¿Qué significará el tiempo sin relojes?

miércoles, 16 de noviembre de 2016

todo eso joaqui

igualmente es mentira joaqui decir que en esta habitación hay un cuerpo delgado que el cuerpo delgado se pasa la lengua por los labios que el cuerpo delgado mira hacia el techo como si el techo tuviera joaqui la verdad o una aproximación al color de tu frente cuando andamos por la calle y el cuerpo delgado no quiere hablar de nada ni dejar pasar el tiempo ni pensar que faltan dos semanas para que se me rompa el himen y me lleve a la sala de urgencias de mi cama a la sala de urgencias del helado häagen-dazs y las manos curvas y la almohada mojada igualmente es mentira joaqui que queden dos semanas porque en algún momento en algún oscuro momento te habré contado espero haberte contado lo que sucede en mi vida lo que sucede en el cuerpo delgado aunque eso sea mentira aunque nada sea cierto y en esta habitación no haya huesos que se estiran ni leyendas por escenificar mira la verdad es que no sé si has descubierto la odisea en mi mesa de noche no he empezado a leerlo es solo un préstamo de la biblioteca y sé que tal vez si lo abro acabe comiéndomelo acabe tragándomelo de una sola vez como si fuera chocolate o palomitas o el doloroso sabor del dulce de leche

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que en esta habitación suceden cosas que se inicia algún proceso que hay más que aire porque he empezado a pensar en lo que ocurrió en la cabaña y tengo miedo de decirlo y tengo miedo de mirarte anoche cuando estábamos en el bar las chicas preguntaban por qué no nos dábamos un beso yo no les he dicho que hemos follado no quiero que sepan que lloré mientras lo hacíamos y sé que si les digo algo sé que si empiezo a hablar voy a acabar dibujando con los dedos la silueta de la primera lágrima voy a terminar aportando pruebas y cruzando puentes y les haré saber todo lo que siento y a qué sabía el helado verás joaqui era de chocolate yo odio el helado de chocolate fue lo primero que te dije cuando nos conocimos porque querías invitarme a un batido de helado y puse objeciones puse trabas impuse mis ideas pero en la cabaña en la cabaña solo esperé a que terminaras y aguanté tu aliento en la nuca el sonido de tu carne chocando con mi miedo sí no te lo dije pero tenía miedo me asustó que me mordieras me asustó que la tuvieras dura y que quisieras que de verdad quisieras hacerlo conmigo porque

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que me fui con ana a fumar solo porque me apetecía lo cierto es que quería decírselo lo cierto es que quería preguntarle si fue normal la sensación o si todas las primeras veces dan un poco de asco pero verás joaqui no lo hice porque igualmente es mentira decir que fue la primera vez que es mentira decirlo todo es mentira no sé cómo lo hice hay algo que sobrevuela la habitación míralo una mosca o una polilla no estoy muy segura quiero volver al tiempo en el que no sabía del todo si las polillas podían volar qué estúpida y qué felicidad comer galletas no tener que compararme con un cuerpo delgado no tener la odisea por leer algo sobrevuela mi cuarto ese algo sale de mí va desde mí hasta el techo las líneas de mi mano o un proyectil desde mi muñeca oye joaqui tú alguna vez has pensado en cortarte las venas yo sí lo he pensado y he querido hacerlo y mientras me dabas por detrás se me pasó por la cabeza la imagen de mi bañera ensangrentada y mis brazos con goteras y el momento previo la caricia de la cuchilla el último pensamiento racional también pensé en la cara de mis padres abriendo la puerta preguntándome qué sucede y chocando con la imagen con la lasciva imagen de su hija adolescente muerta muerta muerta para siempre muerta entre sangre yo saliéndome de mí yo brotando de mis brazos como un cerezo en flor o como un bosque cubierto de árboles cada gota un árbol cada gota una cosa nueva

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que debería llamarte porque tengo el teléfono apagado y ni un solo whatsapp ni un direct ni un messenger no ha habido nada ni una palabra sobre lo sucedido ni siquiera un hilo de voz o una mirada cómplice ayer todo parecía haberse terminado ayer se me desvaneció por los dedos el cuerpo delgado se escapó de mi figura corrió muy lejos a casa de mi tía o a la guardería o a algún lugar seguro más allá de este ciclo inmenso del bachillerato o más allá de los ojos de ana encendiéndome el cigarillo y mirándome de cerca el cuerpo delgado se ha ido y no sé si vas a querer hacerlo conmigo otra vez no sé si voy a querer otra vez que me beses o que me quites la camiseta ni siquiera me había puesto sujetador viniste a casa a darme algo y salimos al huerto y hace dos semanas era la calle y tu frente y yo llevaba guantes tapada por los guantes mis manos llenas de astillas haciendo presión contra la pared igualmente es mentira joaqui decir cualquier cosa desearía algunos días desearía hoy desearía ser como ana o no ser como nadie o no ser como yo no he estudiado nada para el examen de historia de españa pero tengo un poco de resaca todavía no quiero saber nada no quiero ir a ningún lugar oigo a mamá en la cocina si salgo voy a pensar en lo de cortarme las venas y además en qué habría pasado si se hubiera abierto la puerta de la cabaña de las herramientas y mamá

todo eso joaqui

e igualmente es mentira igual sucede que el sexo es mentira porque llevo desde los doce años haciéndome pajas por las tardes y viendo porno a escondidas y nadie me habló nunca de la suciedad del olor del dolor no pensé que fuera a repetirse no pensé que fueras a terminar tan rápido pero en el fondo sí ya te lo he dicho joaqui quería que te corrieras que salieras de mí dejar de preguntarme por qué estaba tan mojada igual sucede que todo es falso que hay una partícula dura una hinchazón en el mundo que nos coge a todos por los codos y está muy bien el buscador y después las manos en las bragas y ese ascenso y parar un poco antes de llegar y parar en seco y después seguir deprisa deprisa como si se fuera la vida por el espacio entre los dedos volver a parar y no hacerlo a tiempo todo eso joaqui todo eso lo veía yo como la verdad más absoluta la verdad a solas la verdad pura pero la cabaña pero tu ropa interior alzada como un sueño o una pesadilla pero esa expresión en tus ojos mientras te vestías y el bar anoche y por qué no se dan un beso qué les pasa chicos creo joaqui que lo mejor es que lo dejemos porque me siento mal y faltaban dos semanas para que se me rompiera el himen necesito helado necesito silencio necesito estudiar para el examen quiero graduarme quiero salir de aquí quiero fumar tres cigarillos de una vez quiero esperar con los ojos apretados a que te corras

todo eso joaqui

todo eso joaqui
 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

049

para decirte que ya no. para decirte. que. ya. no. que me he cerrado. que mis dientes son cemento. y calibrarte. dime: ¿qué sientes, qué sucede en ti si cubro con mis manos el espacio en el que siempre intentamos dormir? voy a contar todas las veces que he querido besarte. voy a hacerme con ellas un collar. para llevarlo al cuello, para saber que puedo llevarlo al cuello. para dejarlo en casa. y decirte. que ya no. ¿sabes que en algún lugar de mi cabeza

la niña que fui la primera vez que me miraste entre el humo

llora de pánico?

