para, sobre y a
Andrea Abreu López
I
17:20
Estoy sola en esta guagua-letanía. Dispuesta, cómo no, a encontrarme con otros que no son tú. A ir en coche y hablar de nada y a reír por nada y sentarme sin sustancia en sillas que seguirán vacías. Las mismas, las mismas que tú llenabas. Y me dejo la grieta tras el labio. Y así. Mi cuerpo es un extraño y está loco. Te busca: un abrazo de juego, un hilo que se engancha, el ojo que lo cuenta todo. Puntos de encaje, filosa mía, puntos de comienzo. Me duele la sangre. Y no saben, esos otros no sabrán jamás que me deshago. Que el tiempo ha acelerado y me corre la sangre desde el vientre hasta el sexo. ¿Dónde estás? Lejos. Libre. Y yo aquí, sobre estas ruedas.
II
17:29
Espero las sombras. Espero a las sombras de los otros y sus dientes malvados de conjuro. De conjuro social, de ven y no seas tú, oremos todos hermanos por el alma de la chica del pelo rizado. Qué pelo ese, qué desorden. Oremos todos hermanos por la vida y no oremos por la muerte. Y me acuerdo, recuerdo una charla y aquel primer momento de obsesión. Y tú con tus ojitos risueños y tu flequillo corto y tus manos afiladas. Y tú con tu amor a la vida y tu existencia y tu dolor así colgado de la boca. Sin conjuros, niña, sin conjuros de sucia sociedad y burrocracia. Tú y yo enganchadas a la esquina del cielo y al té de canela. Y esto no, esto sí que no: los otros que vienen, los otros que me placan, los otros y el dolor en un ovario. Secreto dolor en un ovario.
Otros: estoy dispuesta a recibir un beso. Pero una palabra. Jamás una palabra.
III
19:55
No estás.
IV
19:57
Oigo poesía y no sé dónde meterla.
V
23:08
Hablan. A pares. Cerveza, café, café, cerveza. Dos y dos. Yo hablo, me callo, hablo conmigo. Y siempre el mismo recorrido, siempre terminar en la misma mesa de la misma cafetería, la taza cerrada, el cuerpo en pausa. La misma gente no, la misma gente nunca. Y hoy nadie, hoy nadie.
Un mosquito.
Y alguien, a mi lado, ejecuta la humana sentencia de muerte. Plas. Me llena los oídos. Plas. Muerte. Muerto el mosquito, se acabó la paz.
Yo me cierro.
VI
1:54
El filo filoso del ojo. No te curves, no te curves: sigue tu defecto, haz lo que siempre quiero odiar. Haz que me odie, haz que yo no quiera ser más yo pero que en el fondo, en el fondo letal y triste, mis manos saquen de mí una yo tan tenue. Que esté orgullosa, carajo, de ser todo aquello que no quiero. No ahora, no ahora. No ahora esta amenaza de círculo y mirada igual. No ahora este dolor acompasado al resto. Mujer filosa, estás tan lejos. Mujer filosa, estoy tan sola.
VII
2:13
No me duermo, no me duermo y repaso el día y en todos lados una sombra. Sombra de ti y de tu ausencia. Utilidad de mi vida sola. Partes de mí como una flecha: señalas al horizonte y son las olas, las olas sucias las que tienen el camino. Y hacia dónde.
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