pero lo haces: te paras en medio de los raíles del tranvía esperando a que pase, a que pase y a que te arrolle y a que te convierta en un amasijo de carne, de tripas, de nada. te metes de lleno en la vía esperando a que pase el tranvía, mirando hacia un lado, con la convicción ciega de que quedan ocho minutos (benditas paradas, prediciendo la muerte) y lo más seguro es que llegue alguien que te conoce o que no te conoce pero que siente lástima y te saque de ahí, que te arrastre con desesperación por la camiseta porque ni la ciudad ni los ciudadanos se merecen ver tu cuerpo comido por el transporte público. y sí, lo más probable es que nadie antes que tú haya pensado que ocho minutos son demasiado tiempo para querer morir, que caminarás de nuevo hacia el otro lado y cruzarás un río (un río, ¿comprendes?), pero esto que haces no tiene nombre. nadie se atreve a ponerle un nombre porque esto no lo hacen las buenas personas, y solo las buenas personas se atreven a ponerle nombre a lo que hacen porque no tienen que responder ante la señora que te aparta de las vías y te pregunta, mojándote la cara con un perdigón, qué coño estabas haciendo. aunque queden seis minutos, seis exhaustivos minutos que significarían ante los ojos de cualquiera que solo te habías parado para descansar, para tomar el aire. que sabías que faltaba un rato pero que el tranvía iba hacia ti como una máquina de apagar móviles (y cuerpos). ¿habría sido posible, dime, que hubieras esperado seis minutos más? seis minutos entre ti y la nada. seis minutos que gastas ahora sentada en la parada, mirándote las piernas desnudas por debajo de una falta que no, que no, que no te representa. ¿quieres morir? ¿quieres que duela? ¿quieres sentir que quieres morir y que quieres que duela? lo haces, claro que lo haces: ahora contemplas los raíles con tristeza, piensas en todo lo que te han robado la señora y sus perdigones, en todo lo que te ha quitado el mundo porque siempre hay alguien en la calle y siempre hay alguien que te roba la muerte. la muerte, la escupida muerte. y viene el tranvía como un rayo y la pantalla palpita: 1 minuto, 1 minuto, 0 minutos. en este instante tu cuerpo se habría disuelto en pedazos y el chico de la bici, la chica con rastas y la señora de los perdigones te habrían visto por dentro. todo tu interior esparcido bajo los pies minúsculos de las veinte personas que van en los vagones. y si te subes al tranvía vas a sentir cómo surfeas por encima de tu muerte, de tu suicidio cobarde. si te subes todos te van a mirar porque has crecido, te has apartado del final y has crecido hasta pasar por encima de ellos y hasta tener los dedos grandes como farolas. vas a llegar a casa, honey. pero lo haces: no te subes, no te subes. 10 minutos para el próximo tranvía.
Las mejores historias son las que hablan de lo que no cuentan, ésas que tienen otras letras impresas en los márgenes y entre los huecos de los renglones. Las mejores historias son las que dejan rendijas, grietas pequeñas por las que descubrir qué es lo que se mueve dentro de todo.
¿Qué significará el tiempo sin relojes?
miércoles, 6 de julio de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
m
mujer contempla la ciudad. mujer contempla la ciudad en la ventana. mujer no tiene nombre pero contempla la ciudad y la ciudad no tiene nombre pero mujer contempla. hay ascensores carcomidos y muerte/en los ojos de los hombres/a los 14 años me propuse enamorarme de todas las mujeres de la ciudad. ir destapando uno a uno sus secretos. comérmelos. comérmelas. no disfrutarlas: quererlas, hacerlas sentir vivas debajo de los puentes, puentes que contemplan la ciudad y las mujeres debajo de mis dedos. y mujer contempla la ciudad. y mujer contempla la ciudad en la ventana. sabe que en dos horas cruzaré la puerta y traeré flores *lésbica galana lésbica ciudad* que contemplaré la ciudad en sus ojos mientras hacemos el amor como orquídeas o como basura en descomposición. mujer contempla mi cabeza, mi ciudad. amaré a todas las mujeres de la ciudad. no amaré a todas las mujeres de la ciudad. ellas son edificios y yo una rata *quiero comerme todos los cables y hacer que las chispas incendien la ciudad, que se llene la ciudad de cucarachas* mujer contempla cucarachas. mujer contempla cucarachas en mi pelo.
y todas las mujeres son
/edificios/
azoteas, parques y escaleras. calles, lunas y monedas. lésbica ciudad, lésbica y espléndida ciudad
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viernes, 1 de julio de 2016
building
¿has pensado alguna vez, bird, en la connotación? te digo presa y connoto perros. te digo lluvia y connoto sexo. si te hablo de una puerta, justice, ¿qué quiero que sepas? y así es como mi cuerpo se convierte en sales, así es como el filo de tu lengua filosa (en tu afilada boca, water) sabe de mí un agujero. digo dolor y resumo agujero. pienso cáscaras. pero te has tumbado a mirar el cielorraso, la espalda de ti se ha chocado con los muelles para mirar el cielorraso, y sadness, gravity, y las cosas que le dices a tu cigarrillo*que solo es tuyo ahora*surfean la habitación. estantería, alfombra, closet. ah, la ciudad es mi closet, fuera de la ciudad soy la elevación espiritual y soy, siempre, serrín. pero aquí lo he pensado, aquí me he cruzado con sand, ojos, boca, boca que bizquea, te has tumbado a mirar el cielorraso, mi cara baja por las cuerdas del cielorraso y mis uñas acaban en tu reloj. reloj, reloj, ¿dices reloj y connotas miedo? cuando bulle la ciudad, ¿quiere decir cura? city, cómo darte señales de humo a través del cigarrillo, cómo explicarte dentro de este silencio la espuma morada que ha empezado a brotar en mi hígado. alguna vez obtuviste beso y yo quise decir hierro. alguna vez cacé humedad y pensé restos. cosas imprecisas, loud, cosas impalpables como igualmente impalpable eres ahora que has cerrado los ojos como balcones*y no quieres de mí*más que aire que connote que estoy viva*lo sé, little girl, algunas veces tuvieron razón las ratas. y entro a un edificio. a través de tus pulmones entro a un edificio. building. to build. to destroy. yo, en realidad, soy un animal (danzo como un gato por la panza de la calle, araño asfalto con las uñas y escribo con la lengua que no quiero comer lentejas). love, estamos desnudas en todas las casas de este bloque, tenemos pelos en las piernas y bostezamos con las bocas grandes como los mares (y queremos decir entropía). y entro a un edificio y hago la colada, la tele no habla, la radio tiene hambre*hazme el favor de quitarme la piel de una vez o voy a gritar y querré decir s e x o*tusk, mirror, ¿has pensado alguna vez en la connotación? ¿has pensado alguna vez en mi boca por dentro? quiero decirte cosas, quiero ponerte nombres, no encuentro el mando del televisor, mute, tengo miedo de salir de aquí/y entro a un edificio/quiero decirte estrellas, peces, trenes. que soy una leona, cat. y así con palabras es como yo te hago olas, así es como arrugas los dedos y lo hacemos, hacemos eso que todos connotan*en silencio*¿sabes, insider, que si callo ganas quiero decir pánico? voy a contártelo, voy a contártelo y pienso repetirlo hasta que te comas todos los cigarrillos. voy a contártelo, eres un cuchillo y voy a contártelo, pero necesito ruedas, vasos, leche. y entro a un edificio, a horcajadas entro a un edificio.
