¿Qué significará el tiempo sin relojes?

lunes, 29 de agosto de 2016

thank you for your time


"Operator, could you help me place this call?
'Cause I can't read the number that you just gave me
There's something in my eyes
You know, it happens every time
I think about the love I thought would save me"

(jim croce - operator)



domingo, 28 de agosto de 2016

21


No quiero. No sé si quiero. Dímelo tú: ¿quiero? Tienes los ojos más oscuros del mundo (te lo juro), pero mis uñas siempre van de negro. Y puedo taparte. Con los dedos, con los dedos taparte. Con estos mismos dedos que. Que.

Ya sabes que tendré siempre 10.000 palabras guardadas para ti.

Soy tan idiota. Para completar la frase he buscado en Google cuántas palabras tiene el vocabulario de una persona normal. He leído que tenemos 10.000 palabras de vocabulario pasivo. Las conocemos, pero no las usamos. El vocabulario activo solo llega a un par de cientos.

Pero para ti, para ti puedo usar todas las palabras que conozco. Las más brutas. Las que nadie soporta. Eso es ser, ¿no? Palabras pasivas. Que piensas. Que escribes. Para ti. Y si llegan a los otros, si de algún modo te saltas el habla cotidiana y el mundo cotidiano y estableces con los otros un puente erizado, lo habrás resuelto. El misterio.

Un misterio que termina en ojos oscuros y uñas largas y pintadas de negro galáctico.

Pero no quiero. No sé si quiero. ¿Quiero?

Contigo, quiero decir contigo...
 

miércoles, 24 de agosto de 2016


¿Cuánto miedo me queda?








 

domingo, 21 de agosto de 2016

(sin título aparente)



Caótica respira. Caótica respira humo. Caótica se mira en el espejo del baño.

Sobre la pasta de dientes, Caótica. Como una sombra o un agujero. Como el rastro que dejan las tijeras en el papel. Triste, ¿qué sucede?

Triste fuma en la ventana. Triste se estudia las uñas. Triste quiere plantar girasoles. Caótica, plantemos girasoles.

Voy a irme.

Voy a irme antes de que las flores asomen la cabeza.

Antes de que se sequen y tengas que dárselas de comer a los perros. Antes de que te olvides. Antes de que me mires, Triste, como si fuésemos gotas o personajes de una película ciega. Antes de que llueva o truene o haga frío y queramos meternos en las mantas. Antes de que quieras que me quede.

Caótica lo sabe. Querrá que se quede.

Triste, voy a irme. ¿Escuchas? Me voy.

Triste mira la calle. Triste quiere saber qué pasa con el niño que está intentando robar la bicicleta. Triste no escucha, pero sabe. Y Triste.

Caótica se acerca al salón. Espalda, pelo que cae. Camiseta corta y piernas y ropa interior que solo ella, solo Caótica conoce. Piensa en el cajón de la mesilla. Piensa en los papeles. La carpeta de Triste.

Triste dibujó girasoles. Triste dibujó macetas. Triste dibujó los ojos de Caótica, y en el dibujo de Triste parecían tristes. De pestañas largas. De negro, de negro como los ojos de una adolescente. ¿Cuántos años tienes, Caótica? Tengo muchos. Y aquí llevo las uñas negras. Y aquí estoy desnuda, y abro las piernas, y mis pechos son albinos. Triste, este dibujo no lo conocía.

Caótica, ponte así. Dobla la boca. Quítate las gafas. Quiero saber qué hay detrás. Quiero saber, un momento... Sí, saber cómo pintar tu mirada que me mira. Y ese brillito de ahí. Eres de carboncillo.

Caótica se tumba. Caótica en silencio.

Años. Años en esta cama. Soñando con la hierba. Campo verde, campo limpio. Lejos de los edificios. Caótica lo sabe. Yo, en realidad, soy un animal. Y aquí no me quieren. Y aquí no me quiero. Tengo la maleta en el armario. La he llenado de ropa, de ropa que no voy a necesitar. Ni a querer. Yo solo quiero, yo solo quiero.

¿La solución es la muerte?

La solución no es la muerte. Pero el niño robó la bicicleta. ¡Mira, robó la bicicleta! No quiero que le pillen. C, que no le pillen. Si plantáramos girasoles, si saliéramos a plantar girasoles. Estoy harta de tanto polvo. De la suciedad, y de que no me veas. Estoy acabada. ¿Qué voy a hacer, si estoy acabada? ¿Qué puedo hacer por ti? Mírate. 

Cuerpo en la cama. Piernas, puente de piernas. Arco de piernas. Cómo saberlo, mi amor. Si poco a poco te has ido convirtiendo en cemento. Y tienes ventanas. Y hay luces que se encienden y se apagan. Ahí, en tu boca. ¿Cuándo dejaste de tener dieciocho años, Caos? ¿En qué momento quitaron el andamio? Te han pintado, no me enseñaron la paleta de colores y se colgaron de tus orejas y taparon todas tus grietas. Sólida, tan sólida. Y mientras, yo.

Quiero plantar girasoles.

Triste, reconoce que no puedes más conmigo. Que quieres, en el fondo, que coja la puerta. Y que sonría al irme. Que no haya consecuencias, que la casa no me extrañe. Va a crujir. Sin mis manos va a crujir. La casa respirará, como en el libro que odias, y yo no estaré, como en 62. Caótica se limpia la cara con los dedos. Caótica se sienta y esconde la cabeza. Caótica, tercera persona, asco prematuro. ¿Cuándo dejé de tener dieciocho años?

Y ahí tu antena rota, rota por alguna tormenta que no he visto. ¿Por qué no la he visto? Tu antena rota. Tu antena rota no recibe mis señales ni mis llamadas ni mis llamas, y por eso estás así, y por eso no me ves. Ni me buscas. Niña, mi niña, ¿lo han habitado todo?

Triste quiere tabaco. Triste emprende acciones. Triste pone música.

Oh, my god, I feel it in the air...

¿Quieres cenar?

Caótica no habla. Caótica se lame la rodilla. Caótica quiere llover o llorar o derretirse.

No cocines. Chino.

Rollitos de primavera y arroz tres delicias y pollo con bambú y setas.

Como cuando me querías.

Triste, en la cocina, busca papeles. Hojas del médico y facturas y bocetos. Bocetos viejos. Que no acabaré jamás, nunca jamás, y que debería tirar, pero si Caótica quiere chino, si ella quiere cenar chino, qué puedo hacer yo. Quiero plantar girasoles.

Triste llama. Caótica se apaga.

Ven a ver una peli, porfa.

