
siempre dudas conmigo
tras la máscara de mi cara y
cómo explotas la boca con mi boca rota
¿no ves que sufro y lloro despacio
porque el agua de los lagos
me sabe a ti?
cómo haces
esto así
conmigo
   

 

  

miércoles, 27 de enero de 2016

sombras que vuelan hacia mi cuarto


algunas veces me pregunto qué y algunas veces me pregunto cómo - algunas veces floto por encima y algunas veces me sumerjo hasta la curva - eres una gota que gotea que recorre mi cuello y yo digo qué y yo digo cómo y después - después los cielos se hacen polvo después la estrella se hace esquina de me callo de te pido de soy sangre - tú respondes - tú qué eres cómo eres - cruel infinita mezquina - tenían razón - tiras de mí como de los - espejos rotos puzzles de ti - no soy tú no soy tus dedos no soy una extremidad con la que tocas vuelas riegas - los suelos que piso sin - tu boca de mar tu boca de ruinas tu boca de columna - me has enseñado - una herida que tengo - al fondo al fondo a la derecha - no: me has hecho - una herida que tengo - desde que dijiste qué dijiste cómo - qué quieres - me has roto - instrucciones: no romper - instrucciones: no mojar - instrucciones: no ingerir - explicarte es decirte sí
 

domingo, 24 de enero de 2016

esbozo de (i got the blues, rolling stones)


Soy la niña más triste de la casa de mi casa. Los pies me lloran de dolor: llevo botas agarrotadas a las botas de mis piernas largas de niña alta y triste. Crezco con un corsé metálico que me abrocho con botones - crezco como las palmeras atadas a las tablas porque soy la niña más triste del océano atlántico. Vivo en una isla triste y lamo el mar triste que sabe a sal y a tierra y a lágrimas. Te prometo que he llorado mil veces por paso. Tengo mil tarros de agua escondidos debajo de la cama (cualquier niña triste, y sobre todo yo, que soy la más triste, sabe el número de gotas que caben bajo el suelo). No me visto de negro. Me visto de azul como los cielos como los lagos como mi ropa. Tengo los dientes azules y los labios azules y el sexo azul y estrecho. I got the blues.
El blues no es la música que gira en los discos. El blues es carcoma, un virus puntiagudo, el blues son mis ojos batallando la casa mi casa húmeda. I got the blues. Y los chicos se relamen con mi pelo. Y me huele a flores. Y las chicas me tienen tirria y envidia y me pegan chicles a la silla para que mi sexo azul grite y se ensanche y sea más rudo. Algunas me quieren: les duele verme así.
Si me quemo, apago las quemaduras con la lluvia de mis ojos. Si quisiera suicidarme (créeme: querré), solo tendría que vaciar los tarros en el suelo. Hacerme una piscina de dolor. Para nadar. Llevo cinco años en natación, llevo cinco años ensayando mi muerte. Empecé a existir flotando y voy a morirme igual. He llorado todo el líquido amniótico que me daban las apuestas (es tan triste tener un útero, es tan triste menstruar para nada). Si quisiera suicidarme, primero pasaría diez horas en la cama. Love is a bed full of blues.
Soy la niña más triste de las tristes y mi corona es de hierro. No tengo amigas. No tengo amigos. Me río con mis uñas azules y mis ojos azules y mis bragas azules. Perdóname, mami: ser yo es excesivo y húmedo.

jueves, 7 de enero de 2016

nota a (introducir aletas)

 
"Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo"
(Cristina Peri Rossi)
 
 
Para un pez, de nuevo. Lenguaje. No conozco buenos poetas franceses (lo confieso) y no he leído a Virginia Woolf, pero mi lenguaje es mi lengua que tiembla nerviosa cuando me salgo de amor por los costados. Tú vas más despacio, quizá porque sabes más que yo de rascacielos que todavía no he construido. Yo no me asusto. Es lo que tenía que haber dicho aquel día, pero lo he tirado al pozo de mi estómago. Y tú piensas en convocarme. No, mentira: y tú piensas en lo que pasaría si ya me hubieras convocado y me hubieras asido por las vértebras y me hubieras llevado con los labios cerrados hasta la esquina de tu barrio. ¿Te asustas? Yo, repito, no me asusto. Solo pienso. Escucho, leo y pienso. Debajo de las mantas. Estoy estropeando el poema. Vivo estropeando el poema. Pero un poema estropeado, amor. Un poema hecho hebras y migas y estrellas. 
 
Por alguna razón, sé que me acordaré de ti durante mucho tiempo.
 
Y mira que me gustabas. Y mira que eras la palabra que tenía clavada en los tobillos.

Corto y cambio.