miércoles, 22 de junio de 2016
janis*edificio
mientras las tres señoras hablan/sobre alguien que se retiró del trabajo para pasar tres meses con su madre y apareció embarazada a los dos/yo muerdo patas de pájaro. hago con ellas un juguete y me las como porque no quiero que nadie me diga con qué puedo jugar. y janis, querida janis, ¿escuchas mis dedos rompiéndose, contra la losa rompiéndose, y mis ojos viéndome desaparecer? mientras las tres señoras hablan yo desaparezco (están contando los kilos que han perdido desde que les anunciaron que va a haber boda) pero yo desaparezco/mientras las tres señoras hablan/y no lo saben. en este bar hay ruido y olor a ruido y la cocacola sabe a ruido. verán bajar el refresco por mi esófago. primero un esófago y después solo refresco. una cascada negra y tuberías en el suelo y yo desaparezco mientras las tres señoras *hablan* y dejo a mi paso una estela pegajosa y me pisan, al pasar me pisan las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco porque no tengo TRABAJO. tengo pies en los ojos, desaparezco. no soy como las mujeres y los hombres que van al trabajo y no saben que yo desaparezco. janis, janis, querida janis, yo soy como tú y no como las tres señoras porque las tres señoras quieren a toda costa ser delgadas, ser numéricas, ser muebles de colcha o tapizados en piel sin pelos. pero yo, janis*esófago que anda, descomposición que baila cry baby cry cry, charco en el suelo de las calles quietas*soy lo mismo que tú. tengo tus dientes y las tres señoras no se maravillan con el gesto de tu voz agonizante, las tres señoras no te ven pero yo
siento la muerte siguiéndonos como un cordero*hambriento
jueves, 9 de junio de 2016
(¿pero vale la pena? dime, ¿lees esto y vale la pena? que sea yo, quiero decir. que me hayas buscado y sea yo, y seas tú a quien escribo. dime si vale la pena que toda la belleza
me consuma
y que esté aquí tirada pensando si es cierto que elcolordetusojos/estambiénelcolordemiceguera,
pero no es cierto.
y no tengo un beso guardado en los labios.
no para ti, ¿entiendes, comprendes?, no para ti ni para ti ni para ti ni para mí, porque yo era contigo. porque yo era. contigo. pero ahora seré. sin ti.
porque no vale la pena, y hace tiempo que te olvidas de llamarme.
de llamarme.
de cierto modo, de llamarme de cierto modo, de cierta manera que me hacía temblar las rodillas y los ojos, temblar los ojos contra tu pelo o tu cuello de avispa intermitente.
¿vale la pena?
no.
y este no, este podrido no, lleva mucho tiempo colgándome de los dientes. como un adorno. como un adorno sin uso porque lo bonito no suele servir para nada, no suele ser útil, y qué inútil la idea que estaba ahí a la vista pero que no iba a dejar salir, que no iba a dejar salir porque no
valía
la pena.
y ahora.
creí que no pasaría, pero lo estoy usando.
y lo grito.
no.
no.
no.
no.
no.
no vale la pena, nunca valdrá la pena, yo ya no soy yo porque yo no era yo y tú no eras tú porque nunca has sido tú, nunca has sido nada, siempre lo has sido todo y sin embargo.
he dejado de llorar y has dejado de llamarme. así. y estoy cansada. y quiero vivir.
vivir. ¿entiendes? vivir)
martes, 7 de junio de 2016
quiero hacer puentes
ciudad: quiero hacer puentes. con los dedos hacer puentes. entre edificios hacer puentes. tejer tu mapa, big city, como si fueras arroz o escupitajos mágicos (en los que se refleja la luz, ciudad, la luz de las farolas, las farolas de las calles, las calles de tu estrella). quiero hacer puentes. de sangre. promesas de sangre con gotas de sangre que cruzan los dedos de mí a mí, de mí a nadie, de mí al muerto. muerta la ciudad, muertos los pasajes. muertos los que pueblan cada bloque. hacer puentes para que no cierren los ojos, para que no cierren despacio el cuerpo con los ojos y *habitantes de la ciudad, miren hacia las luces: la soledad es una luna, la farola es una luna, hay un pájaro silbando en el filo de la luna y café, café, pasajeros, callejeros, amigos, no se puede dormir hasta que haga puentes* ciudad: ¿nos castigas? ¿nos vomitas? ¿nos desechas? city, skeptical city, eres un planeta y tus edificios son más grandes, más grandes que tú. ciudad, ciudad raquítica, no te tengo miedo y quiero hacer puentes, quiero masticar puentes, quiero resurgir de los puentes/para hacerte daño/y si no me das permiso iré a golpear tu suelo, morderé tu suelo hasta que de mí salga tu ruina. con los dedos tu ruina. entre edificios tu ruina. entonces deja que me arquee, ciudadela, pueblo agrio, y que con mi espalda haga zonas, que haga calles, que pasen metros y bichos y muerta la ciudad, muerta la ciudad, muerta la lúbrica ciudad __ciudad: voy a hacer puentes. te retaré y haré puentes__
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miércoles, 1 de junio de 2016
gran depredador
Trabajo para ti. Crees que trabajo para ti. Firmas mis brazos para ti. Me pinto la raya de los ojos, la curva de la boca, delante del espejo de mi baño. Me visto de criada y señora y camarera y profesora y prostituta y recta mujer en paro. Para ti. Mi trabajo no consiste en nada. Mi trabajo no me da nada. Odio mi trabajo. Y me emborrono la pintura. Y me retuerzo las uñas. Me cuelo en los bajos de la cama y no te espero. Tú sabes que yo no te espero. Tengo 25, 30, nada. Apareces. Gran depredador, apareces. Oigo tus pasos repetirse sobre el suelo, repetirse y vibrar en mis nalgas. Tac. Tac. Taquicardia. Crees que trabajo para ti. De 8 a 2 me salto todas las funciones de mi puesto, hago pellas y como Nocilla a cucharadas. Te espero cada día, con quince minutos de ventaja, caída sobre el sofá. Pintada. Peinada. Bien hecha. Crees que trabajo para ti. No tengo salario (no hay nada que me hinche las cuentas o el vientre a mediodía), pero tampoco me duele. Tac. Tac. Hoy no me he peinado.
