¿Qué significará el tiempo sin relojes?

domingo, 25 de junio de 2017

monólogo cutrísimo


Siempre llego tarde. Soy como una niña que aún no ha aprendido nada sobre protocolo. No dejo que me esperen; les envío un mensaje y les cuento lo que me ha pasado, o solamente aclaro que quiero quedar media hora más tarde de lo acordado. Adelanto, siempre, que voy a llegar tarde. A veces unas horas antes, el día anterior, en cualquier momento lejano. Siempre llego tarde. A las cosas. A la vida. Quiero volver a tener quince años, escribir aquí que quiero quemarme y carbonizarme y poblar el fondo caliente de algo que todavía no conocía y que siempre quise conocer. Quiero volver a tener quince años. Beber en fiestas. Reírme con toda la cara. Conocerme, explorarme, llevar las manos despacio hasta el centro (digamos que el centro, digamos que el diafragma. Siempre he esquivado la palabra sexo. Siempre he dado rodeos ante una palabra tan sucia o quizás ante la palabra masturbación o quizás ante la palabra yo. ¿Hay algo más allá del yo, hay yo más allá del seco acto de meter las manos en las bragas y estar muy seria y silenciar la música porque no, porque nadie, porque aquí y ahora? Siempre llego tarde, excepto cuando estoy sola), ver una película y querer brillar como las estrellas o como las luces de la calle o como las bengalas que quemé a los quince años. Querer brillar. Brillar hacia dentro. Siempre he brillado hacia dentro. Cuando era una niña y jugaba con las cucharas. Cuando era una niña y montaba un programa de la tele, una película o algo híbrido, en mi cabeza. Cuando era una niña y pensaba por qué me hablan como si no entendiera y pensaba yo quiero vivirlo todo y pensaba siento un cosquilleo en el estómago cuando veo a Miss Honey. Cuando tenía quince años. Y me llevaba cigarrillos a la boca. No quería sorberlos, no quería tragarme el humo. Una vez, en la montaña, dos amigas se hacían un porro. Yo miraba al desfiladero (se veía todo lo que hay hasta la costa) y hacía un esfuerzo por esquivar las ganas de probar algo nuevo. Dejadme cigarrillos, dije. Dejadme cigarrillos, no me tragaré el humo y sofocaré esta pulsación en el diafragma. Querer brillar. Brillar hacia dentro. Siempre llego tarde. ¿He dicho alguna vez las palabras adecuadas? Sé que siempre escribo las palabras adecuadas. Mi voz, sin embargo, no se traga el humo. Aún no he aprendido nada sobre protocolo. Tengo veintiún años. Estoy sentada en el mismo sofá en el que comía magdalenas por las tardes. Estoy sentada en el mismo sofá en el que una vez una chica me besó en los labios sin pudor. El pudor es para mí como una seta alucinógena. Pienso que si hay rubores en mi rostro seré bella. Y he sido bella sin ninguna vergüenza. He sido bella cuando he hablado desde una víscera pequeña que no tiene nombre y he sido bella cuando he devuelto un beso torpemente. He sido bella cuando he llegado tarde, y he sido bella cuando he soltado el humo y lo he mirado y he pensado que con él se marcha una parte sucia y gris de mí. No ha habido rubor. No ha habido nada. Solo yo, solo yo y mis edificios.

Edificios. Querría hablarles a todos sobre los edificios. Describirlos. Descubrir los que hay fuera de mi cuerpo. Sé que tengo mil cosas por decir y mil cosas por ver. Sé todo eso, pero a veces (y de aquí sale algo de humo) no quiero. Me cierro sobre la cama. Encojo las piernas; intento darme la forma del cuerpo más pequeño posible. Le tengo miedo al aburrimiento. Le tengo miedo al tedio. Es un tedio pegajoso, incomunicable. Cuando siento tedio no hay palabras ni hay antenas que proyecten un mensaje de mí a los otros, de los otros hacia mí. No hay nada. Solo una mota de algo imperceptible y una vibración en la cabeza y un mareo que sucede cuando me levanto. Edificios. Se pliegan. Desaparecen. Mi ciudad se destruye cuando me aburro. Mi ciudad sufre un apocalipsis y todos los habitantes se esconden en unos búnkers que yo misma construí como advertencia. No sé si algunos mueren. No puedo acceder a esa información (me está vetada, en el archivo sienten mis ojos y esconden todas las pruebas. No quieren verme sufrir, o tal vez piensen que si conozco las cifras haré algo para que empeoren. ¿Qué me duele? ¿Que mis habitantes no quieran hacerme daño o que mis habitantes piensen que seré cruel?). Edificios. Querría mostrarlos. Marcar una ruta. Enseñar todo lo que tengo dentro y explicarlo con la facilidad con la que explico las imágenes de un libro. Pero a veces destruyo la ciudad, y otras veces la cierro con tantos candados que no hay ni habrá nadie capaz de morderlos. Ni de darles paz. Edificios. Abrirme. Explotar. Tener una vena visible y que corra la sangre y que un dedo áspero la acaricie como si eso valiera para algo. Que eso, por favor, valga para algo. Siempre llego tarde. Hay algo en mí que siempre llega tarde. Volver a tener quince años. Lo deseo ahora. Tarde. Tengo veintiuno, y brillo hacia dentro. Me queman las mirillas de mi cuerpo. Salgo del tedio porque me quemo. Y quemarme es, algunas veces, la sensación más maravillosa del mundo. Conozco a alguien que siempre me dice que estoy muy viva. No sé si es cierto, pero a veces brillo. Hacia dentro. Y llego tarde y llego mejor, y hablo mucho y explico las calles. He conocido a alguien que siente un cosquilleo, y soy yo misma. Hola. Edificios. 