¿sabes que en algún lugar descansan las manos que te tocaban? ¿que hay un hueco o un pozo o una celda en la que mis pies se miran (bizcos) y tiemblan por ti? por ti, trozo de espuma. por ti, grieta del día. la niña que fui. no la niña que era: la que fui en ese instante, la que surgió a través del llanto hueco de tus ojos. la que murió por la noche, muy tarde, entre estertores. como una fábula. como un dato impreciso que logró definirme. definirme ante ti, muralla imposible. muralla

imposible.

para decirte que ya no importa. que puedes marcharte (si lo deseas. si te aprieto. si te aprieta que te suelte: en realidad creo que te ahogarán mis manos lívidas, que te asfixiará la apertura de mis dedos). después de las explosiones y mi miedo y este cuerpo

fatigado y dolorido y harto de contar las ganas de tocarte

viene, creo, la vida.

y para vivir tengo que romper a la niña, que comerme a la niña. que torturar a la niña. o hacerle el vacío, llanto cansado. o hacerle el vacío. 






















(no te preocupes. sigo siendo la misma)

martes, 1 de noviembre de 2016

?

me pregunto: ¿tenemos las mismas raíces (este fondo terroso, esta nube de polución brillante)? ¿bostezas por las mañanas o solo bebes café para salvarte? ¿para salvarte de lo mismo que yo? ¿o son otras cosas, o hay otros gatos en el giro de tus manos? ¿me ves? ¿me ves o yo te veo o alguna de nosotras ve las mesas amontonadas sobre el humo de tu cigarrillo? ¿hablas para ti cuando no hay nadie? cuando no hay nadie, cuando parece que mis ojos se giran hacia dentro y que la oscuridad, y que el agua, y que el estruendo. ¿lo sabes? dime, ¿lo sabes? a mí me calma la suciedad de los cerdos que no están en las ventanas de la torre. las manos de las ancianas que tejen el tiempo: de verdad pienso que en algún lugar debe haber ancianas y que las ancianas deben tejer el tiempo mientras fuman el tabaco que ya fumamos (otro año. el año de los perros. cuando algo tenía la edad de los perros. cuando algo aullaba hacia la calle y era un cielo lleno de cavernas, un cielo lleno de cráteres en los que
alejandra dormía desnuda)
¿qué ves si te digo árbol? ¿qué muerdes si te cuento que una vez me perdí en un centro comercial y no lloré? solo pensé que iba a morirme, y eso me dio paz a los diez años. ¿qué es la paz para ti, de qué color es la respiración y de qué respiraciones es la paz? ¿tienes miedo?
¿tienes miedo en esta calle y ves en la calle el mundo, y tienes miedo en el mundo porque el mundo es como una calle y puede salir de cualquier ladrillo
un espejo deforme que te haga llorar?
¿lloras? (tengo, desde siempre, una especial relación con el llanto)
¿conocerse es el relámpago? (tiene que serlo, porque una vez me hablaste de salinas y yo recité en mi cabeza el poema entero, y descubrí que lo llevaba escrito en el tobillo izquierdo. en el corazón izquierdo. ¿llevas algo escrito o solo son relámpagos?). ¿qué sonidos te hacen encogerte? ¿qué pide que cierres los ojos, que bajes el mundo con los párpados, que te escondas? ¿por dónde te desdoblas? ¿tienes un camino directo a casa? debajo de la piel. debajo. de. la. piel. mi ciudad está bajo mi piel. si me miras, edificios: las antenas en los brazos y un rascacielos que me eleva las costillas. ¿los ves? aquí robaron un banco y aquí explotó una casa. yo sé que entrar en los otros es
descender un mapa interrogante.
y tengo mil preguntas por hacerte.
¿has soñado alguna vez con cuervos o con cuerpos o con algún filo de estrella caducada? como yo. como yo. 

lunes, 24 de octubre de 2016

los escombros de

Llegarás a la zona olvidada que hay tras el pasaje azul de mi cabeza. Al panel hueco en el que una gitana anuncia que vomito: tengo frío, tengo llanto.  

Recuerdo una contracción y recuerdo mis ojos que cerraban el día en las costillas. La noche en las costillas.

Y en los pechos. No, yo no tenía pechos. En la zona olvidada soy siempre una niña risueña, lista y torpe. Que quería comer verduras. Y volver a nacer. En la zona olvidada soy siempre yo, aunque cierre los puños y sepa que no hay salida.

Que todo está roto para siempre.

Que aquí me duele para siempre.

Y no hay una sola pastilla que pueda decirme que va a parar.

Y no hay una sola persona que pueda besar la zona olvidada.

Nunca, niña, nunca. No hay espacio suficiente para otra boca (aunque sea un pozo profundo, aunque la punta de tu dolor pueda perforar la tierra y vaciar de un espasmo todos los mares. Aunque quepa una casa y quepa una ciudad. Aunque ninguna luz pueda alumbrar tanto espacio, aunque te pierdas y llores y tengas que atarte una cuerda. Un ovillo para visitar a tu pequeño minotauro. Aunque otras leyes lo rijan y todo sea posible, y todo sea posible. No, no hay espacio suficiente para otra boca).

Porque es la zona que más recuerdo.

Y es un punto en mi piel. Y es el lunar de mi boca. Y soy yo. No esta yo que te mira. Que te mira a ti, que llegarás a la zona olvidada. Que llegarás como un cohete a la zona olvidada y pisarás la acera y rasgarás el precinto. ¿Rasgarás, dime, rasgarás el precinto?

¿Vivo entre los escombros de la primera vez que metí un dedo en mi vagina?
 

jueves, 20 de octubre de 2016

tarde

¿Cómo te sentiste cuando yo bajaba por tu esófago, cuando me revolvía en tus tripas, cuando sabías que estaba mordida y hecha trozos y que no tenía voluntad, que nunca volvería a tener voluntad? ¿Cómo, como te sentiste al saber que no podría moverme? Que seguramente jamás podría volver a moverme. Que habría deseado no poder moverme nunca más. Y quedarme vacía, tirada en un sofá rígido, con la ropa revuelta y los ojos secos y un punzante dolor en algún sitio. Quedarme muy quieta. Ser una piedra. A veces siento que mi único desenlace posible es desaparecer. Que tu digestión termine, que yo me convierta en un despojo (más, todavía más. Tengo ahora más ácido encima que aquella noche. Tengo ahora más ácido encima que cuando me puse de pie y todo me dolía y llegué a mi ducha a tientas. ¿Es por eso, dime, es por eso que lloro cuando me siento sucia?). When you break. Reproductor aleatorio. When. You. Break.