Veo cómo me miras y cómo se te abren los ojos y las manos. Veo cómo descubres que no soy lo que soy para ti y que me he tragado todas las pelusas. Despojo. Amarilla. Gran depredador, yo soy un leopardo. ¿Quién se come a los leopardos? Pero apareces. Me miras. Encoges los dedos en una mueca que casi tiene ojos. Odio mi trabajo. Soy de gelatina. Me levanto, me abro, me descubro. Tengo la cara pintada, tengo los dientes podridos, tengo los labios cortados. Gran depredador, alzas las manos (te veo teclear notas de prensa, hace media hora, en un despacho blanco, paloma de la paz blanca). Tac.
Odio mi trabajo. Criada, señora, camarera, prostituta, mujer en paro. Pienso en ser de verdad un leopardo. Y firmar mi fuerza de leopardo. Y retirarme. Y pintarte los labios de rojo, los párpados de negro, arrancarte la barba. Podría doblegarte o hacerte llevar mi cara. Podría ser un gran depredador. Salgo a la calle (niña haciendo pellas, corriendo fuera del cole). Te veo una. Dos. Tres veces. Cinco. Cien. Estás vestido de tendero y me viras la cara. Repartes el correo y me dices que me aparte. Construyes un muro y me gritas tía buena. Gran depredador, empezaré a arrancarme las uñas con los dedos (si dejas de quererme, me moriría de miedo).
domingo, 29 de mayo de 2016
ut
Por qué soñé contigo anoche. No tenías nada que ver conmigo (con esta yo que nació ayer y murió anoche, que no es la que se formó con los primeros rayos del sol y con el desayuno. Me puse tan triste cuando leí aquel pasaje de Pessoa, me sentí tan sola y tan breve), pero apareciste como un relámpago y después te convertiste en el pasadizo central del sueño. Llevábamos tiempo sin vernos. Sin vernos con nuestros ojillos entrecerrados y nuestras bocas mudas. La tuya no. Tienes tantos años más que yo, tienes tanta vida sobre ti y eres, qué eres. Bebes vino. Bebías vino, había una conversación que llenaba la estancia pero tú hablabas conmigo, y me preguntabas sobre los demás. Sobre el amor. Querida utópica, no me comprenderás jamás. Ni a mí ni el fuego que subía por mi esófago. Ni a mí ni las palabras que no te dije, que no me dejaste decirte en el fondo roto de mi cabeza. Porque te he mirado a los ojos tantas veces, y he guardado tantas veces silencio al toparme con el hueco de tu pupila. Contigo. Sputnik my love.
¿Por qué escribo esto? ¿No basta con soñarte y revolverme en la cama y sentir una chispa inexplicable entre los muslos? Llevo años viéndote en sueños. Como si no fueras la persona a la que he mirado caminar y caerse por la calle, como si fueras de verdad la mujer de pelo negro que se me aparece en las noches más ruidosas. Escribo esto, utópica, porque anulas todo lo demás. Me dejas plantada, quieta como una roca. Me vuelves inmóvil (ya no soy, ya no soy porque no me muevo, y no me muevo porque no soy nada). Por qué tuviste que volver a mi cabeza cuando acababa de leer Las ruinas circulares de Borges (un cuento sobre alguien que se dedica a soñar a un hombre, que se encierra en un templo para crear un hombre en el sueño, y empieza con el corazón hasta que con los meses logra modelar el cuerpo). Por qué tuve que leer Las ruinas circulares de Borges. Por qué labios rojos y un vestido negro.
Mírame. Yo no existo.
domingo, 8 de mayo de 2016
sin título
Yo ya te conocía antes de ti, aunque no lo admitas. Ya te había respirado, y una tarde en que me echaron el tarot medio en broma (tengo amigos tan irreverentes, comprendes) apareciste: vas a pasar una época oscura y vas a tener un amor a medias. Sé que nunca te lo he contado y que te va a extrañar ese silencio dentro de mi ruido existencial. Lo sé. Pero cómo iba a decirte que habías aparecido entre la oscuridad de mi cuarto, que te habías colado por las rendijas de una ventana casi descuartizada y me habías cogido por las piernas, por la cintura, casi sin tocarme. A medias, rozándome con la mitad de la mano. No te lo vas a creer: dicen que esa baraja está maldita. Mis amigos la compraron en una tienda de segunda mano. Siempre me han dado cierto reparo las cosas compradas en tiendas de segunda mano (menos los libros, ya sabes), pero aquellas cartas, pero esos dibujos. Dalí. Cuando se desplegó la mía ya sabía que decía la verdad: oscuridad, mitades. Pensé en ti, te lo juro. Pensé en ti aunque no supiera que eras tú, pero de pronto una habitación oscura y un cuerpo delgado, un pelo largo sobre la playa de una cama hecha. Sábanas blancas. Te escondías entre tus manos y saltabas hacia mí como un pájaro. Lo supe: la clave.
Tú eres la clave, la contraseña que hace funcionar todo esto, la mancha que me explica y me rehace. Desde tus ojos me miro, tópico insoportable de las cosas a medias. Aunque pienses que soy quizá más alegre o que me duele menos el cuello. Ya te conocía, muchachita. Estabas dentro de mí y me esperabas (mis tripas un tarot, mi sangre el filo de la baraja). Porque yo. Porque tú. Te lo cuento: yo estoy del lado de las cosas que no funcionan, del terco lado de las cosas que no sirven para nada, solo para pensar y respirar y mirar a lo lejos. Estoy del lado de las habitaciones vacías. De una soledad tan crispada, comprendes, tan crispada como cualquier otra cosa que tampoco sepa nombrar. Y a veces no me comprendo. Toda la vida sin poder comprenderme. Toda la vida peleándome conmigo por las mañanas, como si me peinara, como si alisara un cabello rebelde (también lo tengo) para que parezca normal. Todas las podridas mañanas mirándome y diciéndome adáptate, destrózate, cállate. Y las cartas: algo a medias. Tú, de pronto, un rayo. Porque no puedo tenerte del todo, ni he podido ni podré nunca, y no hablo de tenerte como algo material (claro que no), sino de alcanzarte, comprenderte, poder esbozar un pueril mapa de tu ciudad en ruinas. Claro que lo sé. Tengo a mis propios Díaz Grey y Elena Sala bailando en una Santa María reinventada, los tengo y son diferentes y los dos tienen curvas parecidas. Hacen lo que yo no puedo. A medias. Oscura. ¿Estaba maldito el tarot, están malditas todas las barajas, yo estoy maldita? ¿Yo me estoy pudriendo? ¿Me escuchas? ¿Entiendes que ya te conocía, que te he conocido siempre, que me dejaría arrastrar por ti hasta el mismísimo fondo de todo?