Sofá. Manta (manta, siempre la maldita manta, siempre el tacto maldito en mi maldito cuerpo. En mi maldita piel que ya conoces, que ya conoces tanto). Un segundo sin música y después anuncios, disparos, sexo. Y Tres Colores: Azul.

¿Crees que para hoy, crees que esto es para hoy? Voy a irme, Triste, y tú ya no me quieres. Me aprieto contra ti. Como cuando me querías. Calor y olor y la crema que te compré en The Body Shop. Adecuado cacao para tus adecuados ojos. ¿Te olvidarás de ese olor, Triste? De nuestro olor. Nuestros olores que se mezclan ahora y mis ganas de llorar. Tus ganas de llorar. Antes de que los girasoles se sequen y tengamos que comérnoslos. Antes de que me duerma. Antes de que llegue la cena.

Caótica se esconde. Caótica se rompe. Caótica, ¿cuándo dejaste de tener dieciocho años?

Y te crecieron cables y mesas y fogones. ¿Cuántas personas hay dentro de ti, cuántas de ellas se están mudando ahora? Fumo. Triste fuma. Soy tu chimenea. Sé que te cansarás. Sé que aún crees que estás sobre plano. Sé que no lo sabes. Yo, aunque quiera girasoles, estoy acabada y devastada y hago crac cuando camino (¿lo sabías, mi amor?). Y qué puedo hacer si lo único que me importa es que no se te caiga la pintura, si lo único que yo deseo es que te llenes de vida y que todos quieran entrar en ti y que tú seas, que tú seas, que tú seas. Te cansarás, lo entenderás. Quiero que seas feliz, aunque tenga que dejar de dibujarte.

Mi niña eléctrica.

Mi niña de hormigón.

Mi niña llora. Mi niña está muy mal.

Cuando me querías. Cuando me querías. Cuando hacíamos el amor sin ceremonias. Cuando me besabas en la boca y era todo el cuerpo, era todo mi cuerpo. Cuando no podíamos dormir. Cuando miramos las estrellas desde el coche. Ese día, Triste. No te importaba mi risa ni mis pecas ni que tuviera siete años menos que tú. Ahora me escupes el mar en la espalda. Y yo solo quiero que, que.

Cama. Tele que vocea. Binoche está pasando las manos por el muro. Triste hace zigzag. Triste se estira. Triste coge papel, carboncillo, fuerzas.

¿De verdad quieres que te dibuje ahora?

Sí, ahora mismo.

Manos. Rápidas manos, pequeñas manos. Mecánica. No, esta vez no. No hay mecánica. Quiero y puedo. Vas a llorar otra vez, pero puedo. Te dibujo con trazos gruesos y ahí está tu boca (tu larga boca), y tu pelo (tu eterno pelo), y las marcas de tu frente (todas las constelaciones de tu frente). Y ladrillos, en tus ojos ladrillos. Para que te veas, mi amor, así de entera. Como eres. Como eres ahora, ahora que ya no tienes dieciocho y que ya no. Que ya no.

Triste.

¿Hm?

Triste.

Voy a quitarme el pijama.

Voy a quitarme el pijama muy despacio.

Para que me veas.

Caótica es piel. Caótica aparece poco a poco. Caótica sin pantalones, desabotonando la armadura. Caótica es: piernas, una rodilla mordida, curva de cárcel, ombligo y después miedo y después dos círculos del color del atardecer, dos círculos en la cumbre de. Caótica es vello suave, pies, súplica.

Si no vienes y me tejes y me destejes, si no vienes y me tumbas contra el colchón y me aspiras con urgencia, si no piensas en aquella vez, bajo las estrellas, si no me miras dentro de los ojos, si no me aprietas la boca con tu boca rota, si no me traspasas el humo a la garganta y tu voz a la garganta, si no me haces girarme hacia el sol, si no me muerdes así, así...

Por favor, no te des cuenta todavía.

Déjame mirarte.

¿Qué voy a hacer sin ti? ¿Qué voy a hacer contigo?

Triste lame las paredes. Triste llega a los cimientos. 

Caótica se arquea. Caótica solloza.

Timbre. No hay respuesta.

sábado, 20 de agosto de 2016

como si echarte de menos, como si pedirte perdón





intenta algo que hagas por primera vez, susurré, y me dijo habla. después besó mis labios.











 

19/99

será más grande que tú y no podrás con ello. te romperás los dedos contra el suelo, morderás los muros, querrás caer. por qué no lo entiendes. no hay más allá, no puedes hacer nada, son demasiadas horas en vela y nada que decir. ¿sufres? sufres. te duele, claro que te duele. es como perderte la noche, no ver nunca la noche porque tú, ah, tú solo sirves para el día. aunque tu hora sea la oscura, aunque tu pájaro sea el mirlo y tu color el amarillo. no, no es lo mismo. crees que es lo mismo, pero nunca ha sido así. todo este tiempo has estado mordiendo cristales. masticando cristales. y ahora, justamente ahora es cuando abres los labios y sonríes y descubres que tu boca está llena de sangre. justamente ahora es cuando escupes vidrio y lo pisas y no puedes esconder las huellas en el suelo, las huellas en el suelo de tu casa. sí, es ahora. llevas tiempo evitándolo pero es ahora. no se puede luchar contra los relojes, es imposible, por mucho que te rebeles contra ellos y que los atravieses y que los pises, por mucho que los odies. y al subir al taxi mis palabras son vapor de cristal: no sirve de nada odiar el tiempo, y tampoco sirve de nada, tampoco sirve de nada este sentimiento que te supera y te supura y te recortaporlosbordes. mírale a los ojos. es más grande que tú, pero mírale a los ojos y dile quiero salvarte, quiero acabar con ello, quiero sacarte de aquí (dile sálvame o cómeme o espérame, espérame). que sea cierto el jamás. que no lo sea, aida, porque te están sangrando los labios. masticar cristales, tragar cristales, sentir cristales. por qué no lo entiendes. por qué no lo entiendo. relax, entertainment. ¿esperarás a que venga la tristeza, a que te sangren las manos y venga corriendo la tristeza? vendrá la muerte Y TENDRÁ TUS OJOS. ahora tienes que contradecir a todos los poetas. tienes que hacer polvo sus palabras y quemar los libros. tienes que dejarlos. los poetas no saben vivir, no saben sobrevivir al tiempo, a esto que está aquí y que no es de nadie. no tiene nombre. tiene tu nombre. pero no está marcado, no se ve, solo lo sabes tú, y ahora. ahora. ahora. mis gritos envasados al vacío reventaron al fin. necesito una puerta o un laberinto o un agujero. necesito salir. no quiero admitir que aquí me duele respirar. no quiero que me vean con los ojos hinchados y la cara morada y los labios blancos. no quiero que se enteren de que hace tiempo que hiperventilo. poco a poco, poco a poco. porque no quiero, porque no puedo gastar mi oxígeno. porque tengo, aquí dentro, las horas contadas. porque siento que tengo, contigo, las horas contadas. y que ya no, que ya no.