Imagino, por supuesto, lo que sentiste.

viernes, 14 de octubre de 2016

495959co

Cuando estés sola habrá unos ojos y después la nada. Vendrán en la cena. Tendrás el pelo sucio y los labios cortados (te levantas, te peinas, haces pis. Siempre que tienes el pelo sucio se te cortan los labios. Siempre que te levantas y te peinas y haces pis estás sola). Tú, filo de estrella, ¿qué querrás decir? Los ojos soplan la sopa y esperan. A ti, te esperan a ti. Y no serás la única. No serás la única que cene a las dos de la mañana ni que brille hacia dentro ni que sienta la necesidad de que le toquen. Porque hará tiempo que nadie te toca. Porque habrá una capa de barro sobre tu ombligo. No serás la única que no hable, que no hable ya ni siquiera con las paredes. Esas blancas y sádicas paredes. Cuando estés sola habrá unos ojos y después la nada. Visión: el izquierdo es rojo. Como la sopa de tomate, como la sangre que se desliza (que se deslizará. No será tan tarde) hacia la tierra. Sangras contra la tierra. Menstrúas contra el césped. Y lo recordarás. Delante del ojo, cuando el ojo aparezca y después la nada. Y habrá un gato, y bailará por la estancia (el habitáculo. ¿Qué pensabas?) para recordarte que no pasa nada. Nada.

Y no habrá pasado nada en años, y qué importarán los ojos o la oquedad que vendrá con ellos. Que profetizo que vendrá con ellos. Ya no serás joven. Cuando estés sola no serás joven. No darás corriente, no tendrás razones para masticar la piel que cuelga de tus labios. Una cena, una cuchara. Ya escuchaste toda la música del mundo y es mentira: un día, mucho antes, te cansaste. Dijiste basta, y dijiste cállate, y dijiste llora. No habrá razones para llorar, pero no serás feliz (¿a cuántas personas, dime, contradices con esto? ¿Cuántos libros, cuántos años de pensamiento, cuánta filosofía tirada por el remolino del váter? ¿Cuántas veces te has atrevido, dime, a ir hacia atrás? Ausencia de dolor, ausencia de miedo. Infelicidad. Podrida, macabra infelicidad. Dónde está Mario). Habrá unos ojos. Les darás la sal. Querrás lamerlos. Sabrás que no.

Sabrás que no. Será peor y sabrás que no. Y la casa tirada y los cacharros sucios, y la pecera vacía y el teléfono roto. Y tus manos. Míralas ahora. Suaves, limpias manos. Eficientes. Sirven para lavar y para acariciar y para matar. Sirven para hablar. Pero no serán nada. Nada. Tendrás la misma marca de nacimiento, la misma marca del estómago (perdón: el útero. A ti no te comió nadie) de tu madre. Pero nada, nada. La nada golpeando como un puño imaginado. La nada abriéndote como una uña rota. La nada palpando. Ella tiene manos, ¿qué pensabas?, y las tuyas no servirán. Habrá unos ojos, los mirarás con tedio, pensarás en algo. ¿En qué? ¿En ti ahora, en ti ahora encendiendo cigarrillos y haciendo el amor en un sofá podrido? Eso también pasará. Ahora no lo sabes, pero el tiempo. Y estarás sola y habrá unos ojos y después la nada. ¡Sopa de tomate! ¡Tú siempre has odiado la sopa de tomate!

Te pedirán un documento. Los ojos querrán tener certeza. Porque delante de tu rostro habrá otra piel (otra piel comida por las hormigas) que no dejará pasar la luz. Enterrada, a oscuras. Un documento que diga tu nombre o que al menos provoque la sangre. Un documento que les haga cerrar el día y cumplir con su trabajo. Pero no. Los habrás quemado todos. Liberada del tiempo, del mundo, del cuerpo. Hasta la raíz. Cuando estés sola llegarás a la raíz. Y el gato, y el tomate. El ojo derecho será negro. ¿Qué otra cosa es negra? ¿Qué otra cosa va a ser negra? ¿Qué otra cosa ha sido siempre negra? No encontrarás los papeles (¿qué pensabas?) y la vergüenza será asquerosa. Tendrás que comer piedras. Tendrás que hacerte cortes. Tendrás que vomitar. Si quieres que te reconozcan tendrás que vomitar. Pensar que habrá un reguero de cemento y después vomitar. Esculpir la identidad con el estómago. Esculpir. Con el estómago.

Cuando estés sola habrá unos ojos y después la nada. Los mirarás como si no estuvieran. Como si siempre los hubieras visto. Y pensarás en Pavese, y no será así. Eres hija de una voz y vas a querer hablar bajito, susurrarles tu cabeza. No hay manera. No habrá manera. Prohibido el estruendo. Prohibido callarse. Prohibido todo. Vivir está prohibido y no vendrá la muerte. Solo dormirás. Como siempre. Y tocarás tu cuerpo. Como siempre. Y no sentirás nada. Ah, no sentirás. Te quedarás bizca y te saldrá pelo en las manos y soñarás con pájaros: nada más que eso, nada más que el miedo. Pero

harás algo.

Cuando estés sola y haya ojos. Cuando lo sepas. Sí, así debe ser. ¿Qué creías? El miedo te puede. Siempre. Y harás algo. Te pondrás de pie. Como una tormenta. No dirás nada. Como un rayo. Abrirás el vidrio. Como un ciclón. Y después el tedio. Y después la marcha. Y después el lápiz. Con tus vejadas manos. Con tus repiqueteantes manos. Con tus manos muertas. Miedo, miedo, miedo. Por toda la casa. Por todos los muebles y toda la ropa sucia. ¡Por el fregadero, por la mugre del baño, por la cama deshecha! Y tu cuerpo: miedo en las pantorrillas, miedo en los hombros, miedo en el pubis. Miedo en la curva de los pechos. Como siempre. Miedo negro, miedo azul, miedo naranja. El rojo y el verde, siento decírtelo, tendrán la punta rota cuando estés sola y haya unos ojos. Y qué. Y qué. Porque harás algo. Porque se asombrará el gato y se asombrará tu oído de que haya una canción nueva. La de tus pies dándole golpes al suelo de vinilo y la de tus dedos rebuscando en la caja y la de tu boca respirando con agitación (casi el sexo, casi el olvidado dolor de las estrellas en el pelo).

Cuando estés sola habrá unos ojos y después la nada.

Porque irás al baño, te tocarás la cabeza. Otra vez. Te acercarás al espejo. Como un gusano, reptando como un gusano. Y ahí:

Un ojo rojo y otro negro.

Y la canción de los cristales cuando se rompen contra la nada. 
 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

clac

Deberías estar comiéndote los libros, Aida. Resolviendo problemas. Problemas materiales, problemas que te entierran poco a poco en el mundo. No, tú escribes. En los muros, en los muros escribes. Con los dedos y con gotas de sangre. Clac. ¿Qué quieres decir hoy, chiquilla? ¿Por qué te revuelves en mi estómago, chiquilla? Crees que no te siento, pero sí. Siempre te siento. Lloras y bebes agua caliente (¿ni siquiera te dignas a ponerle una bolsa de té? ¿No entiendes que te sentirías mejor si le pusieras una bolsa de té? ¿También tendré que hacerlo yo, niña gris?) y te oigo, te oigo por todo el cuerpo. Sé lo que quieres decir hoy. No quiero que lo digas, pero lo sé. Niña, mi niña, sé que no lo sabes, pero si hablas, si hoy hablas y te desentierras los clavos de los dedos (sí, yo también los tengo) terminaremos así. Sucias. Torcidas. Con las encias hinchadas y con la regla. Puedes hablar conmigo, puedo escuchar tus infinitas dudas y puedes cortarme, a mí puedes cortarme en dos o hacerme dibujos con los dientes. Como los de la puerta del baño. Como los de mis tobillos. Silencio. Nadie tiene por qué aguantarte. Solo yo, solamente yo. Ven aquí. Quédate aquí. Estudia, Aida, estudia.