Hélène: ¿qué te pasa? Tú eres las habitaciones vacías y el susurro, las pieles y las gotas, las islas y las aceras. Niña triste, broken beauty, vieja amiga. La diferencia es que yo estoy así de rota, me han roto y tengo una cicatriz que me puebla y un cortar por aquí, pero tú naciste rota, tú eras disfuncional desde el vientre y tu primer llanto fue una declaración de intenciones. El mío no lo sé, aunque es cierto que soy de gelatina hasta la médula y tiemblo con cualquier cosa. Mi ciudad, eres el pasadizo secreto de mi ciudad, el recoveco que me encuentro casualmente y que me lleva hasta el centro, hasta los sofás descascarillados en el corazón de mi ciudad. Y a través de ti me he sentado y he fumado y he leído los libros que solo se imprimieron para esas estanterías. A través de ti, clave de mis costillas, he encontrado el hueco vacío en el que dormir o esperar o masturbarme sin que nadie me mire, sin que nadie me juzgue. Pero allí estoy sola, a veces estás conmigo y es solo un engaño, en realidad tus ojos miran hacia otras paredes y cuando te enseño las heridas no las estás viendo. Una época oscura, comprendes, porque allí no hay lámparas, porque no las he llevado, porque tú no traes luz. Es tarea mía encontrar cómo prender las bombillas. Es mi papel, soy yo, tú eres el pasadizo pero la ciudad es mía, reino sobre ella como una gallina sobre sus plumas, me hundo en ella como las gotas en el agua. Hélène, eres sumamente Hélène.
Ya te conocía antes de que fueras una desconocida. Antes de que existieras para mí. Antes de esas preguntas, para qué sirve el Arte, cuál es la utilidad del Arte. La clave de todo, ¿sabes?, la clave de ti y de mí. Servimos para lo mismo. Para abrir canales. Para saltar precipicios. Para romper ideas. El problema, supongo, es que yo soy infinitamente buena para ti y puedo salvarte, y tú eres para mí como la invitación a un pozo en el que puedo ahogarme, en el que deseo ahogarme, en el que jamás debería ahogarme. Puedes acabar conmigo, lo sé. Y por muchas cosas, muchísimas cosas, me he destruido a mí misma para volver a hacerme, para arrancarme las cosas superficiales y encontrar mi centro, encontrarme, dejar de decirme cállate y suplicarme que hable, que chille, que muerda, que cante lo peor que se me ocurra y que pinte los muros con sangre porque estoy obligada a vivir, y a andar, y a menstruar, y a ser cosas que otros me adjudiquen o que yo misma me obligue a ser. No me obligo, escucha: desde esta habitación me he convencido de que no hay vías malas, de que es justo escupir toda la ansiedad y respirar tranquila, de que no tengo la culpa de nada y la vida, verás, la vida es solo una baraja, amigos irreverentes, la muerte que se aproxima como una tormenta. Tú estás tan triste, tú haces tanta justicia a esa imagen de la habitación a oscuras y solo una voz, estar tumbadas, mirar el techo, hacer el amor sin ceremonia y destruirnos despacio, Hélène.
Y verás, broken beauty: tu cuerpo delgado me llega como lo que yo nunca seré, como una invitación a mí misma desde lo ajeno. Lo ajeno que a la vez me atrae indiscriminadamente, cruelmente, que dice tanto de mí como las antenas de los edificios de mi ciudad. No eres mi ciudad, pero eres los carteles que recorren los muros y la lluvia que cae de vez en cuando, siempre bajo el aviso de unas nubes horrorosas, oscuras, a medias. Si tuviera que decirte algo sería que las cosas que nos gustan también nos definen, y que a ti te gustaban mis nudos, mis problemas emocionales y mis calles llenas, pero siempre he sido demasiado buena para ti como para que puedas quererme. Sí, Hélène, te he bautizado así porque puedo permitirme el lujo de sentirme como Juan, como Nicole, como Celia, de temerte y a la vez querer acercarme a ti hasta estar dentro de tu espacio. De temerte, tenerte pánico porque puedes hacer que me hunda, que me cierre, que me derrumbe. No ibas unida, comprende, a la etapa oscura que me vaticinaba un tarot maldito, pero sí que formabas parte de ella y eras quizás el campo determinante, lo que me hacía falta para dejar de atarme y de deberles cosas a los demás, para dejar de obligarme a no ser lo que soy. Y ya te conocía, claro que te conocía, Elena Sala, Díaz Grey, todas las cosas, el borde de un ojo, los párpados cerrados, un cuerpo, humedades, la prohibición de decirte lo que eras después de un orgasmo porque entonces, porque quizá, pero yo nunca te mentí, ni siquiera entonces, ni siquiera cuando no sabía.
viernes, 29 de abril de 2016
80
a Andrea Abreu López
en el 80º cumpleaños de Alejandra
Alejandra ata eslabones, Andrea quema café con canela. Alejandra espera pájaros, Andrea vuela gatos. Andrea piensa en Alejandra y Alejandra ha muerto, Alejandra se ha torcido la vida y ha cantado con gritos y pastillas. Pastillas para no comer, pastillas para no reír, pastillas para el vértigo. Tienes que tomarte las pastillas. Tienes que tomarte las pastillas o vas a morirte, Andrea: tú eres el agua que recibe la efervescencia. La efervescencia del tiempo y de los ojos de los otros. Alejandra riega la comida, Andrea no come carne. Los gatos devoran a los pájaros, los pájaros no tienen jaula y nos encierran cuando se desmaya la noche. Nos pinchan. Nos calientan. Nos cocinan poco a poco, Alejandra, pero tú colocas postales sobre la cama, las enrollas en los hilos de la cama. Y Andrea ordena el gesto.
Alejandra canta, Andrea ensucia los poemas. Un alambre recorre las muñecas, los tobillos, el sexo. Un alambre ata la muñeca y el tobillo y el sexo de las niñas rotas y va de la vida a la muerte, de la muerte a la vida, del gato al corazón del pájaro. Por qué te moriste, Alejandra. Por qué la dejaste aquí entre las lámparas de celo y el césped enfermo. Andrea lee Alejandra: Andrea coge el tren hacia el infierno y el infierno es un papel, y el infierno son los dedos roncos de los árboles roncos. Mírame: soy de llanto. Mírame: soy de pastillas, soy de clínica, soy de depresión y no hay espacio aquí para tus cataratas lárgate a otra parte incúbate en la cama sofoca tus temblores cállate ya.
Me gustaría convertirme en un espejo.
Yo te conozco, mujer: tú crujes cuando corres y lloras cuando los demás no sienten. Tú miras el espacio como miras el sonido. Yo te conozco. He vertido para ti un estanque. Quiero que bucees, y si no escápate. No tenemos jaula. Alejandra. Imagina la muerte de Alejandra, la soledad moribunda de huecos, la soledad llena de cráteres y seca, seca, Andrea. Tú desciendes la ciudad en bicicleta. Tú estás atada a las flores que se abren para cerrarse.
Alejandra: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría huirla de los techos y los parques. Querría quitarle las uñas de los pájaros.