oh, cállate.

miércoles, 17 de agosto de 2016

m

si hay veinte mil personas en mi pecho, si hay veinte mil personas cargando carteles y silbando un himno en mi pecho (es take five, juro que escucho take five y que toso, toso un poco para que se callen), si hay veinte mil personas rodeando mi corazón con una cuerda y mirándose, entre ellas mirándose, en cadena mirándose, si hay veinte mil personas llorando en mi pecho, veinte mil personas apoyadas en muros, veinte mil personas que visten jerseys enormes y botas sucias, si hay veinte mil personas llevando zapatos en el borde de mi pecho, si hay veinte mil personas roncas que gritan y jalean y me esperan en mi pecho, que hacen fuerza para que yo me reúna en mi pecho, para que entre de lleno en mi pecho y me doble como un anzuelo, hacia dentro como un anzuelo, si hay veinte mil personas que quieren cambiar mi forma, hacer que deje de mirar a mamá en la cena, que no me coma las papas con carne (que no coma carne, que no coma nunca más nada que lleve carne), que deje de cantar hacia la nada, hacia los ojos de la nada, si hay veinte mil personas en mi pecho, si hay veinte mil personas

y a esta ciudad le faltan mis ojos que la miran, el calor de mis ojos que la miran, si a esta ciudad le falto

yo

y si todos sufren por mí

así me siento: todos sufren por mí

martes, 16 de agosto de 2016

42


Ten la edad de los perros. No ames. Protégete de ti y de los otros y sé siempre la niña virgen que esperaba un beso. Quince años, tenías las manos agarrotadas a los quince años, paseabas por la calle y había en ti un eco lejano, algo que iba más allá de tus ojos brillantes y del recuerdo de lo que habías hecho durante la tarde: comer pipas, reírte, beber alcohol barato y mirar a alguien de reojo. Ten la edad de los perros. No eras nada. No te obligaban a ser nada. Sí eras, la clave es que sí eras. Eras pero no te hacían sufrir ni pedían de ti un cielo cargado de nubes. Eras pero ibas a ser y eso era suficiente, siempre era sucifiente mientras acercabas a tus labios el primer cigarillo (siempre era el primer cigarillo) y sorbías y tosías y maldecías a quien te lo había dado. No ames, pero date cuenta dentro de años de que sí amabas, de que sí había algo en el fondo que era parecido al amor o al deseo o a cualquier cosa. Distráete, fíjate en cómo amanece (es tan bonito ver amanecer desde la playa cuando tus padres no saben que has dormido ahí, si tienes la edad de los perros), ten frío y ten calor y muérdete. No pienses el amor, vívelo. Sí, la edad de la nostalgia. ¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa hoy?

Voy a esconderme. Voy a pensar en mí y a ser lo que soy. Siempre tuve la lágrima escondida en el ojo, pero no así. De otras formas, pero no así. Soy la misma, en realidad siempre he sido la misma, y eso me duele y me enorgullece a la vez. Quiero escaparme de esto. No de mí, sino de esto.

Siento, Aidita pequeña, que cada error pesa sobre mí como una bolsa de cemento.

Sientes, Aidita pequeña, que no te va a pasar nada nunca.

Y a mí tampoco me pasa demasiado.

¿Cuánto dueles, cuántas veces dueles? Creo que lo justo sería que yo

(No hay final. Claro que no hay final)
 

sábado, 13 de agosto de 2016

080

Quiero inventar para ti un ser nuevo. Que piense como yo y que te mire como yo (y que me tenga dentro, sintiendo desde el tacto con la piel y el olor con la nariz y las palpitaciones, mis palpitaciones, sus palpitaciones secas). Pero un ser nuevo, construido a partir de todas las cosas que amo: copio, pego, recorto, me hago con lo que sobra de mis labios. Con mis esquinas, mis esquinas concurridas y torcidas, mis ojos como el beso de una flor fluorescente. Dos voces: una para el mundo y otra para el amor (salir del mundo y entrar en mi casa). Quiero inventar para ti un ser sin fisuras. Sin dolor, sin dolor y sin ojos que se balancean hasta el techo y observan el techo y beben agua de la lengua del techo. Yo y no yo. Yo, yo revolviéndome dentro de mi cuerpo, yo empujando para salir y saliendo. De espaldas saliendo. Quiero ser un árbol en el centro de mi pecho. Sorprenderte si de pronto mi ser nuevo se agrieta, si se me tiñe la piel de rayos o si me confundes con pájaros en la antena parabólica. Guardar de nuevo ese dolor y que mires, que contemples mi nuevo cuerpo (el mismo cuerpo, pero derecho) sin el grito, el llanto, el agujero apuntalado al cuello de mis piernas.

Me gustas con dolores, llorando en la cama, retorcida. Me gusta la esquina de tu espejo. Me gustas completa y figurada y esparcida. Eres, eres, eres.

Silencio. Soy un árbol, soy un árbol diagonal. 

Soy un tic-tac y hago tic-tac. Ponerme en hora. Muerte.