(Déjame decirlo o gritarlo o morderme los nudillos. Déjame hablar o temblar o vomitar. Necesito decirlo. Necesito decirlo. Necesito decirlo. Me duele todo. Todo me duele. Quiero. Quiero. Nunca te he pedido nada y nunca te he hecho daño y nunca he destrozado la casa ni te he cortado el pelo ni te he cortado los brazos a listones. Nunca te he hecho tener diarrea ni desmayarte ni te he matado ni he matado ni he robado un coche ni he sacado un cuchillo ni me he meado encima. Déjame decirlo o escribirlo o doblarlo. Doblarlo, doblarlo por el eje. Doblarte por el eje. Si no me dejas salir. Si no me dejas ir. Si no me dejas hablar. Voy a arrancarte la piel. A trozos. Con las uñas. Tú sabes que tengo las uñas largas y los dientes afilados y aquí tengo la lengua, aquí tengo la lengua que me sirve para decir todo lo que tú no quieres que diga. Puedo salir. De ti. Por la boca. Salirte por la boca como un escupitajo y llenarte de mis babas para que todos vean. Que estás gorda. Y que no follas. Y que te gustaría quemarte las manos. Ah, yo lo sé todo. Te gustaría quemarte las manos y que se te hinchen y que te salgan bolsas y después reventártelas con las uñas. Con mis uñas. Déjame decirlo. Nunca me he desnudado en la calle ni me he ido sin pagar. Mi premio es decirlo. ¿No lo ves, no ves que estoy sufriendo? Que me duelen los brazos, y además estoy gorda. Yo también. Y a mí me importa más que a ti. Fría, eres hielo frío y a cualquiera que intente tocarte se le pegará la lengua. Fría, gélida, dura. ¡Mentira! Yo sé que lloras con las pelis y con los anuncios. Yo sé que lloras. Y nunca me he cargado la tele. Nunca me he arrancado los dientes. Si no me dejas salir. Voy a hacer eso. Que no quieres que haga. Y no hablo de decir. Hablo de hacer. Eso. Eres una niña rota y te crees que yo lo soy, y te crees que yo lo soy solo porque vivo dentro y porque tú te has convertido en la que manda y porque tú, ah, tienes que estudiar. Nunca he suspendido un examen. Nunca he escrito que te follen en un examen ni me he comido el papel ni me he reventado la nariz contra la silla. Nunca, nunca, nunca. Déjame decirlo. Déjame decirlo. Yo sé que tengo que decirlo. Que quiero decirlo. Nunca te he mareado ni me he masturbado en público ni he dicho pato en vez de hola. Nunca. Y tú quieres decirlo. Sé que quieres decirlo. Soy pequeña y cruel pero quieres decirlo, decirlo. Soy un cohete. Soy un cohete y además hablo. Y además muerdo. Y además rompo papeles importantes. Mírame a los ojos. Algún día te vas a quedar bizca. Si no me dejas decirlo voy a quedarme bizca)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cosas que quiero hacer (para siempre y de forma excluyente)

Beber leche de arroz. Rechazar los lácteos. Leer en la cama con canciones de Wilco que no conozco reproduciéndose desde mi móvil, reproduciéndose hasta el infinito desde mi móvil. Calificar vídeos porno en mi cabeza. Morderme las uña del dedo gordo. Chatear. Chatear con personas a las que quiero y también con personas a las que no quiero que me demuestran lo buenas que son las personas a las que quiero. Pensar que este boli es una mierda. Doblarme en una cama muy grande cuando estoy sola y quiero salir a que los cuervos se beban mis ojos. Quejarme del papeleo. Odiar el papeleo. Odiar el concepto de papeleo. Beber vino con alguien que sepa hablar. Cualquiera. No ser nada. No ir a clase. Ir a clase y leer a escondidas por debajo de la mesa. Ver telebasura. Ver películas, ver muchas películas. Películas en las que haya besos. Besos entre personas que estén saliendo de la adolescencia y que estén perdidas. Como yo. Tumbarme a mirar el techo y tocar mi cuerpo. Comer. Ah, Aida, empiezas a ser cargante. Salir y que la Ciudad haya cambiado. Que tenga una capa nueva. Solo me hace falta una capa para salvarme. Lo único que me separa de la salida es una capa, una capa. Encender velas. Morderme los labios. Lavarme los dientes. Llorar. Reírme de forma escandalosa en público. Quemar algo. Quemar todas mis cosas. Quemar. Rehacer todas mis cosas después de quemarlas y regalarlas. Que a todo el mundo le vaya bien. A todo el mundo. Menos a mí, porque yo no nací para eso. Yo no nací. A mí me crearon con unn lápiz. Y un cordón de zapato. Y agua. Ver mil veces el vídeo nuevo de Adele. Tener las uñas de Adele. Que a Adele le vaya bien. Que el ex de Adele sepa que es un cabrón, pero que le vaya bien. Que todos los hombres que han sentido algo por mí me perdonen. Que todas las mujeres que me han besado encuentren otra boca mejor. Otra boca. Porque yo no nací para eso. Dibujar un basilisco. Saber qué pasaría si me tirara por un puente. Decirle a él que yo no quería. Vomitar. Ver crecer a mi perro. Ver crecer a mi hermana. Verme crecer. Terminar este diario. Irme a vivir a otro sitio. Tener una casa. Llenarla de fotos. Y de recortes. Y de dibujos. Llenarla de velas. Que huelan a talco. Vivir sola. Por favor, no vivir sola. Casi sola. Casi sola y. Mi corazón es espuma plateada. Mi corazón es la espuma que se forma tras tus dedos cuando te lavas la cara. Mi corazón es la espuma que sale de la boca de los que se mueren envenenados. Que mi corazón sea mi corazón. No burbujas, sino mi corazón. Que Adam y Dan puedan dejar de beber. Que Adam y Dan se emborrachen hasta perder el sentido y los colores y las náuseas. Comer ramen. No comer nada. Dejar de pensar que quiero morirme. Enterarme de que no quiero morirme. De que Ellen se tiró de un puente porque la vida era como escuchar a alguien muy pesado, pero yo no. Yo sé que no. Yo no tengo dieciocho años. Tener dieciocho años. Una capa. Solo una capa. Todo más húmedo o más frío o menos brillante. Cambiar de gafas. No salir nunca de la ducha. No salir nunca. No querer salir nunca. Que S.B. lea mi libro. Que mi libro no sea una sucesión de vómitos y fascinación. Dejar de fascinarme. Dejar, por favor, de fascinarme. 

Ah, Aida, empiezas a ser cargante. 
 

lunes, 29 de agosto de 2016

thank you for your time


"Operator, could you help me place this call?
'Cause I can't read the number that you just gave me
There's something in my eyes
You know, it happens every time
I think about the love I thought would save me"

(jim croce - operator)



domingo, 28 de agosto de 2016

21


No quiero. No sé si quiero. Dímelo tú: ¿quiero? Tienes los ojos más oscuros del mundo (te lo juro), pero mis uñas siempre van de negro. Y puedo taparte. Con los dedos, con los dedos taparte. Con estos mismos dedos que. Que.