(La vida es siempre unilateral, querida niña rota)

 

domingo, 3 de enero de 2016






















tengo la esperanza de que algún día vuelvas a mí y puedas quererme.
 

viernes, 1 de enero de 2016

cosas 2


pero aún así, aún así. no quiero más tu boca. déjame. yo no puedo, y eres como algún tipo brillante de cárcel. me tienes presa con el fémur y las costillas. jaula, eres una jaula pequeñita y fiera que me abraza para que no sepa irme. no quiero tus excusas. tus excusas son la llave de la celda. me las pones en las manos, mujer, y me enciendes en los ojos que puedo abrir y marcharme y dejarte aquí sola y grande. eso es lo peor. que las cojo y las miro y no me las creo, te juro que no me creo ninguna. pero no puedo abrir. no quiero y no puedo y quiero que, es cierto que quiero que. déjame. ábreme tú. si no me das más opciones voy a quedarme aquí tumbada y te voy a tocar la espalda y te voy a besar los nudos. lo sabemos. pero. pero. pero. 

eres mi pero.

yo soy tu sí.

¿entiendes la diferencia, verdad? ¿me entiendes, verdad? ¿tú no me quieres, verdad?

mi niña azul no sabe nadar hacia mi isla. 
 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

edificios interiores


did you think i was a city
big enough for a weekend getaway?
 rupi kaur


soy una ciudad de muecas contraídas. todos mis habitantes han muerto, pero siguen hospedándose en las cocinas y limpiando el baño con lejía. se queman las manos, se queman las uñas y los dedos y la piel y por eso están tan muertos. soy una ciudad ancha. tengo calles y bares y también escuelas, prostíbulos, comisarías: tengo habitaciones con paredes llenas de cuadros y colillas en el suelo y cucarachas que escalan convencidas hacia la lámpara. soy una ciudad cerrada. hay mil edificios por estrella. hay mil habitantes por edificio. hay mil trenes por habitante. soy una ciudad y huelo a humo pero soy una ciudad limpia, prometido, es solo el tabaco de los muertos. edificios: primera planta, las niñas chillan a los niños; segunda planta, se seca una maceta de cilantro; tercera planta, hago el amor conmigo misma a través de dos habitantes muertos con derecho de ciudad; cuarta planta, leen a cortázar; quinta planta, planchan; sótano, ¿qué pasa en el sótano? soy una ciudad de grietas y por las grietas se oyen gritos y cantos y disertaciones sobre gotas. llueve todos los días a las once menos cinco, el sol sale a las tres, hay tormentas microscópicas en todas las cabezas de todas las antenas de todos los edificios de mi ciudad en ruinas. las señales me recorren con los párpados abiertos. no hay viento ni ruido y de mi piel brotan los armarios donde los muertos recogen desnudeces combinadas con el clima.

soy una ciudad de brazos y piernas y labios y ventanas abiertas. los rascacielos me hacen daño en las costillas. en las azoteas hay mensajes para mí: por favor, cállate. por favor, llora. por favor, licencia de obras.

martes, 29 de diciembre de 2015

cosas


me busqué entre tus hilos más cortos. los deshice uno a uno y esperé de ellos una cresta. no te besaba para darte calor. yo (este filo de estrella caducada) te besaba para encontrar las cosas rotas dentro de ti (cosa rota) y arreglarme. comprenderte, mi amor, como salvación del abismo. pero te fuiste. pero me dejaste aquí. estoy cosida al suelo, soy parte del escenario como lo son los hilos del cojín y las costuras de los hilos del cojín. cerraste la habitación y yo te espero ahora encima de la cama, jugando a mirarme sobre el suelo, respirando sin problemas en la colcha. me busqué en tus hilos, me buscaste. juro solemnemente ignorar la simetría de los besos, rechazar la simetría de los parques, releer la simetría de mis ojos. mi amor, de mis pechos, mi amor. te prometo que no soy simétrica, te prometo que encontré esa verdad en la punta de tu lengua. tu cuerpo es igual al mío pero no somos iguales a nosotros mismos. tienes prisa. tienes tu pozo de la risa. me tienes dentro, te has llevado mis piezas con tu marcha rota y asquerosa y difícil y mira, mira, sangro por las manos y sangro por el sexo porque ya_no_estoy_conmigo_


Te busco en otros. Los pongo sobre mí y espero una ondulación. Tengo cuidado, no te creas, porque la mayoría son violentos y tristes. Ojalá pudieras ver esos ojos. Me miran como si yo tuviera el cielo, como si yo supiera por dónde se sale de los huecos. Yo te espero, lo prometo, te espero y te busco y solo vivo para eso. ¿Lo sabes? ¿Lo sabes?
 