miércoles, 6 de julio de 2016

tranvía

pero lo haces: te paras en medio de los raíles del tranvía esperando a que pase, a que pase y a que te arrolle y a que te convierta en un amasijo de carne, de tripas, de nada. te metes de lleno en la vía esperando a que pase el tranvía, mirando hacia un lado, con la convicción ciega de que quedan ocho minutos (benditas paradas, prediciendo la muerte) y lo más seguro es que llegue alguien que te conoce o que no te conoce pero que siente lástima y te saque de ahí, que te arrastre con desesperación por la camiseta porque ni la ciudad ni los ciudadanos se merecen ver tu cuerpo comido por el transporte público. y sí, lo más probable es que nadie antes que tú haya pensado que ocho minutos son demasiado tiempo para querer morir, que caminarás de nuevo hacia el otro lado y cruzarás un río (un río, ¿comprendes?), pero esto que haces no tiene nombre. nadie se atreve a ponerle un nombre porque esto no lo hacen las buenas personas, y solo las buenas personas se atreven a ponerle nombre a lo que hacen porque no tienen que responder ante la señora que te aparta de las vías y te pregunta, mojándote la cara con un perdigón, qué coño estabas haciendo. aunque queden seis minutos, seis exhaustivos minutos que significarían ante los ojos de cualquiera que solo te habías parado para descansar, para tomar el aire. que sabías que faltaba un rato pero que el tranvía iba hacia ti como una máquina de apagar móviles (y cuerpos). ¿habría sido posible, dime, que hubieras esperado seis minutos más? seis minutos entre ti y la nada. seis minutos que gastas ahora sentada en la parada, mirándote las piernas desnudas por debajo de una falta que no, que no, que no te representa. ¿quieres morir? ¿quieres que duela? ¿quieres sentir que quieres morir y que quieres que duela? lo haces, claro que lo haces: ahora contemplas los raíles con tristeza, piensas en todo lo que te han robado la señora y sus perdigones, en todo lo que te ha quitado el mundo porque siempre hay alguien en la calle y siempre hay alguien que te roba la muerte. la muerte, la escupida muerte. y viene el tranvía como un rayo y la pantalla palpita: 1 minuto, 1 minuto, 0 minutos. en este instante tu cuerpo se habría disuelto en pedazos y el chico de la bici, la chica con rastas y la señora de los perdigones te habrían visto por dentro. todo tu interior esparcido bajo los pies minúsculos de las veinte personas que van en los vagones. y si te subes al tranvía vas a sentir cómo surfeas por encima de tu muerte, de tu suicidio cobarde. si te subes todos te van a mirar porque has crecido, te has apartado del final y has crecido hasta pasar por encima de ellos y hasta tener los dedos grandes como farolas. vas a llegar a casa, honey. pero lo haces: no te subes, no te subes. 10 minutos para el próximo tranvía.

lunes, 4 de julio de 2016

m


mujer contempla la ciudad. mujer contempla la ciudad en la ventana. mujer no tiene nombre pero contempla la ciudad y la ciudad no tiene nombre pero mujer contempla. hay ascensores carcomidos y muerte/en los ojos de los hombres/a los 14 años me propuse enamorarme de todas las mujeres de la ciudad. ir destapando uno a uno sus secretos. comérmelos. comérmelas. no disfrutarlas: quererlas, hacerlas sentir vivas debajo de los puentes, puentes que contemplan la ciudad y las mujeres debajo de mis dedos. y mujer contempla la ciudad. y mujer contempla la ciudad en la ventana. sabe que en dos horas cruzaré la puerta y traeré flores *lésbica galana lésbica ciudad* que contemplaré la ciudad en sus ojos mientras hacemos el amor como orquídeas o como basura en descomposición. mujer contempla mi cabeza, mi ciudad. amaré a todas las mujeres de la ciudad. no amaré a todas las mujeres de la ciudad. ellas son edificios y yo una rata *quiero comerme todos los cables y hacer que las chispas incendien la ciudad, que se llene la ciudad de cucarachas* mujer contempla cucarachas. mujer contempla cucarachas en mi pelo.

y todas las mujeres son

/edificios/

azoteas, parques y escaleras. calles, lunas y monedas. lésbica ciudad, lésbica y espléndida ciudad

viernes, 1 de julio de 2016

building

¿has pensado alguna vez, bird, en la connotación? te digo presa y connoto perros. te digo lluvia y connoto sexo. si te hablo de una puerta, justice, ¿qué quiero que sepas? y así es como mi cuerpo se convierte en sales, así es como el filo de tu lengua filosa (en tu afilada boca, water) sabe de mí un agujero. digo dolor y resumo agujero. pienso cáscaras. pero te has tumbado a mirar el cielorraso, la espalda de ti se ha chocado con los muelles para mirar el cielorraso, y sadness, gravity, y las cosas que le dices a tu cigarrillo*que solo es tuyo ahora*surfean la habitación. estantería, alfombra, closet. ah, la ciudad es mi closet, fuera de la ciudad soy la elevación espiritual y soy, siempre, serrín. pero aquí lo he pensado, aquí me he cruzado con sand, ojos, boca, boca que bizquea, te has tumbado a mirar el cielorraso, mi cara baja por las cuerdas del cielorraso y mis uñas acaban en tu reloj. reloj, reloj, ¿dices reloj y connotas miedo? cuando bulle la ciudad, ¿quiere decir cura? city, cómo darte señales de humo a través del cigarrillo, cómo explicarte dentro de este silencio la espuma morada que ha empezado a brotar en mi hígado. alguna vez obtuviste beso y yo quise decir hierro. alguna vez cacé humedad y pensé restos. cosas imprecisas, loud, cosas impalpables como igualmente impalpable eres ahora que has cerrado los ojos como balcones*y no quieres de mí*más que aire que connote que estoy viva*lo sé, little girl, algunas veces tuvieron razón las ratas. y entro a un edificio. a través de tus pulmones entro a un edificio. building. to build. to destroy. yo, en realidad, soy un animal (danzo como un gato por la panza de la calle, araño asfalto con las uñas y escribo con la lengua que no quiero comer lentejas). love, estamos desnudas en todas las casas de este bloque, tenemos pelos en las piernas y bostezamos con las bocas grandes como los mares (y queremos decir entropía). y entro a un edificio y hago la colada, la tele no habla, la radio tiene hambre*hazme el favor de quitarme la piel de una vez o voy a gritar y querré decir s e x o*tusk, mirror, ¿has pensado alguna vez en la connotación? ¿has pensado alguna vez en mi boca por dentro? quiero decirte cosas, quiero ponerte nombres, no encuentro el mando del televisor, mute, tengo miedo de salir de aquí/y entro a un edificio/quiero decirte estrellas, peces, trenes. que soy una leona, cat. y así con palabras es como yo te hago olas, así es como arrugas los dedos y lo hacemos, hacemos eso que todos connotan*en silencio*¿sabes, insider, que si callo ganas quiero decir pánico? voy a contártelo, voy a contártelo y pienso repetirlo hasta que te comas todos los cigarrillos. voy a contártelo, eres un cuchillo y voy a contártelo, pero necesito ruedas, vasos, leche. y entro a un edificio, a horcajadas entro a un edificio.