Ya sabes que tendré siempre 10.000 palabras guardadas para ti.

Soy tan idiota. Para completar la frase he buscado en Google cuántas palabras tiene el vocabulario de una persona normal. He leído que tenemos 10.000 palabras de vocabulario pasivo. Las conocemos, pero no las usamos. El vocabulario activo solo llega a un par de cientos.

Pero para ti, para ti puedo usar todas las palabras que conozco. Las más brutas. Las que nadie soporta. Eso es ser, ¿no? Palabras pasivas. Que piensas. Que escribes. Para ti. Y si llegan a los otros, si de algún modo te saltas el habla cotidiana y el mundo cotidiano y estableces con los otros un puente erizado, lo habrás resuelto. El misterio.

Un misterio que termina en ojos oscuros y uñas largas y pintadas de negro galáctico.

Pero no quiero. No sé si quiero. ¿Quiero?

Contigo, quiero decir contigo...
 

miércoles, 24 de agosto de 2016


¿Cuánto miedo me queda?








 

domingo, 21 de agosto de 2016

(sin título aparente)



Caótica respira. Caótica respira humo. Caótica se mira en el espejo del baño.

Sobre la pasta de dientes, Caótica. Como una sombra o un agujero. Como el rastro que dejan las tijeras en el papel. Triste, ¿qué sucede?

Triste fuma en la ventana. Triste se estudia las uñas. Triste quiere plantar girasoles. Caótica, plantemos girasoles.

Voy a irme.

Voy a irme antes de que las flores asomen la cabeza.

Antes de que se sequen y tengas que dárselas de comer a los perros. Antes de que te olvides. Antes de que me mires, Triste, como si fuésemos gotas o personajes de una película ciega. Antes de que llueva o truene o haga frío y queramos meternos en las mantas. Antes de que quieras que me quede.

Caótica lo sabe. Querrá que se quede.

Triste, voy a irme. ¿Escuchas? Me voy.

Triste mira la calle. Triste quiere saber qué pasa con el niño que está intentando robar la bicicleta. Triste no escucha, pero sabe. Y Triste.

Caótica se acerca al salón. Espalda, pelo que cae. Camiseta corta y piernas y ropa interior que solo ella, solo Caótica conoce. Piensa en el cajón de la mesilla. Piensa en los papeles. La carpeta de Triste.

Triste dibujó girasoles. Triste dibujó macetas. Triste dibujó los ojos de Caótica, y en el dibujo de Triste parecían tristes. De pestañas largas. De negro, de negro como los ojos de una adolescente. ¿Cuántos años tienes, Caótica? Tengo muchos. Y aquí llevo las uñas negras. Y aquí estoy desnuda, y abro las piernas, y mis pechos son albinos. Triste, este dibujo no lo conocía.

Caótica, ponte así. Dobla la boca. Quítate las gafas. Quiero saber qué hay detrás. Quiero saber, un momento... Sí, saber cómo pintar tu mirada que me mira. Y ese brillito de ahí. Eres de carboncillo.

Caótica se tumba. Caótica en silencio.

Años. Años en esta cama. Soñando con la hierba. Campo verde, campo limpio. Lejos de los edificios. Caótica lo sabe. Yo, en realidad, soy un animal. Y aquí no me quieren. Y aquí no me quiero. Tengo la maleta en el armario. La he llenado de ropa, de ropa que no voy a necesitar. Ni a querer. Yo solo quiero, yo solo quiero.

¿La solución es la muerte?

La solución no es la muerte. Pero el niño robó la bicicleta. ¡Mira, robó la bicicleta! No quiero que le pillen. C, que no le pillen. Si plantáramos girasoles, si saliéramos a plantar girasoles. Estoy harta de tanto polvo. De la suciedad, y de que no me veas. Estoy acabada. ¿Qué voy a hacer, si estoy acabada? ¿Qué puedo hacer por ti? Mírate. 

Cuerpo en la cama. Piernas, puente de piernas. Arco de piernas. Cómo saberlo, mi amor. Si poco a poco te has ido convirtiendo en cemento. Y tienes ventanas. Y hay luces que se encienden y se apagan. Ahí, en tu boca. ¿Cuándo dejaste de tener dieciocho años, Caos? ¿En qué momento quitaron el andamio? Te han pintado, no me enseñaron la paleta de colores y se colgaron de tus orejas y taparon todas tus grietas. Sólida, tan sólida. Y mientras, yo.

Quiero plantar girasoles.

Triste, reconoce que no puedes más conmigo. Que quieres, en el fondo, que coja la puerta. Y que sonría al irme. Que no haya consecuencias, que la casa no me extrañe. Va a crujir. Sin mis manos va a crujir. La casa respirará, como en el libro que odias, y yo no estaré, como en 62. Caótica se limpia la cara con los dedos. Caótica se sienta y esconde la cabeza. Caótica, tercera persona, asco prematuro. ¿Cuándo dejé de tener dieciocho años?

Y ahí tu antena rota, rota por alguna tormenta que no he visto. ¿Por qué no la he visto? Tu antena rota. Tu antena rota no recibe mis señales ni mis llamadas ni mis llamas, y por eso estás así, y por eso no me ves. Ni me buscas. Niña, mi niña, ¿lo han habitado todo?

Triste quiere tabaco. Triste emprende acciones. Triste pone música.

Oh, my god, I feel it in the air...

¿Quieres cenar?

Caótica no habla. Caótica se lame la rodilla. Caótica quiere llover o llorar o derretirse.

No cocines. Chino.

Rollitos de primavera y arroz tres delicias y pollo con bambú y setas.

Como cuando me querías.

Triste, en la cocina, busca papeles. Hojas del médico y facturas y bocetos. Bocetos viejos. Que no acabaré jamás, nunca jamás, y que debería tirar, pero si Caótica quiere chino, si ella quiere cenar chino, qué puedo hacer yo. Quiero plantar girasoles.

Triste llama. Caótica se apaga.

Ven a ver una peli, porfa.

Sofá. Manta (manta, siempre la maldita manta, siempre el tacto maldito en mi maldito cuerpo. En mi maldita piel que ya conoces, que ya conoces tanto). Un segundo sin música y después anuncios, disparos, sexo. Y Tres Colores: Azul.

¿Crees que para hoy, crees que esto es para hoy? Voy a irme, Triste, y tú ya no me quieres. Me aprieto contra ti. Como cuando me querías. Calor y olor y la crema que te compré en The Body Shop. Adecuado cacao para tus adecuados ojos. ¿Te olvidarás de ese olor, Triste? De nuestro olor. Nuestros olores que se mezclan ahora y mis ganas de llorar. Tus ganas de llorar. Antes de que los girasoles se sequen y tengamos que comérnoslos. Antes de que me duerma. Antes de que llegue la cena.

Caótica se esconde. Caótica se rompe. Caótica, ¿cuándo dejaste de tener dieciocho años?