domingo, 18 de junio de 2017

0456


el amor es un grillo pequeño. ando con cuidado. amortiguo los latidos de mis órganos. cuando tengo un orgasmo, controlo cualquier estertor violento que pueda salirme por la boca. cuando provoco un orgasmo, controlo cualquier manifestación de opulencia. el amor es un grillo. el amor chirría. mi amor por los otros es un muro de hormigón. les hago a todos un castillo que poblar. soy una mirilla a través de la que el sol convierte los muebles en algo extraordinario. las paredes del castillo sobreviven a la debacle. a las tormentas. al fin del mundo, programado para hace cuatro años y medio. mi amor por los otros construye diques, cimientos. es un puente que nace del humo del tabaco y que nace del tacto de mis manos gélidas. el problema es que el amor es un grillo pequeño pero mi amor es un muro armado que nadie podrá derruir jamás. que les da suelo y aire. que les da espejos, pan y leche. mis amantes sucesivos (una mujer, un hombre, alguien con quien me cruzo en la esquina de mi calle, un perro de ojos tristes, la librera, alguien con quien fumo en la terraza) se observan con delicadeza en el espejo de mi amor. yo los miro a ellos y cierro muy deprisa el obturador de mi desperate love. el amor es un grillo pequeño, pero en mí edifica ciudades. invita a vivir a los otros en las más trágicas ciudades. diseña para los otros las más cómodas ciudades. pero es un grillo. y chirría. toso con cuidado. intento no llorar. cuando tengo un orgasmo, pienso en las montañas de ceniza. no puedo soltar aire. siempre he sabido (desde el fin del mundo) que mi amor podrá mucho más que el que me tienen. 

viernes, 21 de abril de 2017

a ciegas, yo lo sé


Cualquiera que pasee por mí lo sabe: las ratas me acarician. Y hay un ritmo que crean los espejos y la presencia ilícita de globos terráqueos dentro de mí. Partidas de ajedrez en miniatura. Cualquiera que pasee por mí, flâneur (moderno flâneur, imposible flâneur, Baudelaire te cogería por las puntas de la ropa y te daría vueltas en el aire y te observaría con maldad, y te mandaría a casa, y te embutiría en una bata y te diría quédate aquí, no salgas más porque no mereces la ciudad y porque la ciudad no es tuya, y porque no lo entiendes, y porque no lo conoces, y porque, moderno flâneur, ¿cómo te atreves a ser un mapa o a ser un bosque o a ser un sombrero hueco, un sombrero sin cabeza, algo así, flâneur cruel?), comprende: las ratas me retienen. ¿Por dónde caminas, con qué cabeza das zancadas? ¿Entenderás, si yo quiero, los procesos? Cualquiera que pasee por mí debe creer en la estructura, promenaire, y ver en las antenas un lenguaje. Cosas escritas en mi piel. Si una cicatriz, si algo menos obvio como por ejemplo cómo muevo los dedos cuando hablo de moscas (cuando pienso en las moscas, cuando intento enmascarar mi aversión a las moscas, cuando cubro con historias y carisma el dolor que me puebla por culpa de las moscas. Moscas, moscas), como por ejemplo la rapidez con la que empleo las palabras y con la que construyo las palabras y todas esas casas de palabras, toda esa ciudad de palabras por la que te mueves, toda esa ciudad de palabras en la que quedas para el café y vas a solas a por el café y te encuentras con el polvo y te encuentras con las moscas y experimentas una revelación con la voz grave: si una estrella, si un golpe en los labios. Cualquier caminante. Cualquier caminante sabrá de la estructura y estará dispuesto a leer la estructura y estará dispuesto a pasear sin precio, a pasear sin respuesta, a pasear. Y a que duela y a que las obsesiones y a que las imágenes asolen por la noche a un cuerpo ajeno, y a que las imágenes y a que las obsesiones asolen por el día a un cuerpo imaginario. Y a que el cuerpo ajeno y el cuerpo imaginario sean la contraseña del paseo o la contraseña de la excusa o la contraseña del aislamiento voluntario. No salir de casa, no salir de casa porque la ciudad es casa y yo soy casa. Si me paseas yo soy casa. Si me paseas, flâneur, ¿qué voy a ser? No salir de casa para poder andar, para poder gastar las piernas en el reconocimiento y en el conocimiento de algo sucio y de algo lleno de ratas porque cualquiera que me pasee, cualquiera, lo sabe: las ratas saben hablar. Discurso de las ratas. Discurso paralítico de las ratas. Mi aversión a las moscas, mi obsesión por las moscas. ¿Explicarás a los que vengan, si yo quiero, los procesos?