miércoles, 22 de junio de 2016

janis*edificio

mientras las tres señoras hablan/sobre alguien que se retiró del trabajo para pasar tres meses con su madre y apareció embarazada a los dos/yo muerdo patas de pájaro. hago con ellas un juguete y me las como porque no quiero que nadie me diga con qué puedo jugar. y janis, querida janis, ¿escuchas mis dedos rompiéndose, contra la losa rompiéndose, y mis ojos viéndome desaparecer? mientras las tres señoras hablan yo desaparezco (están contando los kilos que han perdido desde que les anunciaron que va a haber boda) pero yo desaparezco/mientras las tres señoras hablan/y no lo saben. en este bar hay ruido y olor a ruido y la cocacola sabe a ruido. verán bajar el refresco por mi esófago. primero un esófago y después solo refresco. una cascada negra y tuberías en el suelo y yo desaparezco mientras las tres señoras *hablan* y dejo a mi paso una estela pegajosa y me pisan, al pasar me pisan las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco porque no tengo TRABAJO. tengo pies en los ojos, desaparezco. no soy como las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco. janis, janis, querida janis, yo soy como tú y no como las tres señoras porque las tres señoras quieren a toda costa ser delgadas, ser numéricas, ser muebles de colcha o tapizados en piel sin pelos. pero yo, janis*esófago que anda, descomposición que baila cry baby cry cry, charco en el suelo de las calles quietas*soy lo mismo que tú. tengo tus dientes y las tres señoras no se maravillan con el gesto de tu voz agonizante, las tres señoras no te ven pero yo

siento la muerte siguiéndonos como un cordero*hambriento

jueves, 9 de junio de 2016



(¿pero vale la pena? dime, ¿lees esto y vale la pena? que sea yo, quiero decir. que me hayas buscado y sea yo, y seas tú a quien escribo. dime si vale la pena que toda la belleza
me consuma
y que esté aquí tirada pensando si es cierto que elcolordetusojos/estambiénelcolordemiceguera,
pero no es cierto.
y no tengo un beso guardado en los labios.
no para ti, ¿entiendes, comprendes?, no para ti ni para ti ni para ti ni para mí, porque yo era contigo. porque yo era. contigo. pero ahora seré. sin ti.
porque no vale la pena, y hace tiempo que te olvidas de llamarme.
de llamarme.
de cierto modo, de llamarme de cierto modo, de cierta manera que me hacía temblar las rodillas y los ojos, temblar los ojos contra tu pelo o tu cuello de avispa intermitente.
¿vale la pena?
no.
 y este no, este podrido no, lleva mucho tiempo colgándome de los dientes. como un adorno. como un adorno sin uso porque lo bonito no suele servir para nada, no suele ser útil, y qué inútil la idea que estaba ahí a la vista pero que no iba a dejar salir, que no iba a dejar salir porque no
valía
la pena.
y ahora.
creí que no pasaría, pero lo estoy usando.
y lo grito.
no.
no.
no.
no.
no.
no vale la pena, nunca valdrá la pena, yo ya no soy yo porque yo no era yo y tú no eras tú porque nunca has sido tú, nunca has sido nada, siempre lo has sido todo y sin embargo.
he dejado de llorar y has dejado de llamarme. así. y estoy cansada. y quiero vivir.
vivir. ¿entiendes? vivir)

 

martes, 7 de junio de 2016

quiero hacer puentes

ciudad: quiero hacer puentes. con los dedos hacer puentes. entre edificios hacer puentes. tejer tu mapa, big city, como si fueras arroz o escupitajos mágicos (en los que se refleja la luz, ciudad, la luz de las farolas, las farolas de las calles, las calles de tu estrella). quiero hacer puentes. de sangre. promesas de sangre con gotas de sangre que cruzan los dedos de mí a mí, de mí a nadie, de mí al muerto. muerta la ciudad, muertos los pasajes. muertos los que pueblan cada bloque. hacer puentes para que no cierren los ojos, para que no cierren despacio el cuerpo con los ojos y *habitantes de la ciudad, miren hacia las luces: la soledad es una luna, la farola es una luna, hay un pájaro silbando en el filo de la luna y café, café, pasajeros, callejeros, amigos, no se puede dormir hasta que haga puentes* ciudad: ¿nos castigas? ¿nos vomitas? ¿nos desechas? city, skeptical city, eres un planeta y tus edificios son más grandes, más grandes que tú. ciudad, ciudad raquítica, no te tengo miedo y quiero hacer puentes, quiero masticar puentes, quiero resurgir de los puentes/para hacerte daño/y si no me das permiso iré a golpear tu suelo, morderé tu suelo hasta que de mí salga tu ruina. con los dedos tu ruina. entre edificios tu ruina. entonces deja que me arquee, ciudadela, pueblo agrio, y que con mi espalda haga zonas, que haga calles, que pasen metros y bichos y muerta la ciudad, muerta la ciudad, muerta la lúbrica ciudad __ciudad: voy a hacer puentes. te retaré y haré puentes__

miércoles, 1 de junio de 2016

gran depredador

Trabajo para ti. Crees que trabajo para ti. Firmas mis brazos para ti. Me pinto la raya de los ojos, la curva de la boca, delante del espejo de mi baño. Me visto de criada y señora y camarera y profesora y prostituta y recta mujer en paro. Para ti. Mi trabajo no consiste en nada. Mi trabajo no me da nada. Odio mi trabajo. Y me emborrono la pintura. Y me retuerzo las uñas. Me cuelo en los bajos de la cama y no te espero. Tú sabes que yo no te espero. Tengo 25, 30, nada. Apareces. Gran depredador, apareces. Oigo tus pasos repetirse sobre el suelo, repetirse y vibrar en mis nalgas. Tac. Tac. Taquicardia. Crees que trabajo para ti. De 8 a 2 me salto todas las funciones de mi puesto, hago pellas y como Nocilla a cucharadas. Te espero cada día, con quince minutos de ventaja, caída sobre el sofá. Pintada. Peinada. Bien hecha. Crees que trabajo para ti. No tengo salario (no hay nada que me hinche las cuentas o el vientre a mediodía), pero tampoco me duele. Tac. Tac. Hoy no me he peinado.

Veo cómo me miras y cómo se te abren los ojos y las manos. Veo cómo descubres que no soy lo que soy para ti y que me he tragado todas las pelusas. Despojo. Amarilla. Gran depredador, yo soy un leopardo. ¿Quién se come a los leopardos? Pero apareces. Me miras. Encoges los dedos en una mueca que casi tiene ojos. Odio mi trabajo. Soy de gelatina. Me levanto, me abro, me descubro. Tengo la cara pintada, tengo los dientes podridos, tengo los labios cortados. Gran depredador, alzas las manos (te veo teclear notas de prensa, hace media hora, en un despacho blanco, paloma de la paz blanca). Tac.

Odio mi trabajo. Criada, señora, camarera, prostituta, mujer en paro. Pienso en ser de verdad un leopardo. Y firmar mi fuerza de leopardo. Y retirarme. Y pintarte los labios de rojo, los párpados de negro, arrancarte la barba. Podría doblegarte o hacerte llevar mi cara. Podría ser un gran depredador. Salgo a la calle (niña haciendo pellas, corriendo fuera del cole). Te veo una. Dos. Tres veces. Cinco. Cien. Estás vestido de tendero y me viras la cara. Repartes el correo y me dices que me aparte. Construyes un muro y me gritas tía buena. Gran depredador, empezaré a arrancarme las uñas con los dedos (si dejas de quererme, me moriría de miedo).
 