Y te crecieron cables y mesas y fogones. ¿Cuántas personas hay dentro de ti, cuántas de ellas se están mudando ahora? Fumo. Triste fuma. Soy tu chimenea. Sé que te cansarás. Sé que aún crees que estás sobre plano. Sé que no lo sabes. Yo, aunque quiera girasoles, estoy acabada y devastada y hago crac cuando camino (¿lo sabías, mi amor?). Y qué puedo hacer si lo único que me importa es que no se te caiga la pintura, si lo único que yo deseo es que te llenes de vida y que todos quieran entrar en ti y que tú seas, que tú seas, que tú seas. Te cansarás, lo entenderás. Quiero que seas feliz, aunque tenga que dejar de dibujarte.

Mi niña eléctrica.

Mi niña de hormigón.

Mi niña llora. Mi niña está muy mal.

Cuando me querías. Cuando me querías. Cuando hacíamos el amor sin ceremonias. Cuando me besabas en la boca y era todo el cuerpo, era todo mi cuerpo. Cuando no podíamos dormir. Cuando miramos las estrellas desde el coche. Ese día, Triste. No te importaba mi risa ni mis pecas ni que tuviera siete años menos que tú. Ahora me escupes el mar en la espalda. Y yo solo quiero que, que.

Cama. Tele que vocea. Binoche está pasando las manos por el muro. Triste hace zigzag. Triste se estira. Triste coge papel, carboncillo, fuerzas.

¿De verdad quieres que te dibuje ahora?

Sí, ahora mismo.

Manos. Rápidas manos, pequeñas manos. Mecánica. No, esta vez no. No hay mecánica. Quiero y puedo. Vas a llorar otra vez, pero puedo. Te dibujo con trazos gruesos y ahí está tu boca (tu larga boca), y tu pelo (tu eterno pelo), y las marcas de tu frente (todas las constelaciones de tu frente). Y ladrillos, en tus ojos ladrillos. Para que te veas, mi amor, así de entera. Como eres. Como eres ahora, ahora que ya no tienes dieciocho y que ya no. Que ya no.

Triste.

¿Hm?

Triste.

Voy a quitarme el pijama.

Voy a quitarme el pijama muy despacio.

Para que me veas.

Caótica es piel. Caótica aparece poco a poco. Caótica sin pantalones, desabotonando la armadura. Caótica es: piernas, una rodilla mordida, curva de cárcel, ombligo y después miedo y después dos círculos del color del atardecer, dos círculos en la cumbre de. Caótica es vello suave, pies, súplica.

Si no vienes y me tejes y me destejes, si no vienes y me tumbas contra el colchón y me aspiras con urgencia, si no piensas en aquella vez, bajo las estrellas, si no me miras dentro de los ojos, si no me aprietas la boca con tu boca rota, si no me traspasas el humo a la garganta y tu voz a la garganta, si no me haces girarme hacia el sol, si no me muerdes así, así...

Por favor, no te des cuenta todavía.

Déjame mirarte.

¿Qué voy a hacer sin ti? ¿Qué voy a hacer contigo?

Triste lame las paredes. Triste llega a los cimientos. 

Caótica se arquea. Caótica solloza.

Timbre. No hay respuesta.

sábado, 20 de agosto de 2016

como si echarte de menos, como si pedirte perdón





intenta algo que hagas por primera vez, susurré, y me dijo habla. después besó mis labios.











 

19/99

será más grande que tú y no podrás con ello. te romperás los dedos contra el suelo, morderás los muros, querrás caer. por qué no lo entiendes. no hay más allá, no puedes hacer nada, son demasiadas horas en vela y nada que decir. ¿sufres? sufres. te duele, claro que te duele. es como perderte la noche, no ver nunca la noche porque tú, ah, tú solo sirves para el día. aunque tu hora sea la oscura, aunque tu pájaro sea el mirlo y tu color el amarillo. no, no es lo mismo. crees que es lo mismo, pero nunca ha sido así. todo este tiempo has estado mordiendo cristales. masticando cristales. y ahora, justamente ahora es cuando abres los labios y sonríes y descubres que tu boca está llena de sangre. justamente ahora es cuando escupes vidrio y lo pisas y no puedes esconder las huellas en el suelo, las huellas en el suelo de tu casa. sí, es ahora. llevas tiempo evitándolo pero es ahora. no se puede luchar contra los relojes, es imposible, por mucho que te rebeles contra ellos y que los atravieses y que los pises, por mucho que los odies. y al subir al taxi mis palabras son vapor de cristal: no sirve de nada odiar el tiempo, y tampoco sirve de nada, tampoco sirve de nada este sentimiento que te supera y te supura y te recortaporlosbordes. mírale a los ojos. es más grande que tú, pero mírale a los ojos y dile quiero salvarte, quiero acabar con ello, quiero sacarte de aquí (dile sálvame o cómeme o espérame, espérame). que sea cierto el jamás. que no lo sea, aida, porque te están sangrando los labios. masticar cristales, tragar cristales, sentir cristales. por qué no lo entiendes. por qué no lo entiendo. relax, entertainment. ¿esperarás a que venga la tristeza, a que te sangren las manos y venga corriendo la tristeza? vendrá la muerte Y TENDRÁ TUS OJOS. ahora tienes que contradecir a todos los poetas. tienes que hacer polvo sus palabras y quemar los libros. tienes que dejarlos. los poetas no saben vivir, no saben sobrevivir al tiempo, a esto que está aquí y que no es de nadie. no tiene nombre. tiene tu nombre. pero no está marcado, no se ve, solo lo sabes tú, y ahora. ahora. ahora. mis gritos envasados al vacío reventaron al fin. necesito una puerta o un laberinto o un agujero. necesito salir. no quiero admitir que aquí me duele respirar. no quiero que me vean con los ojos hinchados y la cara morada y los labios blancos. no quiero que se enteren de que hace tiempo que hiperventilo. poco a poco, poco a poco. porque no quiero, porque no puedo gastar mi oxígeno. porque tengo, aquí dentro, las horas contadas. porque siento que tengo, contigo, las horas contadas. y que ya no, que ya no.

oh, cállate.

miércoles, 17 de agosto de 2016

m

si hay veinte mil personas en mi pecho, si hay veinte mil personas cargando carteles y silbando un himno en mi pecho (es take five, juro que escucho take five y que toso, toso un poco para que se callen), si hay veinte mil personas rodeando mi corazón con una cuerda y mirándose, entre ellas mirándose, en cadena mirándose, si hay veinte mil personas llorando en mi pecho, veinte mil personas apoyadas en muros, veinte mil personas que visten jerseys enormes y botas sucias, si hay veinte mil personas llevando zapatos en el borde de mi pecho, si hay veinte mil personas roncas que gritan y jalean y me esperan en mi pecho, que hacen fuerza para que yo me reúna en mi pecho, para que entre de lleno en mi pecho y me doble como un anzuelo, hacia dentro como un anzuelo, si hay veinte mil personas que quieren cambiar mi forma, hacer que deje de mirar a mamá en la cena, que no me coma las papas con carne (que no coma carne, que no coma nunca más nada que lleve carne), que deje de cantar hacia la nada, hacia los ojos de la nada, si hay veinte mil personas en mi pecho, si hay veinte mil personas