Mentira, raquítico flâneur. Una vez cada cien años entra alguien. Una vez cada cien años se abre la puerta y sale una porción de aire y hay espacio para otros pies y para otras extremidades. Otras extremidades. Si se me rompiera un dedo y no pudiera ser nada, ¿qué sería? Si se me rompieran los ojos y no viera nada, ¿qué sería? Otras extremidades, otros centros de mesa colocados para que puedas leer y para que puedas contarme cómo es la ciudad. ¿Cómo es la ciudad? No hay, debes saberlo, una pregunta más importante para cualquiera que pasee por mí. Carteles. Campañas. Gritos. CÓMO ES LA CIUDAD. CÓMO_ES_LA_CIUDAD.

Ciudad a ciegas, flâneur. El secreto. La ciudad de noche y la ciudad sin luces y mi ciudad, mi eterna ciudad. Quería ir a otro sitio. Quería llegar a otra parte. Pero tengo un acertijo, tengo una pelea: cualquier contacto con los otros (si es profundo, si se salta la métrica y si se salta la muralla entre los ojos o la muralla entre las manos o los requerimientos de la sexualidad) es un intento, es un giro al rompecabezas. Sí, lo es. El cuerpo ajeno y el cuerpo imaginario. ¿Y dónde queda mi cuerpo, caminante, en qué resquicio me encuentro y por qué estoy cambiando y de qué manera me afectan las luces, de qué manera me ilumina la noche o con qué color me alumbra el día o, o, o? ¿Tú lo sabes? Ciudad a ciegas, pero las ratas. Voy a darte un consejo, y no se lo doy a cualquiera que pasee por mí: te morderán los pies. Solamente los pies. No se atreven a subir, saben que si ascienden habrá neones y que si ascienden terminará el castigo y todos los fusibles, todos los muertos fusibles de la ciudad volverán a funcionar. Si van más arriba todo volverá a funcionar. Es el miedo de la ciudad. Es el miedo de las ratas. Flâneur, comprenderás que lo sucio de la ciudad es lo que la convierte en algo. Comprenderás que no hay calles nuevas, que no debe haber calles nuevas. Si dejas que las ratas te trepen a las piernas (eres libre de hacerlo si, por cualquier cosa, una de ellas se atreve a ir más allá), tienes que asumirlo: se ordenarán los ladrillos, la fuerza correrá hacia los raíles y circularán coches, y circularán trenes, y serás el único que vea cómo este espacio, como esta estructura vuelve a no ser nada. Pero el mensaje. Te perderás el mensaje. Si las ratas no te muerden los pies, si las ratas no te acogen. Si no guardan silencio. Si sus gritos agudos llegan más lejos que la ausencia y si hay algún problema, si tu paseo consigue que haya algún problema dentro del pulcro protocolo de mi cuerpo de ciudad.


miércoles, 11 de enero de 2017


Cierro las piernas como si acabara un libro. Cierro el libro como si fuera a salvarme.

sábado, 7 de enero de 2017


esa noche quería dormir, pero la cama olía a jabón y tú olías a jabón y pusiste el brazo sobre mí (sentí hormigas, cucarachas, ratas: todas limpias, bañadas a conciencia, arregladas para un desfile cruel y nocturno por mi espalda. arregladas con cuidado por alguien que me quiere. arregladas, desinfectadas. mis hormigas y mis ratas y mis cucarachas con otra oportunidad, con otra forma de vida. ese es mi sueño. ese es mi sueño)