 

domingo, 29 de mayo de 2016

ut

Por qué soñé contigo anoche. No tenías nada que ver conmigo (con esta yo que nació ayer y murió anoche, que no es la que se formó con los primeros rayos del sol y con el desayuno. Me puse tan triste cuando leí aquel pasaje de Pessoa, me sentí tan sola y tan breve), pero apareciste como un relámpago y después te convertiste en el pasadizo central del sueño. Llevábamos tiempo sin vernos. Sin vernos con nuestros ojillos entrecerrados y nuestras bocas mudas. La tuya no. Tienes tantos años más que yo, tienes tanta vida sobre ti y eres, qué eres. Bebes vino. Bebías vino, había una conversación que llenaba la estancia pero tú hablabas conmigo, y me preguntabas sobre los demás. Sobre el amor. Querida utópica, no me comprenderás jamás. Ni a mí ni el fuego que subía por mi esófago. Ni a mí ni las palabras que no te dije, que no me dejaste decirte en el fondo roto de mi cabeza. Porque te he mirado a los ojos tantas veces, y he guardado tantas veces silencio al toparme con el hueco de tu pupila. Contigo. Sputnik my love.

¿Por qué escribo esto? ¿No basta con soñarte y revolverme en la cama y sentir una chispa inexplicable entre los muslos? Llevo años viéndote en sueños. Como si no fueras la persona a la que he mirado caminar y caerse por la calle, como si fueras de verdad la mujer de pelo negro que se me aparece en las noches más ruidosas. Escribo esto, utópica, porque anulas todo lo demás. Me dejas plantada, quieta como una roca. Me vuelves inmóvil (ya no soy, ya no soy porque no me muevo, y no me muevo porque no soy nada). Por qué tuviste que volver a mi cabeza cuando acababa de leer Las ruinas circulares de Borges (un cuento sobre alguien que se dedica a soñar a un hombre, que se encierra en un templo para crear un hombre en el sueño, y empieza con el corazón hasta que con los meses logra modelar el cuerpo). Por qué tuve que leer Las ruinas circulares de Borges. Por qué labios rojos y un vestido negro.
Mírame. Yo no existo.
 

domingo, 8 de mayo de 2016

sin título

Yo ya te conocía antes de ti, aunque no lo admitas. Ya te había respirado, y una tarde en que me echaron el tarot medio en broma (tengo amigos tan irreverentes, comprendes) apareciste: vas a pasar una época oscura y vas a tener un amor a medias. Sé que nunca te lo he contado y que te va a extrañar ese silencio dentro de mi ruido existencial. Lo sé. Pero cómo iba a decirte que habías aparecido entre la oscuridad de mi cuarto, que te habías colado por las rendijas de una ventana casi descuartizada y me habías cogido por las piernas, por la cintura, casi sin tocarme. A medias, rozándome con la mitad de la mano. No te lo vas a creer: dicen que esa baraja está maldita. Mis amigos la compraron en una tienda de segunda mano. Siempre me han dado cierto reparo las cosas compradas en tiendas de segunda mano (menos los libros, ya sabes), pero aquellas cartas, pero esos dibujos. Dalí. Cuando se desplegó la mía ya sabía que decía la verdad: oscuridad, mitades. Pensé en ti, te lo juro. Pensé en ti aunque no supiera que eras tú, pero de pronto una habitación oscura y un cuerpo delgado, un pelo largo sobre la playa de una cama hecha. Sábanas blancas. Te escondías entre tus manos y saltabas hacia mí como un pájaro. Lo supe: la clave.

Tú eres la clave, la contraseña que hace funcionar todo esto, la mancha que me explica y me rehace. Desde tus ojos me miro, tópico insoportable de las cosas a medias. Aunque pienses que soy quizá más alegre o que me duele menos el cuello. Ya te conocía, muchachita. Estabas dentro de mí y me esperabas (mis tripas un tarot, mi sangre el filo de la baraja). Porque yo. Porque tú. Te lo cuento: yo estoy del lado de las cosas que no funcionan, del terco lado de las cosas que no sirven para nada, solo para pensar y respirar y mirar a lo lejos. Estoy del lado de las habitaciones vacías. De una soledad tan crispada, comprendes, tan crispada como cualquier otra cosa que tampoco sepa nombrar. Y a veces no me comprendo. Toda la vida sin poder comprenderme. Toda la vida peleándome conmigo por las mañanas, como si me peinara, como si alisara un cabello rebelde (también lo tengo) para que parezca normal. Todas las podridas mañanas mirándome y diciéndome adáptate, destrózate, cállate. Y las cartas: algo a medias. Tú, de pronto, un rayo. Porque no puedo tenerte del todo, ni he podido ni podré nunca, y no hablo de tenerte como algo material (claro que no), sino de alcanzarte, comprenderte, poder esbozar un pueril mapa de tu ciudad en ruinas. Claro que lo sé. Tengo a mis propios Díaz Grey y Elena Sala bailando en una Santa María reinventada, los tengo y son diferentes y los dos tienen curvas parecidas. Hacen lo que yo no puedo. A medias. Oscura. ¿Estaba maldito el tarot, están malditas todas las barajas, yo estoy maldita? ¿Yo me estoy pudriendo? ¿Me escuchas? ¿Entiendes que ya te conocía, que te he conocido siempre, que me dejaría arrastrar por ti hasta el mismísimo fondo de todo?

Hélène: ¿qué te pasa? Tú eres las habitaciones vacías y el susurro, las pieles y las gotas, las islas y las aceras. Niña triste, broken beauty, vieja amiga. La diferencia es que yo estoy así de rota, me han roto y tengo una cicatriz que me puebla y un cortar por aquí, pero tú naciste rota, tú eras disfuncional desde el vientre y tu primer llanto fue una declaración de intenciones. El mío no lo sé, aunque es cierto que soy de gelatina hasta la médula y tiemblo con cualquier cosa. Mi ciudad, eres el pasadizo secreto de mi ciudad, el recoveco que me encuentro casualmente y que me lleva hasta el centro, hasta los sofás descascarillados en el corazón de mi ciudad. Y a través de ti me he sentado y he fumado y he leído los libros que solo se imprimieron para esas estanterías. A través de ti, clave de mis costillas, he encontrado el hueco vacío en el que dormir o esperar o masturbarme sin que nadie me mire, sin que nadie me juzgue. Pero allí estoy sola, a veces estás conmigo y es solo un engaño, en realidad tus ojos miran hacia otras paredes y cuando te enseño las heridas no las estás viendo. Una época oscura, comprendes, porque allí no hay lámparas, porque no las he llevado, porque tú no traes luz. Es tarea mía encontrar cómo prender las bombillas. Es mi papel, soy yo, tú eres el pasadizo pero la ciudad es mía, reino sobre ella como una gallina sobre sus plumas, me hundo en ella como las gotas en el agua. Hélène, eres sumamente Hélène.