Andrea: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría que fueras tú.
miércoles, 6 de abril de 2016
***
Aida no reconozco mi nombre cuando enciendo la pantalla del ordenador. Aida no reconozco mis manos cuando las veo sostener un cigarrillo, Aida no entiendo lo que pienso si me hundo como los peces como las algas en el agua de las habitaciones limpias. Aida no me conozco cuando respiras así. ¿Qué es esto?, Aida, Aida, yo me he curado como las madres curan a los niños. Con ternura y besos y mentiras. Aida he podido dormir todas las noches y he podido reír todas las veces porque soy mi propia madre. Aida no reconozco a tus amigos ni tu cama ni tus manos cuando bajan a mi shhh. Aida supura: Aida supura muerte y tristeza y pregúntale por qué no reconoce mi nombre cuando los documentos dicen CÁLLATE. Aida silencio, Aida respira. ¿Qué pasa, eh? No pasa nada. Aida por qué carajo no me quieres. Aida por qué carajo no me ves. Aida por qué no has vuelto. Aida mi nombre esconde Aida el miedo Aida tristeza Aida cállate Aida vuelve Aida no Aida.
miércoles, 30 de marzo de 2016
p a d r e
padre: me he subido a las paredes de tu casa para mirar las piedras del cielo. tu corazón es un guijarro triste, y yo sé que los corazones pueden volar. los hay en forma de paloma y en forma de pato. el mío es un pato, padre, porque hace mucho ruido y quiere que el agua tiemble. el tuyo es una paloma porque me asusta y se muere en los rincones (hay que sacarlo con un rascador, hay que dejar que se pudra hasta los huesos, hay que matarlo). padre: be a body. quiero decir que me perdones. todas esas bocas todas esas lenguas me pueblan los dedos. todas esas manos todas esas piernas me doblan los ojos. aquí hay una antena a la que llegan señales *y no encuentro tu corazón*. por qué se encierra el cielo. por qué no lo veo volar como los globos que se sueltan de los niños o como las lágrimas de los niños que se sueltan de los globos.
padre: es necesario que vea cómo el guijarro sobrevuela tu casa y mi nuca y mi pato ruidoso, necesito que no puedas ver cómo la piedra choca con siete edificios por gota, quiero que retuerzas los bloques con las uñas más largas de tus pies. no tengo estrella, no tengo hijos, solo tengo las paredes y cuac cuac cuac. plumas, piedras, muerte. ¿sabes que si me caigo, papá, voy a morirme? ¿sabes que mi cabeza (paloma) va a chocarse con la acera y voy a desangrarme y vas a tener que enterrarme? vas a tener que llorar, padre, cuando me arrastren por debajo de la tierra y tus piedras me pisen con las lenguas. soy paloma porque moriré atravesada por el dolor del suelo y nadie se dará cuenta hasta que huela a culpa. be a body. si me quieres, be a body. si me quieres, busca tú el corazón paloma entre el cuerpo partido de mi madre.
padre: como no me estás oyendo, voy a soltarme. cuac cuac cuac.
lunes, 28 de marzo de 2016
41
Y tu casa, y mi casa, y estas manos. ¿Qué hago con ellas ahora? Si miro al cielo (siempre que miro al cielo) me duelen los hombros. Tengo como omóplatos dos piezas de puzzle. Coleccionar las esquinas de mis hombros es reunir mi vida. Verás: tengo acumulados los abandonos y me duelen las costillas. De torcerme. De respirar. Una vez me toqué tantas veces que después me dolía respirar (y era tan dulce). Tengo sombras escritas en los muslos. He tecleado mi historia sobre la piel. Los ojos se cuelan por las rendijas y quieren leerla, descifrarla, enterarse. Yo no quiero decir nada. No hay palabras, no hay nada cierto, y eso no quiere decir que sea mentira. Que yo sea mentira. Si miro al cielo (siempre que miro al cielo) me duelen los secretos. Hay algo en mi anatomía que me delata. Hay heridas y curvas y desastres que explotan sin que pueda cubrirme. No te escondas, Aida. La vida es quitarse la máscara. La vida es juntar las piezas de puzzle. Y no pudes hacerlo sin romperte. El cielo es peso.
agua sin agua
dónde estás
de qué color es la tarde
con qué señales me dices que me vaya
no sé qué piensas de mí
soy el cielo cubierto de babas
tengo los brazos estirados al azar
me pregunto
dónde acabas esta noche
si llegas a mí desde los lados
de tu cuadro médico
no sé qué piensas de ti y es cierto:
recorro tu espalda
con mi dedo de tierra
soy el mar techado con cristales
botellas cartas sálvame
no sueño con nubes empapadas
ni comprendo
tus carreras marinas hacia mí
tus huidas terrestres hacia el mundo
soy agua
me levanto con la luna y respiro
el aire tornado grito de los dientes
no sé qué piensas de mí pero
te he dormido
como se duerme a los peces luminiscentes
dónde estás
de qué color es el agua
por qué se te secan los ojos
cómo se ve el cielo desde el mar
sábado, 26 de marzo de 2016
88
coca cola ron cerveza vino bocas dientes amor: la progresión de la vida el útero las cuentas el camino sabes el camino primero te lo bebes todo sonríes hasta casi morirte y cuando llegues a la esquina escúchame bien cuando llegues quítate la ropa - espera bien espera a que te toquen deja que te palpen disfruta de sus manos debajo de los pechos sujetando revisando estrujando eres una esponja no mereces nada solo el agua que vierten sobre ti tú la absorbes y si andas la chorreas no eres nada más no eres más que el agua en el suelo un charco con tu vida un charco con tus ojos un charco con tu inteligencia ya no importan las condiciones hemos roto todos los contratos estás sola: solo tienes que dejar que te toquen coca cola ron cerveza y aspirar el agua con la boca vino bocas dientes vas a seguir así vas a seguir hasta que los lácteos dejen de dar miedo *amor* dicen el amor te salvará dicen las canciones es la cura para todo pero quién te salva del amor que esparcen sus ojos quién te cura del tajo que procrean sus braguetas no hay nadie nadie nadie eres una loca no quieres amor no quieres sexo te duelen los costados no miras a nadie ¿no miras a nadie? la belleza tiene trampa
hoy vamos a tratar tu miedo - siéntate y espera puedes hacer una pausa solo porque has vomitado qué te pasa y por qué te pasa coca cola ron cerveza tienes que unirte a la cadena vino bocas dientes ellos son los que te quieren ellos son los que te buscan ellos son los que te entienden ábrete eres casa ábrete eres suya ese hueco sirve para esa mano sirve para esa boca sirve para