martes, 20 de diciembre de 2016

esguince de tobillo

Decirle al doctor: tengo un esguince de tobillo. Tengo un esguince de tobillo y soñé que me vendaba los ojos y el pelo y el estómago. ¿Es algún fetiche, doctor, soy una degenerada, tengo piel de degenerada, me pican las palmas de las manos porque soy una degenerada y algo quiere decírmelo y usted, doctor, me conoce? ¿Usted cree que me conoce? Y decirle al doctor: cállese. Y soltar el peso del cuerpo y decir yo y mi cuerpo, yo y mi cuerpo. Alterar el orden porque sé que primero el árbol y después las ramas, que primero yo y después los ojos y después las tejas y los dedos que me pican, doctor, me pican los dedos y no puedo rascarme porque tengo un esguince de tobillo, porque soñé que me vendaba, porque soy una degenerada y sé, doctor, lo que desea. Y sé, doctor, lo que piensa. Decirle al doctor: sé lo que  piensa. Doctor, ¿usted conoce el miedo? Doctor, ¿usted se pesa por las mañanas y usted no tiene miedo de haber desaparecido o de no pesar nada o de pesar cien kilos y ser una desgracia, doctor, una desgracia? Decirle al doctor: la última vez que me pesé tenía catorce años. Y salieron ochenta y cuatro kilos. Ochenta y cuatro kilos y un desastre natural y una cascada (de vómito, de pieles muertas, del orgullo de papá). La última vez, doctor, era una niña. ¿Es algún fetiche, doctor? Renunciar a ser leve o a ser de hierro o a ser algo porque ochenta y cuatro kilos de materia, ochenta y cuatro kilos de esta cara sucia de ciudad.

Cara sucia de ciudad. Decirle al doctor: cara sucia de ciudad. Yo y mi cuerpo. Si dejé de pesarme y si convertí mi cuerpo en un ojo. En el reflujo de un ojo. Tengo un esguince de tobillo, pero sus cuencas vacías y sus dedos esqueléticos (las ramas, los rabos de gato, mi ventana) y la voz con la que dice tu cuerpo y tú, tu cuerpo y tú. El sol me hace llorar. El sol quiere que llore. Decirle al doctor: llanto. Saldré de aquí convertida en nada, pero juro que iré vendada y que se partirán mis articulaciones y se partirá mi pecho como un cuchillo de plástico (jugaba a cortarme las venas cuando ochenta y cuatro kilos y ochenta y cuatro kilos de materia) y se partirá mi estrella y juro. Juro. Juro.

A veces como para morirme.

A veces me como el cemento de los ojos de los otros.

A veces yo y mi cuerpo no sabemos cómo, no sabemos cómo pero nos encontramos en la cama y hacemos el pino y jugamos a ochenta y cuatro kilos y nos dormimos en una rama pero la rompemos y el suelo y el doctor y soy una crudelísima degenerada. Decirle al doctor: soy una degenerada. ¿Hay cura, doctor, hay cura? ¿Vamos a vendarme y a asfixiarme y a dejar que muera? Que muera, doctor, como todo. ¿Usted sabe morir? ¿Usted sabe que vamos a morir? ¿Usted sabe que quiere salvarme la vida pero que me voy a morir? Y posiblemente cuando me entierren llegaré al centro de la Tierra y arderé en llamas y ya no seré nada.

Y ya no seré nada. Decirle al doctor: no seré nada. Tengo un esguince de tobillo, pero no seré nada. Ochenta y cuatro kilos o la nada.

viernes, 9 de diciembre de 2016

no decirte nada pero mirarte como si a tu alrededor hubiera lava y espejos y un precipicio infinito y no decirte nada pero explicarte que en mi interior hay lava y espejos y un precipicio infinito y no decirte nada pero que me mires así y que me deshagas con cuidado y no decirte nada pero que descubras que donde me prendieron fuego están empezando a crecer

flores
 

domingo, 27 de noviembre de 2016

domingo, 27 de noviembre de 2016

No van a escucharte. Aunque grites, aunque sudes. Nadie oye las secreciones de tu cuerpo. Ni el calor ni la saliva ni la humedad entre las piernas. Déjate. Hay una mancha enorme en el techo, pero déjate. Serás más cómoda si empiezas a hacer como si nada y si empiezas a levantarte por las mañanas y a convertir el dolor en un juego. Si me muevo, si me tuerzo. Si hago así hay una marea de cuchillos en mi barriga. Si hago así pienso en las manos y me duele dentro.

Felicidades: ya no eres una adolescente.

Felicidades: ya no tienes que llevar camisas sueltas para ocultar que tienes tetas. Y que no quieres que te toquen las tetas. Que no quieres dedos sucios por encima de los pezones. Que quieres echarte a llorar y mojarte los rizos con las lágrimas y decir la vida no tiene sentido. Porque felicidades: la vida no tiene sentido. Y no van a escucharte. El ruido de los muelles del colchón. Cuando te giras, trozo de nada. ¿Cómo puede la nada, eh, tener trozos? Trocitos, pedazos, puntas. Como una pared rasposa. Siempre has imaginado la nada como una pared rasposa y siempre has pasado los brazos por la nada hasta hacerte daño. Quieres sangrar, lo sé. Solo para saber. Solo para convertir el dolor en un juego. ¿Vas a dejar de escribir cosas tristes?