lunes, 28 de diciembre de 2015

mi cuerpo (este dolió)


mi cuerpo está roto mi cuerpo tiene miedo mi cuerpo marcado a mi cuerpo lo tocaron aquí ves aquí mi cuerpo tiembla mi cuerpo se moja las mejillas mi cuerpo cierra el cuerpo mi cuerpo dice hola mi cuerpo está sucio mi cuerpo se lava mi cuerpo se araña mi cuerpo se quema mi cuerpo se muerde mi cuerpo sangra mi cuerpo llora abrazo a mi cuerpo beso mi cuerpo intento que mi cuerpo 
mi cuerpo no tiene la culpa

mi cuerpo se refleja en un espejo largo mi cuerpo no es ese cuerpo mi cuerpo crece mi cuerpo mujer mi cuerpo estrella mi cuerpo silencio mi cuerpo antes lo miraron otros hicieron crecer a mi cuerpo antes de tiempo a mi cuerpo le dijeron sé mujer a mi cuerpo lo trataron de mujer lo tocaron de mujer mi cuerpo tiene pechos pelo sangre mi cuerpo se cuaja con babas agua semen mi cuerpo se pudre mi cuerpo no quería mi cuerpo llora

mi cuerpo cuchillo lado cama puño agujero movimiento de reloj

mi cuerpo está enfadado mi cuerpo está enfadado conmigo mi cuerpo no me deja entrar en mi cuerpo mi cuerpo tiene cerrada la puerta mi cuerpo no tiene sexo mi cuerpo no tiene amor mi cuerpo no confía en mí porque yo mi cuerpo no me cree cuando yo mi cuerpo es una esfera mi cuerpo es un sello azul y mi cuerpo es la lengua que humedece pero mi cuerpo es un pozo un agujero un hueco mi cuerpo se tapa mi cuerpo se esconde pero mi cuerpo

mi cuerpo no habla

mi cuerpo adiós mi cuerpo cerrado por vacaciones mi cuerpo mi cuerpo mi cuerpo carajo mi cuerpo

martes, 22 de diciembre de 2015

tu sombra


"La sombra de Hélène es más densa que las otras y más fría,
quien posa el pie en sus sargazos siente subir el veneno
que lo hará vivir para siempre en el único delirio necesario"
(Julio Cortázar,
62 / Modelo para armar)

I

Tuve que escaparme. Tuve que coger el bolso y apretármelo fuerte para que no se me cayera nada mientras corría. Nada, no podía dejar en el camino ni un solo libro. Perder un libro es perder el llanto, este llanto ahogado y espasmódico que es mi existencia, que es también la tuya. Yo solo quiero pasar la página, no quemar la página ni arrancar la página ni comerme la página. Pero tu sombra es más densa que las demás, y me estaba agarrando por los tobillos. Me escalaba hacia la garganta. Tú no te enterabas porque fumabas y bebías vino y me mirabas de lado. ¿Cómo iba a avisarte? Tenía el teléfono apagado, los lápices lejos, y de la boca no me salía nada que no fuera una cita, un poema ajeno, todo lo aprendido de otros como si lo de otros fuera poner nombre a los dedos de tu sombra. Sin embargo, tengo miedo de.

II

No te conocen si no han visto tu sombra. No te conocen si no te entienden, y no te entienden si no te han sentido llorar en la parte de atrás de una clase de instituto. Si no han tenido tu nudo en el estómago, tu pinza en la garganta, tu lágrima en el ojo. A mí no me conoces, muchas veces tuve miedo de que no me vieras porque este amor desnudo y calvo y silencioso me desnuda y me arranca el pelo y me quita las palabras. Todas van a parar a la basura. Se quedan flotando en el cielo raso. Podrías verlas, pero fumas y bebes vino y me miras de lado. Y solo me escucha tu sombra densa. Solo tu sombra me oye y me ignora mientras busco la forma de sacarte de mí. Sin embargo, tengo miedo de.


III

Voy a apagar el móvil. A dejar de salir. No: voy a hablar con todos y a salir hasta quemarme. Y empiezo a beber vino yo también, y empiezo a fumar yo también. Me pongo a mirar de lado como alguien a quien conocí una vez. Pienso que soy un espejo, pero un día llego y me miro la cara en el baño y me descubro. Hola, encantada, qué guapa y qué mayor. No era por aquí, ¿verdad?, me digo despacio, este no era mi camino, ya no me parezco a mí, creo que estoy haciendo todos los esfuerzos por ser lo que creía que sería algún día, justo este día, pero hay una fuerza dentro de mí que me aleja de mis actos y que me coloca en otro lado. Y me siento bien con el aire en la cara y los libros más difíciles. Y los periódicos ya no me pasan la tinta, espejito, los periódicos ya no me quieren. El espejo del baño me sonríe y habla deprisa, muy deprisa, tan deprisa como yo cuando no finjo. Eres más barranco escarpado que río de ondas suaves. Sin embargo, tengo miedo de. 