Ya te conocía antes de que fueras una desconocida. Antes de que existieras para mí. Antes de esas preguntas, para qué sirve el Arte, cuál es la utilidad del Arte. La clave de todo, ¿sabes?, la clave de ti y de mí. Servimos para lo mismo. Para abrir canales. Para saltar precipicios. Para romper ideas. El problema, supongo, es que yo soy infinitamente buena para ti y puedo salvarte, y tú eres para mí como la invitación a un pozo en el que puedo ahogarme, en el que deseo ahogarme, en el que jamás debería ahogarme. Puedes acabar conmigo, lo sé. Y por muchas cosas, muchísimas cosas, me he destruido a mí misma para volver a hacerme, para arrancarme las cosas superficiales y encontrar mi centro, encontrarme, dejar de decirme cállate y suplicarme que hable, que chille, que muerda, que cante lo peor que se me ocurra y que pinte los muros con sangre porque estoy obligada a vivir, y a andar, y a menstruar, y a ser cosas que otros me adjudiquen o que yo misma me obligue a ser. No me obligo, escucha: desde esta habitación me he convencido de que no hay vías malas, de que es justo escupir toda la ansiedad y respirar tranquila, de que no tengo la culpa de nada y la vida, verás, la vida es solo una baraja, amigos irreverentes, la muerte que se aproxima como una tormenta. Tú estás tan triste, tú haces tanta justicia a esa imagen de la habitación a oscuras y solo una voz, estar tumbadas, mirar el techo, hacer el amor sin ceremonia y destruirnos despacio, Hélène.

Y verás, broken beauty: tu cuerpo delgado me llega como lo que yo nunca seré, como una invitación a mí misma desde lo ajeno. Lo ajeno que a la vez me atrae indiscriminadamente, cruelmente, que dice tanto de mí como las antenas de los edificios de mi ciudad. No eres mi ciudad, pero eres los carteles que recorren los muros y la lluvia que cae de vez en cuando, siempre bajo el aviso de unas nubes horrorosas, oscuras, a medias. Si tuviera que decirte algo sería que las cosas que nos gustan también nos definen, y que a ti te gustaban mis nudos, mis problemas emocionales y mis calles llenas, pero siempre he sido demasiado buena para ti como para que puedas quererme. Sí, Hélène, te he bautizado así porque puedo permitirme el lujo de sentirme como Juan, como Nicole, como Celia, de temerte y a la vez querer acercarme a ti hasta estar dentro de tu espacio. De temerte, tenerte pánico porque puedes hacer que me hunda, que me cierre, que me derrumbe. No ibas unida, comprende, a la etapa oscura que me vaticinaba un tarot maldito, pero sí que formabas parte de ella y eras quizás el campo determinante, lo que me hacía falta para dejar de atarme y de deberles cosas a los demás, para dejar de obligarme a no ser lo que soy. Y ya te conocía, claro que te conocía, Elena Sala, Díaz Grey, todas las cosas, el borde de un ojo, los párpados cerrados, un cuerpo, humedades, la prohibición de decirte lo que eras después de un orgasmo porque entonces, porque quizá, pero yo nunca te mentí, ni siquiera entonces, ni siquiera cuando no sabía. 

viernes, 29 de abril de 2016

80


a Andrea Abreu López
en el 80º cumpleaños de Alejandra


Alejandra ata eslabones, Andrea quema café con canela. Alejandra espera pájaros, Andrea vuela gatos. Andrea piensa en Alejandra y Alejandra ha muerto, Alejandra se ha torcido la vida y ha cantado con gritos y pastillas. Pastillas para no comer, pastillas para no reír, pastillas para el vértigo. Tienes que tomarte las pastillas. Tienes que tomarte las pastillas o vas a morirte, Andrea: tú eres el agua que recibe la efervescencia. La efervescencia del tiempo y de los ojos de los otros. Alejandra riega la comida, Andrea no come carne. Los gatos devoran a los pájaros, los pájaros no tienen jaula y nos encierran cuando se desmaya la noche. Nos pinchan. Nos calientan. Nos cocinan poco a poco, Alejandra, pero tú colocas postales sobre la cama, las enrollas en los hilos de la cama. Y Andrea ordena el gesto.

Alejandra canta, Andrea ensucia los poemas. Un alambre recorre las muñecas, los tobillos, el sexo. Un alambre ata la muñeca y el tobillo y el sexo de las niñas rotas y va de la vida a la muerte, de la muerte a la vida, del gato al corazón del pájaro. Por qué te moriste, Alejandra. Por qué la dejaste aquí entre las lámparas de celo y el césped enfermo. Andrea lee Alejandra: Andrea coge el tren hacia el infierno y el infierno es un papel, y el infierno son los dedos roncos de los árboles roncos. Mírame: soy de llanto. Mírame: soy de pastillas, soy de clínica, soy de depresión y no hay espacio aquí para tus cataratas lárgate a otra parte incúbate en la cama sofoca tus temblores cállate ya

Me gustaría convertirme en un espejo.

Yo te conozco, mujer: tú crujes cuando corres y lloras cuando los demás no sienten. Tú miras el espacio como miras el sonido. Yo te conozco. He vertido para ti un estanque. Quiero que bucees, y si no escápate. No tenemos jaula. Alejandra. Imagina la muerte de Alejandra, la soledad moribunda de huecos, la soledad llena de cráteres y seca, seca, Andrea. Tú desciendes la ciudad en bicicleta. Tú estás atada a las flores que se abren para cerrarse.

Alejandra: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría huirla de los techos y los parques. Querría quitarle las uñas de los pájaros.

Andrea: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría que fueras tú.