¿Vas a dejar de hacer cosas tristes?

Pero déjate. Pero coge los hilos con los dedos y retuércelos. Pero muérdelos. Pero métetelos en la boca. En la boca, en la profunda boca. Tu boca llega hasta la tierra. Tu boca traspasa la tierra y excava y descubre las capas terrestres y es reconocida mundialmente por su servicio a la ciencia y se suicida porque esa vida no le gusta. Tu boca no lo planeaba. En la desgraciada boca. Para que te tragues los hilos. Para que hagas la digestión y los hilos se mueran. Para dejarte. Para dejarme. ¿Qué pinto yo en todo esto?

Es posible que se te caiga el pelo. Posible que sueltes algo por la piel. Nadie escuchará tus secreciones. Nadie las oirá cuando se despeguen de tus brazos y corran por el suelo y hagan una catarata en la ventana de tu cuarto. Por esa ventana no se ve nada. Por esa ventana solo se ve una plaza vacía. La atrocidad, mujer, la atrocidad y el cuerpo cansado.

No me mires. No quiero que me mires nunca más.

Ya no tienes edad para mirarme. Has elegido hacerte mayor (y no matarte al cumplir los quince, y no abandonar la isla y reducirte a un hueso partido por la mitad. Y no perder la identidad. Las gafas. El pelo. El ánimo). Has elegido el tiempo y la lucha contra el miedo y las costuras de la casa. Pudiste haberte quedado ahí. No avanzar más. Dejar que te atravesara como un murmullo, como un grito, como el goteo de tus secreciones y todo eso que no oirán jamás. Pudiste haberte quedado donde no te oían. Donde no te oían.

Y ahora si toses traspasas la pared. Y ahora si hablas no puedes guardar secretos. Y ahora si te ríes todos participan. 

¿Cómo te levantas por las mañanas? ¿Cómo te tragas el café? ¿Cómo representas los papeles que te dieron cuando naciste y que te quitaron cuando naciste y que te dolieron cuando naciste? Aquí no van a escucharte. Allí te espiarán. Sabrán cuándo te mueves y de qué manera lo haces. Sabrán si tu cara es de disgusto o de alegría (pocas veces, lo vaticino). Si finges, si eres real. Es posible que no seas real. Es posible que solo hayas traspasado la realidad cuando mirabas el techo desde la cama y doblabas los dedos de los pies hasta el calambre. Es posible que solo te hayas conocido cuando querías rajarte las piernas.

Muy posible, filo de nada, que tu genialidad esté en tu tristeza.

Pero tú miras con tristeza, y comes con tristeza, y ríes con tristeza. Eres feliz con tristeza. Haces el amor con tristeza. Sientes chispas con tristeza.

Mentira, mentira, mentira.

Querría eliminarla y dispararle en la cara. Desfigurarla. Convertirla en otra idea. Que me acompañara de otra forma o con otro color en la punta de los ojos. Con otra forma de verme. De estirarme. Yo (porque ahora hablo yo, réplica) no estoy triste. Hoy no estoy triste. Hace un par de días me metí en la cama y sentí que me vibraban las piernas. Hace un par de días me dolía el estómago de reírme y vi cómo la habitación se difuminaba con mis estertores. Hace tiempo que sé, réplica, que no me iré de aquí silbando. Que no todo es tan denso y que puedo hacer que no me escuchen.

Que no escuchen mis secreciones.

Porque ya no soy una adolescente.

Y este olor a libro viejo y estas ganas de moverme. Y el recuerdo de la cama. La cama que me cogía como una dentadura. Muerde, muerde, muerde. La narcotización del sueño. Del sueño y de la huida y del escape, porque esa era la única realidad posible. Para mí. Empecé a tener pesadillas y me convertí en un mirlo. Y en la noche.

Soy el cuerpo de la noche. Estoy estrellada hasta los labios. No sé razonar.

Llaman a mi puerta, réplica. De formas que no imaginas. De formas que no cuentas cuando dices que van a oírme y que decidí hacerme mayor. Llaman a mi puerta y dicen tiempo. En las bocas de mis amigos hay siempre sabor a óxido. Y una mota fría, ¿entiendes? Y con esa mota fría rezan por mí y rezan por ellos y les hablan a los árboles. ¿Qué dirán de mí los árboles? ¿Lo mismo que tú? ¿Les habré traicionado cuando salí de la grieta (de la grieta que se forma entre las costillas y los pechos) y me cambié de cara? Traiciono todo lo que toco. Todo lo que toco lo traiciono. Debería haberle dado forma al mundo con las manos, pero me quedé parada en un banco y me fumé tres cigarrillos y se me cayó el fuego a las piernas. Cicatrices: tú.

No me mires. No quiero que me mires nunca más.