IV

Sé quién soy, pero todas las mujeres han sido siempre tú, todas han tenido siempre las caderas anchas y los ojos rasgados y todas partían con la secreta ventaja de ser como tú la primera vez. Y por algún azar (que no busco comprender, como Cortázar) han andado hacia mí. Vinieron los paseos, las palabras, el momento en que me daba cuenta de que te estaba buscando donde sabía que no podías estar. Ese era el juego: alejarme de ti en tu búsqueda, dejar de pensarte techo o modelo. Además, no te darías nunca cuenta de que te buscaba por ahí, en un brote de los ojos y la cadencia de una voz, de que a veces si venían las risas alegaba que faltaba un fogonazo y me iba muy despacio. Solo corría de ti. De todas las demás, nadadora, me iba deslizándome. Sin embargo, tengo miedo de. 

V

Ya no te riego. Te he dado agua y te he cantado bajito todos los días para que pudieras crecer fuerte y sana. Y tu sombra se ha empeñado en buscar asilo en mis rodillas. Como si no supiera que ahí es donde más me duele. Como si no supiera nada. Y no cede, jamás cede mi parásito caliente, tu sombra-calco-muerte rota, no me da nunca la razón ni me espera para verme contenta o triste o para verme. Goodbye. Voy a empezar con el plan de ataque. Y mi ataque es abandono. Se me permite temblar, pero no volver atrás. Tengo que proteger mi bolso de libros, lo siento. Soy tan joven, tengo tanto miedo de verte y recordar tu sombra opresora y querer volver a cuidarla. Perdóname. He aprendido a hablar desde el alma.

VI

Sin embargo, tengo miedo de mí.
 

jueves, 3 de diciembre de 2015

55


will you still love me when i've got nothing but my aching soul?
y me dijiste que sí
y creí que sí
 

domingo, 29 de noviembre de 2015

cosas que


"tal vez olvidó correr mientras corría"
ana maría iza



Tal vez olvidaste treparme hacia la boca mientras me buscabas. Tal vez te quedaste quieta y torcida en un pliegue de la calle, con los ojos deshechos y la nuca deshecha y rapada. No lo sé. Yo no sé nada, pero creo que olvidabas quererme cuando me besabas los nudos, tierna y frágil, para escaparme. Para hacer que me escapara del frío del mundo y los crueles golpes de mí misma. Cuando ascendías mis piernas hacia el tope. Cuando bordeabas, creabas un camino, seguías una senda sin sendas y me erizabas la piel por debajo de las pieles de niña ilegible. Olvidaste quererme mientras me besabas las curvas boca a boca, paso a paso, mientras creabas en ti un hueco para mí y me escarbabas, me escarbabas con las manos abiertas para hacerme tu casa. Quiéreme, pensaba yo si ascendías a mi sexo, quiéreme. Te quiero así de cómoda, me decías. No era suficiente, te estabas olvidando de la coma más bruta, de la coma más tuya, de mí y de ti y de nosotras. Claro que estaba cómoda, niña, y claro que se me caía la vida de la boca si susurraba, si te mordía las orejas. Pero yo no me olvidaba. Yo no me dejaba caer por el suelo. Hola: quiero saber si tu cuerpo encaja con el mío. Hola: encajamos. Hola: sigo así, sigo así, no voy a dejar de estar porque. Adiós: mentira. Adiós: ya no encajas. Adiós: todas las señales me dicen que me olvido de esperarte mientras te espero. Que olvido pensar mientras te pienso. Que yo no me olvidaba, cariño, del fondo de tu cráneo, del hueco de tu vientre. Hola: me toco los pechos con cuidado y pienso en ti. Con un cuidado dulce, como de cosa rota que no quiere acabar de romperse. Tal vez olvidaste no romperme mientras me cosías las piezas. Cuando tejías mi arco y mis contracciones y esperabas de mí una herida en la boca. Cuando me decías te quiero así, te quiero contenta y sonriente y orgásmica y yo pensaba quiéreme, quiéreme, carajo. Hola: qué desastre. Adiós: qué caos. 
 