 
 

miércoles, 6 de abril de 2016

***


Aida no reconozco mi nombre cuando enciendo la pantalla del ordenador. Aida no reconozco mis manos cuando las veo sostener un cigarrillo, Aida no entiendo lo que pienso si me hundo como los peces como las algas en el agua de las habitaciones limpias. Aida no me conozco cuando respiras así. ¿Qué es esto?, Aida, Aida, yo me he curado como las madres curan a los niños. Con ternura y besos y mentiras. Aida he podido dormir todas las noches y he podido reír todas las veces porque soy mi propia madre. Aida no reconozco a tus amigos ni tu cama ni tus manos cuando bajan a mi shhh. Aida supura: Aida supura muerte y tristeza y pregúntale por qué no reconoce mi nombre cuando los documentos dicen CÁLLATE. Aida silencio, Aida respira. ¿Qué pasa, eh? No pasa nada. Aida por qué carajo no me quieres. Aida por qué carajo no me ves. Aida por qué no has vuelto. Aida mi nombre esconde Aida el miedo Aida tristeza Aida cállate Aida vuelve Aida no Aida.
 

miércoles, 30 de marzo de 2016

p a d r e

padre: me he subido a las paredes de tu casa para mirar las piedras del cielo. tu corazón es un guijarro triste, y yo sé que los corazones pueden volar. los hay en forma de paloma y en forma de pato. el mío es un pato, padre, porque hace mucho ruido y quiere que el agua tiemble. el tuyo es una paloma porque me asusta y se muere en los rincones (hay que sacarlo con un rascador, hay que dejar que se pudra hasta los huesos, hay que matarlo). padre: be a body. quiero decir que me perdones. todas esas bocas todas esas lenguas me pueblan los dedos. todas esas manos todas esas piernas me doblan los ojos. aquí hay una antena a la que llegan señales *y no encuentro tu corazón*. por qué se encierra el cielo. por qué no lo veo volar como los globos que se sueltan de los niños o como las lágrimas de los niños que se sueltan de los globos. 

padre: es necesario que vea cómo el guijarro sobrevuela tu casa y mi nuca y mi pato ruidoso, necesito que no puedas ver cómo la piedra choca con siete edificios por gota, quiero que retuerzas los bloques con las uñas más largas de tus pies. no tengo estrella, no tengo hijos, solo tengo las paredes y cuac cuac cuac. plumas, piedras, muerte. ¿sabes que si me caigo, papá, voy a morirme? ¿sabes que mi cabeza (paloma) va a chocarse con la acera y voy a desangrarme y vas a tener que enterrarme? vas a tener que llorar, padre, cuando me arrastren por debajo de la tierra y tus piedras me pisen con las lenguas. soy paloma porque moriré atravesada por el dolor del suelo y nadie se dará cuenta hasta que huela a culpa. be a body. si me quieres, be a body. si me quieres, busca tú el corazón paloma entre el cuerpo partido de mi madre.

padre: como no me estás oyendo, voy a soltarme. cuac cuac cuac.

lunes, 28 de marzo de 2016

41


Y tu casa, y mi casa, y estas manos. ¿Qué hago con ellas ahora? Si miro al cielo (siempre que miro al cielo) me duelen los hombros. Tengo como omóplatos dos piezas de puzzle. Coleccionar las esquinas de mis hombros es reunir mi vida. Verás: tengo acumulados los abandonos y me duelen las costillas. De torcerme. De respirar. Una vez me toqué tantas veces que después me dolía respirar (y era tan dulce). Tengo sombras escritas en los muslos. He tecleado mi historia sobre la piel. Los ojos se cuelan por las rendijas y quieren leerla, descifrarla, enterarse. Yo no quiero decir nada. No hay palabras, no hay nada cierto, y eso no quiere decir que sea mentira. Que yo sea mentira. Si miro al cielo (siempre que miro al cielo) me duelen los secretos. Hay algo en mi anatomía que me delata. Hay heridas y curvas y desastres que explotan sin que pueda cubrirme. No te escondas, Aida. La vida es quitarse la máscara. La vida es juntar las piezas de puzzle. Y no pudes hacerlo sin romperte. El cielo es peso.
 

agua sin agua


dónde estás
de qué color es la tarde
con qué señales me dices que me vaya
no sé qué piensas de mí
soy el cielo cubierto de babas
tengo los brazos estirados al azar
me pregunto
dónde acabas esta noche
si llegas a mí desde los lados
de tu cuadro médico
no sé qué piensas de ti y es cierto:
recorro tu espalda
con mi dedo de tierra
soy el mar techado con cristales
botellas cartas sálvame
no sueño con nubes empapadas
ni comprendo
tus carreras marinas hacia mí
tus huidas terrestres hacia el mundo
soy agua
me levanto con la luna y respiro
el aire tornado grito de los dientes
no sé qué piensas de mí pero
te he dormido
como se duerme a los peces luminiscentes
dónde estás
de qué color es el agua
por qué se te secan los ojos
cómo se ve el cielo desde el mar

 

 

sábado, 26 de marzo de 2016

88

coca cola ron cerveza vino bocas dientes amor: la progresión de la vida el útero las cuentas el camino sabes el camino primero te lo bebes todo sonríes hasta casi morirte y cuando llegues a la esquina escúchame bien cuando llegues quítate la ropa - espera bien espera a que te toquen deja que te palpen disfruta de sus manos debajo de los pechos sujetando revisando estrujando eres una esponja no mereces nada solo el agua que vierten sobre ti tú la absorbes y si andas la chorreas no eres nada más no eres más que el agua en el suelo un charco con tu vida un charco con tus ojos un charco con tu inteligencia ya no importan las condiciones hemos roto todos los contratos estás sola: solo tienes que dejar que te toquen coca cola ron cerveza y aspirar el agua con la boca vino bocas dientes vas a seguir así vas a seguir hasta que los lácteos dejen de dar miedo *amor* dicen el amor te salvará dicen las canciones es la cura para todo pero quién te salva del amor que esparcen sus ojos quién te cura del tajo que procrean sus braguetas no hay nadie nadie nadie eres una loca no quieres amor no quieres sexo te duelen los costados no miras a nadie ¿no miras a nadie? la belleza tiene trampa

hoy vamos a tratar tu miedo - siéntate y espera puedes hacer una pausa solo porque has vomitado qué te pasa y por qué te pasa coca cola ron cerveza tienes que unirte a la cadena vino bocas dientes ellos son los que te quieren ellos son los que te buscan ellos son los que te entienden ábrete eres casa ábrete eres suya ese hueco sirve para esa mano sirve para esa boca sirve para

son*las*normas

vino cerveza vino cerveza ron coca cola tengo miedo bocas dientes amor pánico a las manos miedo he vomitado me dan asco quiero salir de la caja romper la caja comerme la caja necesito aire ÁBRETE necesito tiempo MÓJATE necesito espacio MUÉVETE tengo sangre en las costillas

respira mujer respira

no dijiste nada