son*las*normas
vino cerveza vino cerveza ron coca cola tengo miedo bocas dientes amor pánico a las manos miedo he vomitado me dan asco quiero salir de la caja romper la caja comerme la caja necesito aire ÁBRETE necesito tiempo MÓJATE necesito espacio MUÉVETE tengo sangre en las costillas
respira mujer respira
no dijiste nada
jueves, 3 de marzo de 2016
hola
no sé qué hacer contigo te tengo clavada i put a spell on you: palabras palabras palabras lo que me gusta de ti es la palabra lo que me gusta de ti eres tú cuando te viertes por la boca como una jarra de agua helada fría como lo más frío del mundo que son tus manos tus ojos tu boca de agua mi voz canta cosas inservibles mi voz teje frases sin sentido pero sigo aquí tan sólida como las rocas que siento en el centro del estómago rocas que me atraen a la tierra rocas de gravedad infinita (como tú como tus dedos) todo me remite a todo me hace pensar que y sé que las cosas no explotan sé que no somos bombas no somos burbujas somos cuerpos con sangre con piel cuerpos con garras y heridas y a quién pertenece este tajo que tengo en el pecho a quién pertenece la sangre que me sale por los dos costados yo soy un escorzo de mí misma todos me miran siempre desde otro ángulo no soy la real porque no sé qué hacer contigo eres solo una excusa para mi tristeza no tengo a nadie que me cosa cuando me rompo por las costuras y este eje mío este terrible eje mío si algo se clava en la línea si algo me atraviesa para quedarse un rato no lo soporto no es cuestión de emociones es un tema físico: demasiado fino una línea de puntos romper aquí y me caigo y me desdoblo y no sé qué hacer contigo
jueves, 25 de febrero de 2016
carta a jc
De nuevo te escribo, de nuevo me arranco las tripas y las esparzo sobre este papel quemado. ¿Las ves, ves cómo se tuercen y lo llenan todo de sangre? Porque yo soy sangre. Hay días en que no lo noto. Otros, sin embargo, sangro. Por la boca. Por los ojos. Por la vagina. Estoy llena de cosas, y a veces las cosas se salen de mí porque ya no quieren estar conmigo o porque quieren que me vea, ¿comprendes?, que vea que no soy solo esta piel que me cubre cruelmente y me aleja de. Tengo ganas de cortarme el pelo al cero y raparme las cejas y arrancarme las pestañas. La piel a jirones, Julio, como quitar un pellejo de los labios y acabar llevándote a cambio un trozo enorme, inmenso. Una vez, cuando iba al colegio, mi vecino me contó que se había quitado un trozo de piel del dedo y había acabado arrastrándola toda y había tirado una copia (transparente) de su cuerpo a la basura. Me pareció una historia fascinante, me la creí y quise rebuscar en el contenedor para ver si era cierto. No me hizo falta: esas cosas, amigo mío, son ciertas de algún modo. Como es cierto el humo de los cigarrillos de Rayuela, como es cierto el cuerpo anudado de la Maga y la locura de Horacio, la locura, la insana y brillante locura de Oliveira después de enderezar todos*los*clavos.
Y la locura, Julio. ¿Yo estoy loca? Es decir, ¿yo tengo dentro lo que tenía Horacio, lo que le condujo a un hospital y la ventana y encontrar a la Maga en todas las esquinas? Algo que se lleva dentro. Todo lo que somos es consecuencia de lo que somos, a su vez, en el centro, en el fondo de todos los fondos. No es ningún pozo. Es el estómago. Dime: ¿me va a tocar pintar enanitos como Nicole, desenterrar los colores ancentrales de los enanitos y acabar con un diccionario ilustrado, o voy a desear que Marrast me arranque la piel sobre la mesa? ¿Voy a amar a Hélène, no es cierto que ya he amado a Hélène, que todos tenemos una Hélène y no tanto una Maga porque yo soy, en realidad, la Maga? Bisbis bisbis. ¿Celia? No soy tan tonta. ¿Horacio? ¿Puedo volverme loca? ¿No es cierto que ya me he caído, que tenía un límite y lo he pasado y me he visto mejor fuera, mejor en el fondo de la zanja? Porque en el fondo, querido, había un camino. Y por ese camino se llegaba al mundo. Mi madre me lo dijo una vez: y qué pasa si rompes tus propios límites. Y qué pasa, mi niña, si tú vas cambiando con la vida. Y qué pasa, mi niña, si la piedra es de piedra y tú eres de carne.
Algún día veré cómo se acaban las cosas. Desde el borde de algo. Y saltaré. Sin tablas entre ventanas (inestables, falsos puentes), sin colchones. Saltaré y me caeré en lo que haya, un vuelo arriesgado, un vuelco a las cosas. No sé lo que pasará, y además soy consciente de que no lo voy a encontrar en las páginas de ningún libro. Aunque los libros sean mi vida, aunque sean mi casa y mi estrella. Todos*los*clavos. ¿Cuál es la utilidad de enderezarlos, eh? ¿Qué pasa, eh? Quiero vivir, ¿sabes? Verlo todo, sentirlo todo, serlo todo. Encontrar la grandeza y la pequeñez de todas las cosas. Hay días en que no tengo fuerzas (cuando no se me ve la sangre, o cuando se me ve, no estoy del todo segura), pero a veces, a veces me ahogo por dentro porque tengo demasiadas cosas. Me podría ahogar, podría naufragar en un vaso de agua. Pero lo bueno, Julito, es que también podría nadarlo.
Decido. Decido. Decido.
¿Enderezo los clavos o los tuerzo? ¿Sangro o me recojo?
Las tripas, Julio, están aquí, sobre este papel ausente. El estómago es la vida. Los ovarios son la vida. El útero es la vida y yo soy la vida. La vida es la Maga que se contempla en el espejo y se recoge los pechos con las manos. Su cuerpo desnudo, querido Horacio, querido Julio, eso es la vida, y mi vecino arrancándose toda la piel del cuerpo. Vivo en los libros y los libros existen, y la Maga existe, y existe Hélène, mi Hélène querida que ha sido otra Hélène y que existirá siempre (porque su sombra es más densa que las demás, y más fría). Qué cruel esta piel que me cubre y no me deja enseñar lo que tengo. Qué ganas de morderla. ¿Para eso sirve la desnudez? ¿Para estar más cerca, más cerca, siempre con una barrera finísima pero más*cerca*que*nunca?
Necesito leer. Necesito encerrarme en las palabras. Necesito existir. Necesito sangrar. Necesito escribirte.