lunes, 23 de noviembre de 2015

conclusión de días sin diario


Conclusión de días sin diario: empiezo a echarme la culpa. Beso bocas abiertas. Inventamos todos juntos un lenguaje sin palabras, de breve una a, casi una u seca y tenue. Los labios se me estrellan en los ojos. Estoy ciega. Me emborracho de salivas y las manos rodeando cuellos, gargantas, yo anillo de saturno. Conclusión de días sin diario: no puedo escribir. Necesito demasiado las bocas y el impulso, la pulsión fría de morder y contar secretos sin saber que hay secretos. Me vuelvo suave y no escribo. Ya no hablo, ya no nada. Dónde estoy. Y escucho con voz de caricia y ando con paso de cosquilla. Conclusión de días sin diario: me dejan marcas, heridas, uñas de caminos y grietas en la boca. Me dejan triste y tirada y me quitan todas las sábanas. Pero yo les peino con las manos y les beso el eje. Que sabe a sal y a estrellas. Que huele a pez y a vino. No saben lo que hacen, señor, no saben lo que hacen. No llevan, como yo, días sin diario. No llevan, como yo, los besos colgando a cachos. Conclusión de días: es mi culpa. 

sábado, 21 de noviembre de 2015

449


"A veces tengo la sensación de que todas las personas a las que he conocido desde que vine a Japón, incluyendo a Otohiko, son un poco insustanciales. No me siento identificada con ellas. Siempre he pensado que las personas eran más extrañas, deshonestas, desordenadas, viles, nobles, en fin, que tenían muchas más facetas. Que la vida era fantástica, y el amor, algo maravilloso. Yo soy, según la ocasión, femenina, fuerte y frágil, capaz de pelearme con alguien, gritando hasta quedarme ronca, y, acto seguido, de mirar juntos la luna cogidos de la mano. De experimentar cada día sensaciones diferentes haciendo las mismas cosas. De llorar y de dar miedo. Pero sigo siendo siempre la misma. Cada vez que salgo a encontrarme con alguien que me gusta, no importa quién sea ni cuántas veces lo haya visto, me arreglo con cuidado. Yo no pienso, sigo mi instinto -dijo Sui, y añadió con una sonrisa-: Enamórate perdidamente otra vez. Me gustaría enseñarte, pero soy de tu mismo sexo"
Banana Yoshimoto (N.P)

miércoles, 18 de noviembre de 2015


Soplé las dieciséis velas con tu brazo recorriéndome el cuello. 

Hoy no tengo nada más que decir.
 

espejo boquiabierto


reflejas mi sexo/como un espejo/solo por ti sé/de mis labios/y la tersura espesa/del beso quieto

lunes, 16 de noviembre de 2015

beso de tristeza


mírate tristeza cómo vienes el pelo sucio las manos rotas la boca abierta a qué a que te bese con los labios prietos no y un color de estrella en la garganta no está lloviendo tristeza y tú sin paraguas eres tan chiquita a veces tan grande tienes una esquina de paz entre los dedos y me tocas muy suave me tocas el cielo de las piernas y esos ojos de centella esos ojos de chispa fuego combustión no me mires así no me mires tan triste tú ya no estás tú ya no estás conmigo no más besos de triste comprensión no mas dedos de huella ya tengo tu forma clavada a la mía ya tengo el doblez de tu cuerpo limitando mi ángulo y no tristeza no ya hemos dejado claras las normas: si me quieres déjame sola si me quieres deshazte de mí _pero no me extraigas/esta voz de llanto sin cabeza_ no ves que yo sin ti ya puedo no ves que yo sin ti no puedo que se me estruja el suelo que me caigo que yo sin ti soy demasiado yo demasiado siempre y mírate tristeza cómo vienes la boca abierta la piel de un beso la muerte cerca

vete

ya sé que no me quieres pero vete
 

cartas a


Julio, querido amigo:

Nadie más va a comprenderlo, sabes, es una cosa tan sucia y tan lunática que pienso, ahora así con los dedos, que solo tú vas a ser capaz de asentirme desde el otro lado y decirme todo está bien. Aunque no, aunque la cosa no va así tampoco, porque tú ya no estás aquí para pisar la tierra y hacer la tierra y hablar para la gente con ese frenillo y ese acento de llevar tanto tiempo entre franceses. Verás, Julio, es feo tener esta burbuja. Es como una capa que se sale de mí, que viene de mí porque yo la he pensado y yo la he hecho y yo la sostengo con la fuerza de mi centro, yo la sostengo con una idea tenue y loca que no puedo entender. Y yo odio esa burbuja, no la puedo soportar. Pero sigue ahí, sigue ahí estrujándome y haciendo que me quede quieta y lejos de todo. Estoy así, amigo, estoy así y a veces la rompo con la punta de un dedo, con la filosa punta de una uña, y la burbuja se revienta, plop, y estoy yo ahí plena y me llega todo el aire del mundo y las piedritas me hacen cosquillas en los pies. Descalza hasta el alma, Julito, descalza de repente por todo y para todo, y ando por una playa enorme y es la arena, y es una ola, y es el frescor del agua chocándome contra los dedos y haciéndome sentir viva. Es maravilloso, tú entenderás que lo es. Pero entonces. Entonces veo algo o siento algo, no lo sé, algo morado, algo sin forma, y me sale otra vez la maldita burbuja, la maldita burbuja del centro de las sienes hacia todo mi contorno y más allá, siempre más allá. 