Ya no tengo edad para que me mires. Quise cosas de ti, pero ahora. Ahora. No puedo convertir el dolor en un juego. No tolero el dolor. He perdido la capacidad de provocarme dolor. De aguantar mi propio dolor. ¿Cómo te llamas? ¿Vas a decirme alguna vez cómo te llamas?

Adiós. Adiós. Todos pueden oírme. Es mejor que no sepan que hablamos. Es mejor que no lo entiendan. Si lo hacen, réplica, podrían destrozarme. Y me convertiré en palitos de madera antes de que me destrocen. Para que puedan romperme mejor. Para que puedan terminar con lo que intento que no suceda. No tendré que salvarme más si nos escuchan. Y podré tocar la podredumbre de la pared y bajar hasta el sótano y dormir, dormir. Esconderme y esperar. No conozco a nadie que lo haya hecho, pero creo que es porque todos han desaparecido.

Vamos a desaparecer y nadie va a querer agujerear los muros para vernos.

No habrá visitas. No habrá música. Nadie que pague una hora de televisión para verla con nosotras. Si se acaban los libros no traerán otros nuevos. Si se acaba la vida no traerán otra nueva. Nos condenaremos a esta boca inmensa y a este placer discontinuo. ¿Dónde sientes el placer? Yo en ningún lugar. Es solo una idea, ¿entiendes?

Te pondré una tirita. Entonces te irás. No quiero que me mires. No quiero escucharte. No sabrás vivir sin mí, pero

nunca te pedí que nacieras. Ni tú a mí. Ni tú a mí, filo de nada. 
         

miércoles, 16 de noviembre de 2016

todo eso joaqui

igualmente es mentira joaqui decir que en esta habitación hay un cuerpo delgado que el cuerpo delgado se pasa la lengua por los labios que el cuerpo delgado mira hacia el techo como si el techo tuviera joaqui la verdad o una aproximación al color de tu frente cuando andamos por la calle y el cuerpo delgado no quiere hablar de nada ni dejar pasar el tiempo ni pensar que faltan dos semanas para que se me rompa el himen y me lleve a la sala de urgencias de mi cama a la sala de urgencias del helado häagen-dazs y las manos curvas y la almohada mojada igualmente es mentira joaqui que queden dos semanas porque en algún momento en algún oscuro momento te habré contado espero haberte contado lo que sucede en mi vida lo que sucede en el cuerpo delgado aunque eso sea mentira aunque nada sea cierto y en esta habitación no haya huesos que se estiran ni leyendas por escenificar mira la verdad es que no sé si has descubierto la odisea en mi mesa de noche no he empezado a leerlo es solo un préstamo de la biblioteca y sé que tal vez si lo abro acabe comiéndomelo acabe tragándomelo de una sola vez como si fuera chocolate o palomitas o el doloroso sabor del dulce de leche

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que en esta habitación suceden cosas que se inicia algún proceso que hay más que aire porque he empezado a pensar en lo que ocurrió en la cabaña y tengo miedo de decirlo y tengo miedo de mirarte anoche cuando estábamos en el bar las chicas preguntaban por qué no nos dábamos un beso yo no les he dicho que hemos follado no quiero que sepan que lloré mientras lo hacíamos y sé que si les digo algo sé que si empiezo a hablar voy a acabar dibujando con los dedos la silueta de la primera lágrima voy a terminar aportando pruebas y cruzando puentes y les haré saber todo lo que siento y a qué sabía el helado verás joaqui era de chocolate yo odio el helado de chocolate fue lo primero que te dije cuando nos conocimos porque querías invitarme a un batido de helado y puse objeciones puse trabas impuse mis ideas pero en la cabaña en la cabaña solo esperé a que terminaras y aguanté tu aliento en la nuca el sonido de tu carne chocando con mi miedo sí no te lo dije pero tenía miedo me asustó que me mordieras me asustó que la tuvieras dura y que quisieras que de verdad quisieras hacerlo conmigo porque

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que me fui con ana a fumar solo porque me apetecía lo cierto es que quería decírselo lo cierto es que quería preguntarle si fue normal la sensación o si todas las primeras veces dan un poco de asco pero verás joaqui no lo hice porque igualmente es mentira decir que fue la primera vez que es mentira decirlo todo es mentira no sé cómo lo hice hay algo que sobrevuela la habitación míralo una mosca o una polilla no estoy muy segura quiero volver al tiempo en el que no sabía del todo si las polillas podían volar qué estúpida y qué felicidad comer galletas no tener que compararme con un cuerpo delgado no tener la odisea por leer algo sobrevuela mi cuarto ese algo sale de mí va desde mí hasta el techo las líneas de mi mano o un proyectil desde mi muñeca oye joaqui tú alguna vez has pensado en cortarte las venas yo sí lo he pensado y he querido hacerlo y mientras me dabas por detrás se me pasó por la cabeza la imagen de mi bañera ensangrentada y mis brazos con goteras y el momento previo la caricia de la cuchilla el último pensamiento racional también pensé en la cara de mis padres abriendo la puerta preguntándome qué sucede y chocando con la imagen con la lasciva imagen de su hija adolescente muerta muerta muerta para siempre muerta entre sangre yo saliéndome de mí yo brotando de mis brazos como un cerezo en flor o como un bosque cubierto de árboles cada gota un árbol cada gota una cosa nueva