martes, 23 de febrero de 2016
breve informe sobre mí
Martes 14:58 Aida es descubierta poniendo la misma cara que tú cuando mirabas al vacío. Aida se descubre poniendo la misma cara que tú y la expresión dura dos segundos. Encoge los puños (después) porque había pegado los labios (antes) y había estirado las comisuras (siempre). 15:01 Se da cuenta, Aida, de que repentinamente te entiende y se ha visto detrás de tu rostro cuando mirabas como si y sentías como que. "Me encanta tu cara de 'podría destrozarte con una palabra", cree que una vez te lo dijo, que te lo dijo y no le hiciste caso pero volviste a apretar la boca. 15:02 Aida estaba equivocada. Lo sabe ahora. Piensa en ti, en ti y en dónde estarás ahora y cómo tendrás los ojos y qué estarás mirando. Pero 15:03 tu expresión de mirar al vacío no era volar por encima de nadie, no era pasarte las cosas, no era nada bueno porque tú mirabas al vacío con la cara curvada como Aida 14:58 es descubierta. Descubierta después de no entender dos palabras (hoy no oye bien de un oído, apunte) y de morirse de vergüenza. Mira la pantalla con los ojos fijos y trata de esbozar una especie de. Y no es mirar por encima del micro y entrevistado en la esquina y habla, habla, yo podría hacer que te callaras para siempre. Aida es descubierta 15:06 derramándose una gota de café en la teta izquierda (es patosa, apunte) porque tú, porque ella, porque Aida cada vez se parece más a ti y se ha dado cuenta tarde mientras miraba con tu carita de vergüenza y ella pensaba que. Conclusiones anexas (de elaboración propia) que adjuntamos como muestra de respeto: si Aida ha tirado la gota de café, si Aida se ha quedado paralizada y se ha quemado la lengua (lo sabemos por la forma de arquear la mano izquierda), es porque se parece a ti solo por fuera. A ti desde ella solo, solo, solo por fuera. Piensa (lo sabemos por la forma de levantar las cejas): mi espejo solo muestra mi cara y no lo de dentro, den, tro. Cierto eco entre la frente y la coronilla. 15:09 Quizá no comprende que se siente exactamente como tú cuando ponías esas caras y que ella, Aida, solo puede conocerte ahora, desde sí misma. Que tú eres un pozo cerrado, inabarcable, aunque parezcas (lo sabemos por la voz) una caja abierta. Aida es descubierta poniendo la misma cara que tú cuando mirabas al vacío y Aida descubre que esa mirada no era de ti. Tú no existías y ella ahora. Ella ahora sí existe, es lo único que existe, es lo único fiable aunque se derrame café encima y esté un poco sorda y tenga pintadas solo las uñas de una mano. Aida (lo sabemos por el eje de la boca) se buscó en ti y ahora eres tú la que se encuentra en ella. 15:46 Todavía lo piensa, adiós, se marcha a casa, te arrastra por la calle (casi no pesas, apunte), anda patinando porque te tiene en los tobillos. Tú andas así, excepto porque sueles llevar tacones y mueves más las caderas y menos las manos. Hay un reflejo, sin embargo, en el borde del ojo. Aida es descubierta en el mismo escondite que tú.
Conclusión del informe: nada relevante. Un poco sorda de un oído.
Conclusión del informe: nada relevante. Un poco sorda de un oído.
domingo, 7 de febrero de 2016
muro
como no tenía casa, tuve que inventarme un muro. lo pensé grande, vigoroso, alto como las estrellas y los centros comerciales. lo mejor era que podía llevármelo conmigo. mi muro y yo íbamos juntos por la calle y nos refugiábamos en cualquier árbol, en cualquier banco de cualquier plaza (no necesariamente plazas con nombres de escritores). dormíamos juntos. vivíamos juntos. el muro era mi casa pero también mi amigo, mi compañero, mi otra mitad de la vida a mitades y mi confidente más leal: sabía que me daba miedo la calle, que me asustaban las manos de los hombres, que sentía un terror visceral a que me invadieran los huecos (bonita metáfora para decir que) alguna noche. me protegía. creo que me quería o que al menos no quería que me hicieran daño. que no quería que temblara en medio de las plazas y los barcos y las lunas. era el muro más dulce de todas las paredes de ladrillo. era el muro más bonito. lo llené de pintura y dibujos y besos para que los demás le tuvieran envidia. para que no lo tocaran, carajo, sin permiso.
no tenía casa.
viernes, 5 de febrero de 2016
cosas que
cuando me cuentas cosas que consideras defectos y lo haces como si fuera una revelación y yo te miro y no las puedo ver más bonitas y no puedo sentirte más grande y sé que todo en la vida debería ser una confesión con nombre al final
sábado, 30 de enero de 2016
conversación
Hace mucho tiempo que no me enfrento a mí misma. Escribir es responderme, muchas veces, pero hay días en que escribir es solo preguntar. Preguntar, preguntar como una loca, preguntas brotándome de los poros y de los ojos y de la boca. Y si hay silencio, si no hay ruido, también pregunto: me pregunto con la sangre y con las vísceras y con los dientes. Me muerdo para preguntarme. Me duelo para preguntarme. En la calle hay diez señoras, un grupo de señoras, que me miran como si estuviese loca: llevo unos pantalones rojos, caídos y tristes, y una camiseta pegada al miedo. ¿De qué tengo miedo, Aida? ¿Qué me asusta? Me asusto. Tengo toda la razón: me asusto. Cuando salto de los ojos hacia el suelo y me estrello. Me estrello, exploto, lleno de mí la calzada y los pies de los que pasan. ¿Paseas apaciblemente, transeúnte? Llévate un pedacito de este cuerpo roto, tocado, deshecho. Llévate un pedacito del fantasma que me escupe dentro, que me hace subir el vapor hasta los ojos. Que me entierra. Aida, no entiendes bien lo que pasa. Aida, has soñado algo horrible.
Sí, es cierto. He soñado que aceptaba las cosas malas. He soñado que había pasado algo distinto porque yo había sido distinta y había cedido, y me había doblado como una vara de hierro. Los clavos torcidos. No: me había quedado recta, lo había dejado estar, no me había hecho curva. Soy la curva. Soy el clavo que tiende a la izquierda, que ya no espera que nadie lo enderece. Lo derecho es el peligro. Lo recto es la muerte. Muerte de mis manos, de mis dedos, muerte de mis ojos llorosos y mis dientes de sonrisa que muerden, muerden el aire y lo hacen y me duelo, Aida, me dueles en el centro del estómago.
¿Qué te pasa? Nada, Aidita. Es la vida. No es nada, pero has soñado algo horrible. Has soñado que decías que sí. ¿No lo entiendes? Que decías que sí. Todos los sueños son una reconstrucción de imágenes que hemos visto. Que hemos construido a partir de fragmentos y trocitos de lo que hemos vivido. Es así, no hay otra vuelta. Has construido un sueño horrible a partir de qué. A partir de todo. Has cogido una imagen vivida (por desgracia, cariño mío) y la has hecho trizas. Y las voces. Agarraste las voces ocultas en tu cráneo, guardadas en el cajón de lo inútil, de lo que no se enseña, de lo que no se toca. Aguja e hilo para el sueño. Has soñado algo tan horrible.
No era horrible. Sí era horrible. No era horrible. No había dolor. Pero era horrible. Coincidimos: era peor. Era peor un sí que un no, era peor porque no tenías derecho a decir que sí y sí tenías derecho a decir que no aunque a todos los efectos aquel no fuera tomado como un sí. Como un no inválido. Como un no injusto. ¿Por qué? ¿Para qué?
Para eso. Solías mirarte al espejo con rabia. Solías mirarte y decirte eres imbécil y decirte no lo cuentes nunca. Después empezaste a tener curiosidad. ¿Quién soy? Aida, ya sabes lo que eres. Aida, no puedes esconderte de mí. De ti. Aunque saques los pedazos con el humo y los veas bailar y fundirse y ser otros y ser tú. Hace mucho tiempo que no te enfrentas a ti misma. No te gusta lo que puedes decirte. Sí te gusta, a la vez, yo lo sé. Te gusta porque vas a dejarlo ir, no te gusta porque no te ves con derecho a perdonar. Esto no es mío. Esto es del mundo. Perdonar significa decir que no importa, y decir que no importa es una falta de respeto para todas las que lloran y se retuercen los pies y se mecen en un campo sin raíces. Lo sabes tan bien, lo entiendes tanto. No te creas: también te duele por ti. Porque solías mirarte con rabia. Porque sabes lo que sentiste cuando pasó y cuando soñaste algo horrible.