¿Qué hago, Julio, qué hago para ser otra vez? ¿No soy, acaso no soy ahora, ahora que te escribo así agarrotada y con las piernas desnudas, largas y desnudas y unas uñas rojas de punta? Con la mantita roja y la almohada azul y mi pared blanca toda llena de recortes de revistas y poemas. ¿Por qué tantos poemas? ¿Por qué tanta palabra? Eso solo tú lo entiendes. Y tus libros y tus dedos llenos de tinta y tu barba irreverente. Y una piedra en la voz y una cosa así rasgada y ahora soy yo, ahora hablo de mí y de mi boca valiente. Eso es lo que tengo, Julito: labios bravos, labios con grietas y ya no quiero más palabras escondidas quemándome la garganta. Ya me duele. Ya me golpea el alma desde dentro, toc toc toc, la puerta de mis dientes. ¿Lo entiendes? Todo tiene una burbuja alrededor, esa es la idea, y desde dentro la idea teje y teje para que no reviente. Plop. Solo plop. Alegría. Las copas de vino. Las faldas largas. El papel. Mírame, mírame ahora, porque tú eres el único que puede hacerlo y por ahora el único que puede entender por qué tienes que hacerlo: los pies, los burbujeantes pies que tienen siempre una pátina de jabón o cristal, o cristal o qué. ¿Qué hago, Julio? Caminar. Caminar siempre. Aunque los pies no lleguen al suelo. Aunque patine, aunque me despeñe, aunque me duela. Caminar. A lo lejos. Con la vista perdida. Hacia donde yo quiera. Lo entiendes. Sé que lo entiendes. No pensar en el tiempo, ¿no?, aunque el tiempo sea como un ciempiés horrendo. No pensar en el tiempo pero sí en las lunas y en los soles y sí en los ciclos menstruales y las partes de los sueños. Y alcanzar. Y ser. Ser, ser, que vale tantas veces más que tener. Ser. Y todas las palabras y todos esos poemas en la piel de la pared.

No es una cosa tan sucia, Julito, pero sigo creyendo que más allá de ti nadie va a entender este brote. Puedo equivocarme, al fin y al cabo solo tengo 20 años y me paso el día equivocándome, pero por ahora solo una habitación pequeña y una cama con la manta roja y mis piernas desnudas y bocas valientes. Soy fuerte. Tú sabes que soy fuerte. Precisamente, querido amigo mío, precisamente porque sé que es el momento de reconocer mi parte frágil y darle cariño, el momento de saberme líquida y quererme así y recomenzar una estrategia libre. Es el momento. Gracias, Julito.

Con amor y paz,
Aida 
 

domingo, 8 de noviembre de 2015

cosas


Yo era tu única familia, y nos reuníamos en navidades clandestinas para comer los rayos de la luna y ver pasar los caramelos del tiempo. Como jirones de nosotros sin nosotros. De fiesta dos cafés con leche (yo no había maquinado este miedo visceral a la láctea inconsistencia de los líquidos). De nochebuena un dónut como las flores del jardín vestido de gala y las señoras con abrigos de visón y tacones para hacer crochet con las estrellas. Nosotros colocados como mapas y hechos muerte. Dolidos por el negocio del oro y los bordes de las cosas. Yo era tu única familia un veinticuatro de diciembre solitario. Sin enganche de ojo ni salida más allá del triste canto de las cucarachas. Nada que no fuera café y un tupper lleno de comida en el maletero de tu coche, que vivía todavía. Sabías que la familia es para siempre solo por los crueles nudos de la sangre. Nudos que tú y yo no encontrábamos más que en una porción del estómago, de la médula espinal. Ahora los bordes de las cosas han traído a mí un camino lejos de tu risa risueña y tu octava pieza. Y adiós, me dices. Adiós por todas las cosas que bebimos en esa navidad clandestina, a mediodía y sin manteles de algodón (tan solo el villancico de tu lengua). Yo me había escapado para estudiar los astros y tú venías a hacer un recado. La única excusa para juntar las tazas los dos solos cuando yo era tu única familia.