todo eso joaqui

e igualmente es mentira decir que debería llamarte porque tengo el teléfono apagado y ni un solo whatsapp ni un direct ni un messenger no ha habido nada ni una palabra sobre lo sucedido ni siquiera un hilo de voz o una mirada cómplice ayer todo parecía haberse terminado ayer se me desvaneció por los dedos el cuerpo delgado se escapó de mi figura corrió muy lejos a casa de mi tía o a la guardería o a algún lugar seguro más allá de este ciclo inmenso del bachillerato o más allá de los ojos de ana encendiéndome el cigarillo y mirándome de cerca el cuerpo delgado se ha ido y no sé si vas a querer hacerlo conmigo otra vez no sé si voy a querer otra vez que me beses o que me quites la camiseta ni siquiera me había puesto sujetador viniste a casa a darme algo y salimos al huerto y hace dos semanas era la calle y tu frente y yo llevaba guantes tapada por los guantes mis manos llenas de astillas haciendo presión contra la pared igualmente es mentira joaqui decir cualquier cosa desearía algunos días desearía hoy desearía ser como ana o no ser como nadie o no ser como yo no he estudiado nada para el examen de historia de españa pero tengo un poco de resaca todavía no quiero saber nada no quiero ir a ningún lugar oigo a mamá en la cocina si salgo voy a pensar en lo de cortarme las venas y además en qué habría pasado si se hubiera abierto la puerta de la cabaña de las herramientas y mamá

todo eso joaqui

e igualmente es mentira igual sucede que el sexo es mentira porque llevo desde los doce años haciéndome pajas por las tardes y viendo porno a escondidas y nadie me habló nunca de la suciedad del olor del dolor no pensé que fuera a repetirse no pensé que fueras a terminar tan rápido pero en el fondo sí ya te lo he dicho joaqui quería que te corrieras que salieras de mí dejar de preguntarme por qué estaba tan mojada igual sucede que todo es falso que hay una partícula dura una hinchazón en el mundo que nos coge a todos por los codos y está muy bien el buscador y después las manos en las bragas y ese ascenso y parar un poco antes de llegar y parar en seco y después seguir deprisa deprisa como si se fuera la vida por el espacio entre los dedos volver a parar y no hacerlo a tiempo todo eso joaqui todo eso lo veía yo como la verdad más absoluta la verdad a solas la verdad pura pero la cabaña pero tu ropa interior alzada como un sueño o una pesadilla pero esa expresión en tus ojos mientras te vestías y el bar anoche y por qué no se dan un beso qué les pasa chicos creo joaqui que lo mejor es que lo dejemos porque me siento mal y faltaban dos semanas para que se me rompiera el himen necesito helado necesito silencio necesito estudiar para el examen quiero graduarme quiero salir de aquí quiero fumar tres cigarillos de una vez quiero esperar con los ojos apretados a que te corras

todo eso joaqui

todo eso joaqui
 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

049

para decirte que ya no. para decirte. que. ya. no. que me he cerrado. que mis dientes son cemento. y calibrarte. dime: ¿qué sientes, qué sucede en ti si cubro con mis manos el espacio en el que siempre intentamos dormir? voy a contar todas las veces que he querido besarte. voy a hacerme con ellas un collar. para llevarlo al cuello, para saber que puedo llevarlo al cuello. para dejarlo en casa. y decirte. que ya no. ¿sabes que en algún lugar de mi cabeza

la niña que fui la primera vez que me miraste entre el humo

llora de pánico?

¿sabes que en algún lugar descansan las manos que te tocaban? ¿que hay un hueco o un pozo o una celda en la que mis pies se miran (bizcos) y tiemblan por ti? por ti, trozo de espuma. por ti, grieta del día. la niña que fui. no la niña que era: la que fui en ese instante, la que surgió a través del llanto hueco de tus ojos. la que murió por la noche, muy tarde, entre estertores. como una fábula. como un dato impreciso que logró definirme. definirme ante ti, muralla imposible. muralla

imposible.

para decirte que ya no importa. que puedes marcharte (si lo deseas. si te aprieto. si te aprieta que te suelte: en realidad creo que te ahogarán mis manos lívidas, que te asfixiará la apertura de mis dedos). después de las explosiones y mi miedo y este cuerpo

fatigado y dolorido y harto de contar las ganas de tocarte

viene, creo, la vida.

y para vivir tengo que romper a la niña, que comerme a la niña. que torturar a la niña. o hacerle el vacío, llanto cansado. o hacerle el vacío. 






