y a esta ciudad le faltan mis ojos que la miran, el calor de mis ojos que la miran, si a esta ciudad le falto

yo

y si todos sufren por mí

así me siento: todos sufren por mí

martes, 16 de agosto de 2016

42


Ten la edad de los perros. No ames. Protégete de ti y de los otros y sé siempre la niña virgen que esperaba un beso. Quince años, tenías las manos agarrotadas a los quince años, paseabas por la calle y había en ti un eco lejano, algo que iba más allá de tus ojos brillantes y del recuerdo de lo que habías hecho durante la tarde: comer pipas, reírte, beber alcohol barato y mirar a alguien de reojo. Ten la edad de los perros. No eras nada. No te obligaban a ser nada. Sí eras, la clave es que sí eras. Eras pero no te hacían sufrir ni pedían de ti un cielo cargado de nubes. Eras pero ibas a ser y eso era suficiente, siempre era sucifiente mientras acercabas a tus labios el primer cigarillo (siempre era el primer cigarillo) y sorbías y tosías y maldecías a quien te lo había dado. No ames, pero date cuenta dentro de años de que sí amabas, de que sí había algo en el fondo que era parecido al amor o al deseo o a cualquier cosa. Distráete, fíjate en cómo amanece (es tan bonito ver amanecer desde la playa cuando tus padres no saben que has dormido ahí, si tienes la edad de los perros), ten frío y ten calor y muérdete. No pienses el amor, vívelo. Sí, la edad de la nostalgia. ¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa hoy?

Voy a esconderme. Voy a pensar en mí y a ser lo que soy. Siempre tuve la lágrima escondida en el ojo, pero no así. De otras formas, pero no así. Soy la misma, en realidad siempre he sido la misma, y eso me duele y me enorgullece a la vez. Quiero escaparme de esto. No de mí, sino de esto.

Siento, Aidita pequeña, que cada error pesa sobre mí como una bolsa de cemento.

Sientes, Aidita pequeña, que no te va a pasar nada nunca.

Y a mí tampoco me pasa demasiado.

¿Cuánto dueles, cuántas veces dueles? Creo que lo justo sería que yo

(No hay final. Claro que no hay final)
 

sábado, 13 de agosto de 2016

080

Quiero inventar para ti un ser nuevo. Que piense como yo y que te mire como yo (y que me tenga dentro, sintiendo desde el tacto con la piel y el olor con la nariz y las palpitaciones, mis palpitaciones, sus palpitaciones secas). Pero un ser nuevo, construido a partir de todas las cosas que amo: copio, pego, recorto, me hago con lo que sobra de mis labios. Con mis esquinas, mis esquinas concurridas y torcidas, mis ojos como el beso de una flor fluorescente. Dos voces: una para el mundo y otra para el amor (salir del mundo y entrar en mi casa). Quiero inventar para ti un ser sin fisuras. Sin dolor, sin dolor y sin ojos que se balancean hasta el techo y observan el techo y beben agua de la lengua del techo. Yo y no yo. Yo, yo revolviéndome dentro de mi cuerpo, yo empujando para salir y saliendo. De espaldas saliendo. Quiero ser un árbol en el centro de mi pecho. Sorprenderte si de pronto mi ser nuevo se agrieta, si se me tiñe la piel de rayos o si me confundes con pájaros en la antena parabólica. Guardar de nuevo ese dolor y que mires, que contemples mi nuevo cuerpo (el mismo cuerpo, pero derecho) sin el grito, el llanto, el agujero apuntalado al cuello de mis piernas.

Me gustas con dolores, llorando en la cama, retorcida. Me gusta la esquina de tu espejo. Me gustas completa y figurada y esparcida. Eres, eres, eres.

Silencio. Soy un árbol, soy un árbol diagonal. 

Soy un tic-tac y hago tic-tac. Ponerme en hora. Muerte.

miércoles, 6 de julio de 2016

tranvía

pero lo haces: te paras en medio de los raíles del tranvía esperando a que pase, a que pase y a que te arrolle y a que te convierta en un amasijo de carne, de tripas, de nada. te metes de lleno en la vía esperando a que pase el tranvía, mirando hacia un lado, con la convicción ciega de que quedan ocho minutos (benditas paradas, prediciendo la muerte) y lo más seguro es que llegue alguien que te conoce o que no te conoce pero que siente lástima y te saque de ahí, que te arrastre con desesperación por la camiseta porque ni la ciudad ni los ciudadanos se merecen ver tu cuerpo comido por el transporte público. y sí, lo más probable es que nadie antes que tú haya pensado que ocho minutos son demasiado tiempo para querer morir, que caminarás de nuevo hacia el otro lado y cruzarás un río (un río, ¿comprendes?), pero esto que haces no tiene nombre. nadie se atreve a ponerle un nombre porque esto no lo hacen las buenas personas, y solo las buenas personas se atreven a ponerle nombre a lo que hacen porque no tienen que responder ante la señora que te aparta de las vías y te pregunta, mojándote la cara con un perdigón, qué coño estabas haciendo. aunque queden seis minutos, seis exhaustivos minutos que significarían ante los ojos de cualquiera que solo te habías parado para descansar, para tomar el aire. que sabías que faltaba un rato pero que el tranvía iba hacia ti como una máquina de apagar móviles (y cuerpos). ¿habría sido posible, dime, que hubieras esperado seis minutos más? seis minutos entre ti y la nada. seis minutos que gastas ahora sentada en la parada, mirándote las piernas desnudas por debajo de una falta que no, que no, que no te representa. ¿quieres morir? ¿quieres que duela? ¿quieres sentir que quieres morir y que quieres que duela? lo haces, claro que lo haces: ahora contemplas los raíles con tristeza, piensas en todo lo que te han robado la señora y sus perdigones, en todo lo que te ha quitado el mundo porque siempre hay alguien en la calle y siempre hay alguien que te roba la muerte. la muerte, la escupida muerte. y viene el tranvía como un rayo y la pantalla palpita: 1 minuto, 1 minuto, 0 minutos. en este instante tu cuerpo se habría disuelto en pedazos y el chico de la bici, la chica con rastas y la señora de los perdigones te habrían visto por dentro. todo tu interior esparcido bajo los pies minúsculos de las veinte personas que van en los vagones. y si te subes al tranvía vas a sentir cómo surfeas por encima de tu muerte, de tu suicidio cobarde. si te subes todos te van a mirar porque has crecido, te has apartado del final y has crecido hasta pasar por encima de ellos y hasta tener los dedos grandes como farolas. vas a llegar a casa, honey. pero lo haces: no te subes, no te subes. 10 minutos para el próximo tranvía.