mujer filosa



para, sobre y a
Andrea Abreu López


I

17:20

Estoy sola en esta guagua-letanía. Dispuesta, cómo no, a encontrarme con otros que no son tú. A ir en coche y hablar de nada y a reír por nada y sentarme sin sustancia en sillas que seguirán vacías. Las mismas, las mismas que tú llenabas. Y me dejo la grieta tras el labio. Y así. Mi cuerpo es un extraño y está loco. Te busca: un abrazo de juego, un hilo que se engancha, el ojo que lo cuenta todo. Puntos de encaje, filosa mía, puntos de comienzo. Me duele la sangre. Y no saben, esos otros no sabrán jamás que me deshago. Que el tiempo ha acelerado y me corre la sangre desde el vientre hasta el sexo. ¿Dónde estás? Lejos. Libre. Y yo aquí, sobre estas ruedas.
 
II

17:29

Espero las sombras. Espero a las sombras de los otros y sus dientes malvados de conjuro. De conjuro social, de ven y no seas tú, oremos todos hermanos por el alma de la chica del pelo rizado. Qué pelo ese, qué desorden. Oremos todos hermanos por la vida y no oremos por la muerte. Y me acuerdo, recuerdo una charla y aquel primer momento de obsesión. Y tú con tus ojitos risueños y tu flequillo corto y tus manos afiladas. Y tú con tu amor a la vida y tu existencia y tu dolor así colgado de la boca. Sin conjuros, niña, sin conjuros de sucia sociedad y burrocracia. Tú y yo enganchadas a la esquina del cielo y al té de canela. Y esto no, esto sí que no: los otros que vienen, los otros que me placan, los otros y el dolor en un ovario. Secreto dolor en un ovario.

Otros: estoy dispuesta a recibir un beso. Pero una palabra. Jamás una palabra.

III

19:55

No estás.

IV

19:57

Oigo poesía y no sé dónde meterla.

V

23:08

Hablan. A pares. Cerveza, café, café, cerveza. Dos y dos. Yo hablo, me callo, hablo conmigo. Y siempre el mismo recorrido, siempre terminar en la misma mesa de la misma cafetería, la taza cerrada, el cuerpo en pausa. La misma gente no, la misma gente nunca. Y hoy nadie, hoy nadie.

Un mosquito.

Y alguien, a mi lado, ejecuta la humana sentencia de muerte. Plas. Me llena los oídos. Plas. Muerte. Muerto el mosquito, se acabó la paz.

Yo me cierro.

VI

1:54

El filo filoso del ojo. No te curves, no te curves: sigue tu defecto, haz lo que siempre quiero odiar. Haz que me odie, haz que yo no quiera ser más yo pero que en el fondo, en el fondo letal y triste, mis manos saquen de mí una yo tan tenue. Que esté orgullosa, carajo, de ser todo aquello que no quiero. No ahora, no ahora. No ahora esta amenaza de círculo y mirada igual. No ahora este dolor acompasado al resto. Mujer filosa, estás tan lejos. Mujer filosa, estoy tan sola. 

VII

2:13

No me duermo, no me duermo y repaso el día y en todos lados una sombra. Sombra de ti y de tu ausencia. Utilidad de mi vida sola. Partes de mí como una flecha: señalas al horizonte y son las olas, las olas sucias las que tienen el camino. Y hacia dónde.


martes, 3 de noviembre de 2015


















todo irá bien

lunes, 2 de noviembre de 2015

de mí sin ti



Estoy perdida. Y las salas vacías y las pruebas de sonido. Y tú, que ya no estás. Y tú, que nunca te fuiste. Es eso, ¿no? Que estamos y sabemos que no. Que estoy perdida, que no sé dónde estás. Que yo no creo en nada de eso, pero cuando estaba contigo sentía que no podía pasarme nada. Que podía con todo.
Yo antes podía con todo, ¿verdad? Y ya no puedo conmigo.

viernes, 30 de octubre de 2015

0


Y tú, que nunca aprendiste a deshacerme el nudo de la falda, te quedaste aquí como el primero. Yo te quise, te quería, y me moría por extenderte los dedos en la espalda y comenzar. Había en nosotros un roto, una cosa disfuncional que lo hacía todo mejor, más alto, algo que te hacía sonreír mientras el aire se escapaba de tu boca. La grieta entre tus dientes, mi amor, era lo único que me salvaba de mi casa. Si todo se caía a cachos, tú aparecías con la boca abierta y esa peca y la ropa interior levantada como un sueño. ¿Te acuerdas, te acuerdas de cuando morían los mosquitos? Y yo quería salvarlos, pero no podía dejar de decirte que estaba enamorada de tus manos grandes. Tus manos, tus manos locas ascendiendo por las rectas de tu cuerpo solo para que yo, yo, mi falda anudada, te viera respirar a ciegas. Nos gustaba tanto mirarnos. Nos queríamos tanto entonces, cuando yo escogía un sueño y me lo dibujaba entre los muslos, y tú sonreías al verme sonreír mientras subía sin ti. Pero la soledad era tan grande.