(no te preocupes. sigo siendo la misma)

martes, 1 de noviembre de 2016

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me pregunto: ¿tenemos las mismas raíces (este fondo terroso, esta nube de polución brillante)? ¿bostezas por las mañanas o solo bebes café para salvarte? ¿para salvarte de lo mismo que yo? ¿o son otras cosas, o hay otros gatos en el giro de tus manos? ¿me ves? ¿me ves o yo te veo o alguna de nosotras ve las mesas amontonadas sobre el humo de tu cigarrillo? ¿hablas para ti cuando no hay nadie? cuando no hay nadie, cuando parece que mis ojos se giran hacia dentro y que la oscuridad, y que el agua, y que el estruendo. ¿lo sabes? dime, ¿lo sabes? a mí me calma la suciedad de los cerdos que no están en las ventanas de la torre. las manos de las ancianas que tejen el tiempo: de verdad pienso que en algún lugar debe haber ancianas y que las ancianas deben tejer el tiempo mientras fuman el tabaco que ya fumamos (otro año. el año de los perros. cuando algo tenía la edad de los perros. cuando algo aullaba hacia la calle y era un cielo lleno de cavernas, un cielo lleno de cráteres en los que
alejandra dormía desnuda)
¿qué ves si te digo árbol? ¿qué muerdes si te cuento que una vez me perdí en un centro comercial y no lloré? solo pensé que iba a morirme, y eso me dio paz a los diez años. ¿qué es la paz para ti, de qué color es la respiración y de qué respiraciones es la paz? ¿tienes miedo?
¿tienes miedo en esta calle y ves en la calle el mundo, y tienes miedo en el mundo porque el mundo es como una calle y puede salir de cualquier ladrillo
un espejo deforme que te haga llorar?
¿lloras? (tengo, desde siempre, una especial relación con el llanto)
¿conocerse es el relámpago? (tiene que serlo, porque una vez me hablaste de salinas y yo recité en mi cabeza el poema entero, y descubrí que lo llevaba escrito en el tobillo izquierdo. en el corazón izquierdo. ¿llevas algo escrito o solo son relámpagos?). ¿qué sonidos te hacen encogerte? ¿qué pide que cierres los ojos, que bajes el mundo con los párpados, que te escondas? ¿por dónde te desdoblas? ¿tienes un camino directo a casa? debajo de la piel. debajo. de. la. piel. mi ciudad está bajo mi piel. si me miras, edificios: las antenas en los brazos y un rascacielos que me eleva las costillas. ¿los ves? aquí robaron un banco y aquí explotó una casa. yo sé que entrar en los otros es
descender un mapa interrogante.
y tengo mil preguntas por hacerte.
¿has soñado alguna vez con cuervos o con cuerpos o con algún filo de estrella caducada? como yo. como yo. 

lunes, 24 de octubre de 2016

los escombros de

Llegarás a la zona olvidada que hay tras el pasaje azul de mi cabeza. Al panel hueco en el que una gitana anuncia que vomito: tengo frío, tengo llanto.  

Recuerdo una contracción y recuerdo mis ojos que cerraban el día en las costillas. La noche en las costillas.

Y en los pechos. No, yo no tenía pechos. En la zona olvidada soy siempre una niña risueña, lista y torpe. Que quería comer verduras. Y volver a nacer. En la zona olvidada soy siempre yo, aunque cierre los puños y sepa que no hay salida.

Que todo está roto para siempre.

Que aquí me duele para siempre.

Y no hay una sola pastilla que pueda decirme que va a parar.

Y no hay una sola persona que pueda besar la zona olvidada.

Nunca, niña, nunca. No hay espacio suficiente para otra boca (aunque sea un pozo profundo, aunque la punta de tu dolor pueda perforar la tierra y vaciar de un espasmo todos los mares. Aunque quepa una casa y quepa una ciudad. Aunque ninguna luz pueda alumbrar tanto espacio, aunque te pierdas y llores y tengas que atarte una cuerda. Un ovillo para visitar a tu pequeño minotauro. Aunque otras leyes lo rijan y todo sea posible, y todo sea posible. No, no hay espacio suficiente para otra boca).

Porque es la zona que más recuerdo.

Y es un punto en mi piel. Y es el lunar de mi boca. Y soy yo. No esta yo que te mira. Que te mira a ti, que llegarás a la zona olvidada. Que llegarás como un cohete a la zona olvidada y pisarás la acera y rasgarás el precinto. ¿Rasgarás, dime, rasgarás el precinto?

¿Vivo entre los escombros de la primera vez que metí un dedo en mi vagina?