lunes, 4 de julio de 2016

m


mujer contempla la ciudad. mujer contempla la ciudad en la ventana. mujer no tiene nombre pero contempla la ciudad y la ciudad no tiene nombre pero mujer contempla. hay ascensores carcomidos y muerte/en los ojos de los hombres/a los 14 años me propuse enamorarme de todas las mujeres de la ciudad. ir destapando uno a uno sus secretos. comérmelos. comérmelas. no disfrutarlas: quererlas, hacerlas sentir vivas debajo de los puentes, puentes que contemplan la ciudad y las mujeres debajo de mis dedos. y mujer contempla la ciudad. y mujer contempla la ciudad en la ventana. sabe que en dos horas cruzaré la puerta y traeré flores *lésbica galana lésbica ciudad* que contemplaré la ciudad en sus ojos mientras hacemos el amor como orquídeas o como basura en descomposición. mujer contempla mi cabeza, mi ciudad. amaré a todas las mujeres de la ciudad. no amaré a todas las mujeres de la ciudad. ellas son edificios y yo una rata *quiero comerme todos los cables y hacer que las chispas incendien la ciudad, que se llene la ciudad de cucarachas* mujer contempla cucarachas. mujer contempla cucarachas en mi pelo.

y todas las mujeres son

/edificios/

azoteas, parques y escaleras. calles, lunas y monedas. lésbica ciudad, lésbica y espléndida ciudad

viernes, 1 de julio de 2016

building

¿has pensado alguna vez, bird, en la connotación? te digo presa y connoto perros. te digo lluvia y connoto sexo. si te hablo de una puerta, justice, ¿qué quiero que sepas? y así es como mi cuerpo se convierte en sales, así es como el filo de tu lengua filosa (en tu afilada boca, water) sabe de mí un agujero. digo dolor y resumo agujero. pienso cáscaras. pero te has tumbado a mirar el cielorraso, la espalda de ti se ha chocado con los muelles para mirar el cielorraso, y sadness, gravity, y las cosas que le dices a tu cigarrillo*que solo es tuyo ahora*surfean la habitación. estantería, alfombra, closet. ah, la ciudad es mi closet, fuera de la ciudad soy la elevación espiritual y soy, siempre, serrín. pero aquí lo he pensado, aquí me he cruzado con sand, ojos, boca, boca que bizquea, te has tumbado a mirar el cielorraso, mi cara baja por las cuerdas del cielorraso y mis uñas acaban en tu reloj. reloj, reloj, ¿dices reloj y connotas miedo? cuando bulle la ciudad, ¿quiere decir cura? city, cómo darte señales de humo a través del cigarrillo, cómo explicarte dentro de este silencio la espuma morada que ha empezado a brotar en mi hígado. alguna vez obtuviste beso y yo quise decir hierro. alguna vez cacé humedad y pensé restos. cosas imprecisas, loud, cosas impalpables como igualmente impalpable eres ahora que has cerrado los ojos como balcones*y no quieres de mí*más que aire que connote que estoy viva*lo sé, little girl, algunas veces tuvieron razón las ratas. y entro a un edificio. a través de tus pulmones entro a un edificio. building. to build. to destroy. yo, en realidad, soy un animal (danzo como un gato por la panza de la calle, araño asfalto con las uñas y escribo con la lengua que no quiero comer lentejas). love, estamos desnudas en todas las casas de este bloque, tenemos pelos en las piernas y bostezamos con las bocas grandes como los mares (y queremos decir entropía). y entro a un edificio y hago la colada, la tele no habla, la radio tiene hambre*hazme el favor de quitarme la piel de una vez o voy a gritar y querré decir s e x o*tusk, mirror, ¿has pensado alguna vez en la connotación? ¿has pensado alguna vez en mi boca por dentro? quiero decirte cosas, quiero ponerte nombres, no encuentro el mando del televisor, mute, tengo miedo de salir de aquí/y entro a un edificio/quiero decirte estrellas, peces, trenes. que soy una leona, cat. y así con palabras es como yo te hago olas, así es como arrugas los dedos y lo hacemos, hacemos eso que todos connotan*en silencio*¿sabes, insider, que si callo ganas quiero decir pánico? voy a contártelo, voy a contártelo y pienso repetirlo hasta que te comas todos los cigarrillos. voy a contártelo, eres un cuchillo y voy a contártelo, pero necesito ruedas, vasos, leche. y entro a un edificio, a horcajadas entro a un edificio.

miércoles, 22 de junio de 2016

janis*edificio

mientras las tres señoras hablan/sobre alguien que se retiró del trabajo para pasar tres meses con su madre y apareció embarazada a los dos/yo muerdo patas de pájaro. hago con ellas un juguete y me las como porque no quiero que nadie me diga con qué puedo jugar. y janis, querida janis, ¿escuchas mis dedos rompiéndose, contra la losa rompiéndose, y mis ojos viéndome desaparecer? mientras las tres señoras hablan yo desaparezco (están contando los kilos que han perdido desde que les anunciaron que va a haber boda) pero yo desaparezco/mientras las tres señoras hablan/y no lo saben. en este bar hay ruido y olor a ruido y la cocacola sabe a ruido. verán bajar el refresco por mi esófago. primero un esófago y después solo refresco. una cascada negra y tuberías en el suelo y yo desaparezco mientras las tres señoras *hablan* y dejo a mi paso una estela pegajosa y me pisan, al pasar me pisan las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco porque no tengo TRABAJO. tengo pies en los ojos, desaparezco. no soy como las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco. janis, janis, querida janis, yo soy como tú y no como las tres señoras porque las tres señoras quieren a toda costa ser delgadas, ser numéricas, ser muebles de colcha o tapizados en piel sin pelos. pero yo, janis*esófago que anda, descomposición que baila cry baby cry cry, charco en el suelo de las calles quietas*soy lo mismo que tú. tengo tus dientes y las tres señoras no se maravillan con el gesto de tu voz agonizante, las tres señoras no te ven pero yo

siento la muerte siguiéndonos como un cordero*hambriento

jueves, 9 de junio de 2016



(¿pero vale la pena? dime, ¿lees esto y vale la pena? que sea yo, quiero decir. que me hayas buscado y sea yo, y seas tú a quien escribo. dime si vale la pena que toda la belleza
me consuma
y que esté aquí tirada pensando si es cierto que elcolordetusojos/estambiénelcolordemiceguera,
pero no es cierto.
y no tengo un beso guardado en los labios.
no para ti, ¿entiendes, comprendes?, no para ti ni para ti ni para ti ni para mí, porque yo era contigo. porque yo era. contigo. pero ahora seré. sin ti.
porque no vale la pena, y hace tiempo que te olvidas de llamarme.
de llamarme.
de cierto modo, de llamarme de cierto modo, de cierta manera que me hacía temblar las rodillas y los ojos, temblar los ojos contra tu pelo o tu cuello de avispa intermitente.
¿vale la pena?
no.
 y este no, este podrido no, lleva mucho tiempo colgándome de los dientes. como un adorno. como un adorno sin uso porque lo bonito no suele servir para nada, no suele ser útil, y qué inútil la idea que estaba ahí a la vista pero que no iba a dejar salir, que no iba a dejar salir porque no
valía
la pena.
y ahora.
creí que no pasaría, pero lo estoy usando.
y lo grito.
no.
no.
no.
no.
no.
no vale la pena, nunca valdrá la pena, yo ya no soy yo porque yo no era yo y tú no eras tú porque nunca has sido tú, nunca has sido nada, siempre lo has sido todo y sin embargo.
he dejado de llorar y has dejado de llamarme. así. y estoy cansada. y quiero vivir.
vivir. ¿entiendes? vivir)