Tan, tan grande. Nunca aprendiste a deshacerme el nudo de la falda. Nunca me esperaste, nunca me intentaste. Lejos, el cielo me hablaba de ti: me pedía que lo dejara todo así, que no llorara, que me guardara los nudos dentro del ombligo y te dijera que. Éramos tan chicos. ¿Cuántos años tenía yo? Tal vez quince. Tal vez ninguno. ¿Y tú? Ya no lo sé. No había edad si te rompías, no había años si me decías que querías mirarme y pensarme sola, sola en casa como las niñas malas y las cosas que no encajan. Ha pasado el tiempo y ahora la soledad es más pequeña, pero ya no te tengo aquí. ¿Dónde estarás? ¿Piensas en mí, piensas que ahora sí que estás solo porque no te miro? ¿O hay otros ojos, otras manos, otros dedos lanzados al espacio? Tenías un cielo tan bonito. Unos ojos limpios. Sucios de repente. Todo nublado de pronto. Yo te quise, te quería. Sobre todo entonces.

Pero tú. Tú nunca aprendiste a deshacerme el nudo de la falda.
 

bloq


Bloqueo.
Cierro los ojos. Cierro las manos. Me cierro.
El tiempo llueve.
Soy un bloque de mí y tengo cien mil nudos en la boca, cien mil nudos que me aprietan y tensan las cuerdas vocales y no me dejan hablar, no me dejan callarme, nada. Solo esta voz de llanto sin cabeza.
Cuadrada. Ilegible. No tengo nada más allá de mí. No hay tiempo, no hay aire, el suelo se hace de mí y la pared soy yo y me hablan, me hablan todos pero son yo con los labios cosidos y los oídos curvos, y con los ojos rotos y el cuello desgajándose hacia.
Hacia. Hacia mí. 
Alejandra: las lilas se me caen de las manos. Alejandra: los cuerpos no anochecen. Alejandra: estoy cansada de ser.
Y me hablan, y me hablan, y me dicen. Y me juzgan. Muévete. No te quedes quieta. No hay más tiempo.
A veces no puedo moverme.
A veces me paro y me ahogo y es el peso, es el peso de ser todas las cosas que veo.
Bloqueo.
Soy un edificio cerrado.

Y no sé si yo soy yo.
 

44


(y mira que creía/en los dientes amarillos/las tazas rotas/los azulejos/en mí/animales ciegos/en el centro del pecho/un cajón/de narices/para cambiar/cómo respiro/yo/yo/yo/y ahora que me he ido/ahora que ya/no estoy/no sé cerrar los ojos/para buscar entre las capas/y capas/de mis dedos/    pero golpeo las ventanas hacia dentro    /y me pongo esférica/contengo el viento/toco/los bordes/lo más bajo/y ya no estás ya no vives/conmigo/ya no llueve en tu espalda/ya no lluevo/en tu espalda/canción deshabitada/y mira que creía/en el cuello de mi razón/en ti/y en mí/    pero ahora golpeo las ventanas hacia dentro    /como si los ojos/se curvaran/y dejaran hueco/para ser/otra vez/y animales ciegos en el centro del pecho/y tú/que ya no estás/conmigo)

a ti,
que ya no me esperas.
a mí,
que ya no te espero. 
 

domingo, 18 de octubre de 2015

nadadora


Sí. Pero yo pongo nombres porque lo necesito. Mi vida es dar palabras a colores y pinzas que no veo y que no siento. Ahora fumas, y no me entiendes. Creo (siempre he creído) que un espejo debe comprender. Es lo único que queda cuando buscas la mirada desde la que miras.

Creí ser como tú solo porque quise mirar desde tus cuencas.

¿Comprendes?

Sé que no.

Sigue fumando. Tal vez, en algún momento, una partícula de humo y de pulmón entre en mi nariz. Sigue así, que yo me muevo lejos. Porque un día me paré y me vi caótica y me di cuenta de que no teníamos nada que ver, nada, nada más allá de un rasgo común sobre los labios y un libro que queríamos quemar. Tengo diarios llenos de pequeños apuntes sobre ti. Hojas que te cuentan. Siempre pensé que hablaban de mí, de mi cabeza por dentro y de los sueños de mis sueños. Pero tú. Tú eres el ojo de mi lápiz. Y si te puse nombre fue porque siempre, siempre, siempre lo necesito. 

Te encontraba en todos los espejos. Ahora, aunque escueza, solo te veo en los muros.