¿Cómo puede dolerte todavía? Pues me duele. ¿Cómo puedes sentirlo todavía? Pues lo siento. Encima. Como un bloque de hormigón. Presionando y respirando y haciéndome daño. ¿Cómo quieres que perdone, cómo quieres que perdone lo que sigue ahí? A ti ya te he perdonado, Aida, lo sabes bien y por eso puedes mirarme y darme besos y saber de mí. Si no fuera así, créeme, seríamos dos y viviríamos aisladas y nos caeríamos cada una por su lado en el borde de la acera. Confío en ti. Hace mucho que no nos enfrentamos, pero confío. ¿Cómo puedes confiar? ¿Cómo puedes pensar que? Lo que pasa es que has soñado algo tan horrible.
No se lo contaré a nadie. No importa. Son fragmentos vividos: se quedan en secreto. Eso te pregunto. Si quieres. Si prefieres. Porque es tan horrible. Y no van a entenderlo. No como yo, niña loca. No como yo. Yo sí que te sé. Yo sí que lo sé todo.
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m u j e r e s
no necesito permiso
para doblar el horizonte
no necesito permiso
para estrechar la tierra
no necesito permiso
para volar con las orejas
no necesito permiso
para hacer siluetas de humo
con el borde de mi boca
aros
estrellas
mujeres
no necesito permiso
para amar un cuerpo espejo
no necesito permiso
para amar mi cuerpo
no necesito permiso
para tocar debajo de la tela y
pensar que quiero que
y
no necesito permiso
para levantar la voz hacia los árboles
cantar una canción de cuna
para mí
no necesito permiso
para quererme
y mecerme a mí misma con las manos
y darme consuelo
pobre niña pobre mujer
no necesito permiso
para mí
ni para ellas:
nos protegen las raíces
de los pinos milenarios
y nos dicen vengan
y nos dicen prueben
y nos dicen
mejor si no hay permiso
espuma
cómo elevas la espuma de los ojos
hasta el cielo raso y reposas con los dedos
en mi cuerpo vértebra
en mi cuerpo rabadilla
tienes
en el centro
un color de ciegos
me convierto en polvo de polvo
voltaje de tus dientes
niña-fiera
lo que miras se diluye
cómo atraes el agua hacia mi cuerpo
haces ondas haces lluvias de tristeza
¿me entiendes?
siempre dudas conmigo
tras la máscara de mi cara y
cómo explotas la boca con mi boca rota
¿no ves que sufro y lloro despacio
porque el agua de los lagos
me sabe a ti?
cómo haces
esto así
conmigo
miércoles, 27 de enero de 2016
sombras que vuelan hacia mi cuarto
algunas veces me pregunto qué y algunas veces me pregunto cómo - algunas veces floto por encima y algunas veces me sumerjo hasta la curva - eres una gota que gotea que recorre mi cuello y yo digo qué y yo digo cómo y después - después los cielos se hacen polvo después la estrella se hace esquina de me callo de te pido de soy sangre - tú respondes - tú qué eres cómo eres - cruel infinita mezquina - tenían razón - tiras de mí como de los - espejos rotos puzzles de ti - no soy tú no soy tus dedos no soy una extremidad con la que tocas vuelas riegas - los suelos que piso sin - tu boca de mar tu boca de ruinas tu boca de columna - me has enseñado - una herida que tengo - al fondo al fondo a la derecha - no: me has hecho - una herida que tengo - desde que dijiste qué dijiste cómo - qué quieres - me has roto - instrucciones: no romper - instrucciones: no mojar - instrucciones: no ingerir - explicarte es decirte sí
domingo, 24 de enero de 2016
esbozo de (i got the blues, rolling stones)
Soy la niña más triste de la casa de mi casa. Los pies me lloran de dolor: llevo botas agarrotadas a las botas de mis piernas largas de niña alta y triste. Crezco con un corsé metálico que me abrocho con botones - crezco como las palmeras atadas a las tablas porque soy la niña más triste del océano atlántico. Vivo en una isla triste y lamo el mar triste que sabe a sal y a tierra y a lágrimas. Te prometo que he llorado mil veces por paso. Tengo mil tarros de agua escondidos debajo de la cama (cualquier niña triste, y sobre todo yo, que soy la más triste, sabe el número de gotas que caben bajo el suelo). No me visto de negro. Me visto de azul como los cielos como los lagos como mi ropa. Tengo los dientes azules y los labios azules y el sexo azul y estrecho. I got the blues.
El blues no es la música que gira en los discos. El blues es carcoma, un virus puntiagudo, el blues son mis ojos batallando la casa mi casa húmeda. I got the blues. Y los chicos se relamen con mi pelo. Y me huele a flores. Y las chicas me tienen tirria y envidia y me pegan chicles a la silla para que mi sexo azul grite y se ensanche y sea más rudo. Algunas me quieren: les duele verme así.
Si me quemo, apago las quemaduras con la lluvia de mis ojos. Si quisiera suicidarme (créeme: querré), solo tendría que vaciar los tarros en el suelo. Hacerme una piscina de dolor. Para nadar. Llevo cinco años en natación, llevo cinco años ensayando mi muerte. Empecé a existir flotando y voy a morirme igual. He llorado todo el líquido amniótico que me daban las apuestas (es tan triste tener un útero, es tan triste menstruar para nada). Si quisiera suicidarme, primero pasaría diez horas en la cama. Love is a bed full of blues.
jueves, 7 de enero de 2016
nota a (introducir aletas)
"Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo"
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo"
(Cristina Peri Rossi)
Para un pez, de nuevo. Lenguaje. No conozco buenos poetas franceses (lo confieso) y no he leído a Virginia Woolf, pero mi lenguaje es mi lengua que tiembla nerviosa cuando me salgo de amor por los costados. Tú vas más despacio, quizá porque sabes más que yo de rascacielos que todavía no he construido. Yo no me asusto. Es lo que tenía que haber dicho aquel día, pero lo he tirado al pozo de mi estómago. Y tú piensas en convocarme. No, mentira: y tú piensas en lo que pasaría si ya me hubieras convocado y me hubieras asido por las vértebras y me hubieras llevado con los labios cerrados hasta la esquina de tu barrio. ¿Te asustas? Yo, repito, no me asusto. Solo pienso. Escucho, leo y pienso. Debajo de las mantas. Estoy estropeando el poema. Vivo estropeando el poema. Pero un poema estropeado, amor. Un poema hecho hebras y migas y estrellas.
Por alguna razón, sé que me acordaré de ti durante mucho tiempo.
Y mira que me gustabas. Y mira que eras la palabra que tenía clavada en los tobillos.
Corto y cambio.
(La vida es siempre unilateral, querida niña rota)
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